Cinemanía

"The Mandalorian and Grogu": la falta de ambición es su problema

“Star Wars: The Mandalorian and Grogu” intenta actualizar y refrescar el universo de Star Wars tras siete años de ausencia de la pantalla grande. Pero la cinta es mucho más un largo capítulo de la recordada serie y carece de emotividad, emoción y hasta interés en medio de una larguísima trama sin sentido

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“Star Wars: The Mandalorian and Grogu” de Jon Favreau sabe de dónde proviene y hacia dónde va. Desde sus primeras escenas está muy consciente de que pertenece a un universo mayor que necesita desesperadamente volver a ser relevante. Solo que esta aventura de Din Djarin (de nuevo Pedro Pascal) y su hijo adoptivo Grogu es insípida y en sus peores momentos, confusa y tediosa. Una combinación complicada que el guion que firma el mismo Favreau junto a Dave Filoni y Noah Kloor no logra resolver.

Lo preocupante es que esta nueva cinta parece ser parte de la serie de errores que se han cometido en los últimos años con la franquicia. Después de todo, han pasado casi dos décadas desde que George Lucas dirigió su última película ambientada en esa galaxia muy, muy lejana y entregó su patrimonio intelectual a Disney sin mirar atrás. Desde entonces, el universo Star Wars ha sido territorio de experimentos, tropiezos y algún que otro milagro. “The Mandalorian and Grogu”, con toda la fanfarria que merece un debut cinematográfico de dos de los personajes más queridos de los últimos tiempos en la franquicia, tenía todo para asombrar.

Pero además, para inyectar un nuevo sentido de la maravilla y de la aventura a una saga que no la ha tenido todas consigo. De la prescindible trilogía de secuelas, pasando por el fracaso de “The Acolyte”, “El libro de Boba Fett”, “Obi-Wan Kenobi” y el relativo éxito de “Ashoka”. Para llegar a la sobria, inteligente, pero muy lejos del espíritu de la franquicia “Andor”. Lo cierto es que la saga ha dado golpes de efecto de aquí para allá buscando un resurgir que solo pareció llegar con “The Mandalorian”, la primera serie live-action de Star Wars y la que recuperó el sentido total del western galáctico del universo imaginado por Lucas.

Sin embargo, la película tiene mucho de capítulo extendido de la tercera temporada de la serie, de la que hereda todos sus problemas, baches y problemas de ritmo. La cinta va de un lado a otro, con Mando y Grogu siendo adorables, divertidos y entrañables. Pero que sin que la película aproveche ese carisma o saque provecho a la historia. Una hora después de comenzar “Star Wars: The Mandalorian and Grogu” se convierte en una combinación sin alma de clichés, atornillados en una trama absurda y desordenada. Mucho peor, que es tan prescindible como para ser parte de un intento frustrado de convertir a la cinta en un puente entre la herencia de la saga y el futuro.

Lo bueno de “Star Wars: The Mandalorian and Grogu”

Por supuesto, no todo es malo. La secuencia de apertura es un prodigio de acción y ejecución que recuerda la ya icónica primera temporada de la serie y lo hace por una razón: es puro entretenimiento real, una aventura a todo tren que además rescata el espíritu adorable, frenético y vital de Star Wars. Din Djarin arrasa con stormtroopers con una energía digna de las sagas de acción contemporáneas y lo hace con una habilidad que recuerda que este personaje discreto y de pocas palabras es en realidad un héroe de acción.Se trata además de un combate filmado desde la perspectiva de un droide ratón que resulta genuinamente ingenioso.

Ludwig Göransson vuelve a demostrar por qué su banda sonora es uno de los activos más valiosos de esta era de la franquicia. Pero toda esa energía parece desaparecer apenas la película intenta contar su historia, que es en realidad solo una travesía cápsula de padre e hijo a través de la galaxia para que Din Djarin pueda mostrar todas sus habilidades. El problema central de “Star Wars: The Mandalorian and Grogu” es su falta de ambición y su timidez narrativa disfrazada de acción constante que no lleva a ninguna parte.

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Rotta the Hutt

El guion, además, tiene todo tipo de problemas (incoherencias, blanduras, puntos blancos inexplicables), pero además sufre del mal de las más recientes producciones de grandes sagas: la ineptitud de la sobreexplicación. Cada personaje habla como si el público acabara de llegar de otra galaxia sin ningún contexto sobre la franquicia. Los diálogos son funcionales de una manera que resulta casi clínica: no hay una sola línea memorable, no hay un intercambio que provoque emoción o risa genuina. Todo está escrito para ser recitado e informar a la posible audiencia de lo que debe saber sobre el dúo protagonista (y sus aventuras), sin apenas un atisbo de imaginación.

Peor aún es la presentación de los nuevos personajes. Un punto especialmente doloroso es el debut de la Coronel Ward (Sigourney Weaver), que en lo que debería ser una aparición estelar para un icono absoluto de la ciencia ficción, queda reducida a entregar resúmenes de diversas misiones.

Por su lado, Djarin, nunca ha parecido tan vacío de arco dramático. El héroe, que hasta la temporada dos de la serie fue una combinación de conmovedora sensibilidad y misterio, llega a la pantalla grande como un guerrero sin mayor profundidad que ser dos cosas a la vez: padre y cazarrecompensas. Y ninguna lo hace especialmente bien.

En particular, su tan celebrada relación con Grogu, que debería ser el corazón emocional del film, dejó de ser relevante y ahora es una línea de clichés que decepcionan por traicionar todo lo que hizo a “The Mandalorian” interesante para comenzar. Es evidente que Grogu es una excusa para tapar agujeros de guion o unir las piezas desordenadas del argumento. La recordada relación de padre e hijo entre el mandaloriano y su pequeño protegido, queda convertida en una curiosidad plana en pantalla.

Rotta, Embo y los Hutt: nuevos y viejos personajes

Entre los personajes secundarios hay sorpresas y decepciones en proporciones similares. Rotta (Jeremy Allen White) resulta ser una de las incorporaciones más inesperadamente interesantes: su tiempo en pantalla supera con creces las expectativas y ofrece una perspectiva distinta sobre los Hutt. Pero, por el contrario, hay mucho espacio narrativo desperdiciado. Zeb (Steve Blum), favorito de los seguidores de “Star Wars Rebels”, aparece brevemente y desaparece sin que el guion aproveche ninguna de sus posibilidades. La misma suerte corre la Coronel Ward: Weaver merece mejor trato.

Embo, icono de “Star Wars: The Clone Wars”, sí aporta algo concreto: un enfrentamiento físico que le da a Djarin un rival a la altura. Es uno de los pocos momentos donde la película recupera el pulso.

Los antagonistas imperiales, en cambio, son tan genéricos que resulta difícil recordar sus nombres al salir de la sala. Para una saga que ha producido a Darth Vader, el Gran Inquisidor o el propio Moff Gideon (Giancarlo Esposito, cuya sombra planea sobre todo el film), esto no es un detalle menor, sino un problema estructural que lastra la película de muchas maneras distintas.

Lo que se lamenta de “Star Wars: The Mandalorian and Grogu” es su intrascendencia. Para una franquicia que ha demostrado ser capaz de producir obras tan distintas y poderosas como “Rogue One” o “Andor”, conformarse con lo básico resulta casi más decepcionante que fracasar con ambición. Que es precisamente el problema de esta cinta olvidable, destinada a convertirse en contenido de Disney+ y que pasará a la historia de sin pena ni gloria.

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