La Vero Gómez: “Digo lo que a las mujeres les da pena decir”
El 20 de mayo La Vero Gómez arranca en Berlín la gira europea de su show "Fértil", una buena excusa para hablar con ella sobre hacer comedia acerca de la fertilidad, ser camionera y ser princesa y enterarnos de los milagros de La Virgen de la Leche
La Vero Gómez, es sabido, no cree en eso de tener pelos en la lengua. En el escenario dice lo que quiere, cuándo quiere y cómo quiere. Y así le gusta a su público. No importa si el tópico es sexualidad, salud mental o cualquier tabú que escandalizaría a tus tías. Si el tema es cómico, vale para el stand up.
“Creo que entre más me decían ‘las mujeres no pueden hablar de eso’, o ‘las mujeres tienen que ser unas princesas’, o ‘las mujeres no pueden decir groserías ni hablar de sexo’, más quería hacerlo”.
Ahora su show “Fértil” vuelve a girar. Con él, La Vero ha viajado por diversas ciudades de Estados Unidos y varios países latinoamericanos para hablar de nuevo de lo que poco se habla, esta vez con un toque más personal: la fertilidad a los 40 años. Lleno de humor sobre un proceso complejo, la rutina gira en torno a su difícil experiencia en el intento por quedar embarazada.
– ¿Crees que con este tema de la fertilidad a los 40 estás ayudando a mujeres a enfrentarlo mejor? ¿Qué te inspiró a tocarlo de esta forma cómica?
– Trato de abordar todos los temas -incluso los más sensibles, delicados o vulnerables- desde la comedia. Es mi manera de escribir mi historia. La verdad es que en algún momento de este proceso que puede ser frustrante, doloroso y largo (porque si hay algo que no podemos controlar los seres humanos es la fertilidad), me di cuenta de que cuando estrené el show venían muchas parejas que estaban pasando por procesos de fertilidad.
La fertilidad es un tema tabú. Todo el mundo te va a contar cuando está embarazado o cuando tuvo un bebé, pero nadie te va a contar todo lo que tuvo que pasar para llegar a ese momento. Hay parejas que sin planearlo quedan embarazadas, pero hay muchas que pasaron por este proceso de fertilidad. Como te digo, son procesos dolorosos, duros, pasas por unos cambios físicos burda de heavies y un desbalance hormonal. Pero también había cosas de ese proceso que resultaban comiquísimas.
Entonces, empecé a escribir y lo primero que vino a mi cabeza fue el título. El año pasado mi vida giró en torno a la fertilidad y a ser mamá. Luego, cuando estrené el show y había pasado todos los procesos de fertilidad y no habíamos quedado embarazados, yo dije “ya no quiero hacer este show, no quiero meterle energía que no es mía ni de mi pareja a este show. No quiero contar esto”. Cuando lo empecé a escribir, pensé que iba a terminar con un ecosonograma, con una buena noticia. Y cuando no pasó fue como “fuck, ahora me tengo que exponer ahí en el escenario”. Y tenía gente que se preguntaba qué iba a pasar, pero fue bonito. Tenía gente que se ponía a llorar cuando terminaba, que se reía porque se identificaba con el proceso. Fue bonito ponerlo ahí, en el universo.
– ¿Crees que tu comedia es mejor cuando es así de íntima o las historias puramente cómicas tienen su mérito?
– Ojo: esto es bien íntimo, pero es bien cómico. Aquí no existe esa comedia que te hace reflexionar sin reírte. Mi forma de escribir comedia es que la gente de principio a fin se vaya a reír y que salga doliéndole la barriga de tanto reírse. Mi comedia siempre ha sido muy personal, desde lo más sencillo hasta lo más al fondo de mi corazón.
– Échame el cuento más loco que tuviste en ese viaje de la fertilidad…
– Bueno… no hay mucha locura, la verdad es que es un proceso muy científico, muy médico. Sí me di cuenta de que tenía embarazos psicológicos raros. Soy demasiado como un perro. Te juro que yo pensaba cuando estaba ovulando: “ya tengo náuseas: hora de guardar el nombre de mi bebé. Tengo todos los síntomas”. Y cuando me venía la regla decía “no vale, ¿qué es esto? Es imposible”.
Creo que todas las mujeres tenemos una ignorancia o conocimiento básico de este tema en el que pensamos que es dos más dos. La fórmula es “dejo de cuidarme, empiezo a tener sexo sin protección y listo. Voy a quedar embarazada porque sí, porque toda la vida nos estamos cuidando para protegernos de eso”. Pero sí, con los embarazos psicológicos me sentía un golden.
– ¿Qué has aprendido a través de “Fértil”? ¿Los testimonios y las reacciones de tu público han hecho que te sientas menos sola en este viaje?
– Muchos me han dicho que pasaron por esos procesos largos y frustrantes, y que tienen sus bebés ahora. Creo que eso ha sido lo más bonito, que la gente se acerca… Ahorita, tengo un altar de cosas que me ha regalado la gente. Todo el mundo tiene una virgen distinta que te embaraza, un santo distinto que te embaraza. Todo el mundo tiene un remedio casero que te embaraza.
Entonces, esa parte sí ha sido muy bonita, aunque en un momento del show les digo “gracias por toda su atención, pero no quiero recibir demasiada información. Tengo mi equipo médico. Tengo toda la información que necesito”. Tampoco quiero que todo el mundo me cuente su historia y me digan cosas que lo que van a hacer es ponerme a pensar.
Otra cosa muy loca de este proceso es ver de primera mano la montaña rusa hormonal cuando te las estimulan. Yo en un momento podía ser un ángel y al minuto dos podía ser satanás. Heavy el tema de las hormonas. Además, me doy cuenta -yo digo que es misoginia- de que todo lo achacan a las mujeres, al final a quien le van a hacer más pruebas es a ti. Siempre la vieja eres tú. No importa si tu esposo tiene 50 o 60 años, pero si tú tienes 40 te dicen “¡uy, no! Ya estás muy vieja para quedar embarazada”. Es duro porque sientes un peso que cae en ti.
– El ADN del hombre también carga su peso...
– Claro, y también hay hombres infértiles. Hay hombres que tienen problemas para reproducirse. Pero en su mayoría la carga es de la mujer. Los exámenes más dolorosos son para la mujer.
– Dijiste que las personas del público te daban cosas, ¿hay algo de lo que te dieron que te resultó extraño?
– Los rezos. Me pareció loquísimo enterarme de que hay una Virgen de la Leche. Eso me pareció bien raro. De hecho, por ahí (en su casa) está la Virgen de la Leche. Pero sí, tiene hasta una iglesia en Estados Unidos, en Florida. La gente va y hace como unos nudos. Le ponen los nombres de su bebé que quieren que nazca… Y sí, hay una Virgen de la Leche.
– Se presta al doble sentido…
– ¡Sí! Es que yo decía “¿pero la leche de quién?”.
– ¿Cómo cambia el show original a medida que avanza la gira? ¿Vas añadiendo cosas a través del viaje o lo mantienes igual?
– Voy metiendo y sacando cosas, porque hay cosas que probaste y te gustan, sientes que funcionan, pero luego no son necesarias o no tan divertidas. Entonces, le vas restando esas cosas que no son tan palo a tu show y él va creciendo… Se va transformando en un monstruo más grande a medida que avanza la gira. Además, me pasa que yo hago mucho crowdworking -lo hago mucho en circuitos de comedia en bares- y había decidido no hacerlo. Hay muchas personas que vienen a ver esa interacción con el público. Entonces, ahí todos los días hay un show distinto, que viene de esa parte de interacción.
– Hablando del público, siempre cuentas que tu mamá y tu hermana son unas católicas rajadas, ¿qué opinaron de este show? ¿Se escandalizaron o están orgullosas de ti?
– Como ya tengo 15 años haciendo comedia, la parte donde se escandalizan pasó. Sí pienso en ellas cuando hago un chiste que es más fuerte, cuando son shows grandes. Si hago un lunes impopular en Pizpa sí me vuelvo una camionera sin pudor. Pero en mis shows siempre trato de pensar “ok, mis papás van a ver este show por lo menos dos veces, ¿soy capaz de hacer este chiste delante de mis papás o de mis suegros?”. Gracias a Dios, mi suegra no habla español y no tengo ese problema.
La verdad es que mis papás sí tienen sentido del humor, aunque sí son súper religiosos. De hecho, yo también. La gente no lo cree, pero soy súper religiosa.
– Ahí está José Gregorio Hernández…
– Está por todos lados en mi casa… Pero el show en realidad es precioso. Y mi mamá ha sido una gran parte de este proceso. Cuando te haces inseminaciones, tu marido tiene que ir literalmente a masturbarse en un cuartico. Y nosotros teníamos que ir a un laboratorio que quedaba muy cerca de la casa de mis papás, y mi mamá cada vez que Vicente tenía que ir y hacerse la paja, nos invitaba a desayunar después. Entonces, íbamos a buscar a Vicente, él salía y mi mamá estaba ahí. Se quedaba como “brother, ¿de verdad?”, y mi mamá le decía “¡Ay, Vicente! Yo sé que tú estabas haciendo el chuqui chuqui ese”. Mi mamá vivió todo ese proceso con nosotros. La verdad, es que yo ya tengo 42 años como para preocuparme si se escandaliza. Ese es su problema.
– ¿El nivel de incomodidad va bajando con el tiempo?
– Siempre estrenar delante de tus papás es como “no me hagas esto”. Pero no pasa nada, siempre van a estar orgullosos de mí. Mi mamá algunas veces sí me lanza “ojalá fueras como Laureano Márquez. Más decente, más politóloga”.
– ¿Eso de ser siempre abierta es parte de tu personalidad o es un objetivo que te propusiste como comediante?
– Yo siempre he sido así. Sí tengo un alter ego al que le sabe todo medio a ñoña dentro de la comedia. Creo que entre más me decían “las mujeres no pueden hablar de eso”, o “las mujeres tienen que ser unas princesas”, o “las mujeres no pueden decir groserías ni hablar de sexo”, más quería hacerlo. Lo que a las mujeres les da pena decir, yo lo digo. Ya está; esa es mi verdad. Sé que es la verdad de un montón de chamas. Entonces, ya lo dije. ¡Lo dije, y si me reposteas ese video yo sé que tú también lo querías decir y te daba pena!
También, ha crecido con la seguridad. Porque yo decía -esto lo hablé en terapia- “me da pena montar un video muy subido de tono en Instagram, que la gente vea eso”. Mi psicólogo me decía “tú puedes ser una princesa, una ama de casa, una esposa súper amorosa, una buena hija, una chama que va a misa todos los domingos…. Y también puedes ser esa camionera que se monta en un escenario. Puedes ser todas esas cosas, y al que no le guste, que se vaya”.
Fue bien sanador para mí reconocer que es verdad, que yo también soy esto y al que no le guste, pues que no consuma mi contenido. Tendrá un contenido más lindo, más decente, menos sexual, más recatado y listo.
– A través de ese proceso, ¿crees que has podido integrar todas esas partes de ti misma?
– Todavía me cuesta. A veces, suelto unas porquerías en el escenario que digo “¿por qué dije esto? ¿Dónde está toda la educación que me dieron mis papás? ¿Cómo no tengo un filtro entre pensar esa porquería y decirla?”.
– “¿Dónde está la niña Andes?”
– ¡Sí! ¡Dónde está la niña Andes! Pero lo acepto. A veces, censuro para el “en vivo” (de Instagram), aunque en la mayoría digo “ya está”.
– En el podcast «Chiste interno» dijiste que nunca te llegas a sentir completamente cómoda en tu rol de comediante, ¿cómo comparas a esta Vero con la que en 2017 nos dijo en UB que iba a ser la comediante “más arrecha del mundo”?
– (Ríe) Creo que cada vez me siento más comediante.
– ¿La más arrecha del mundo?
– No, nada que ver. Para nada. Además, yo tengo el síndrome del impostor bien heavy. Jamás -desde la humildad- voy a pensar que soy la comediante más arrecha del mundo, ni del país… Cero. Soy demasiado agradecida cuando alguien me abre las puertas y confía en mi talento. Ahorita, por ejemplo, tengo que ir a Panamá a hacer un show para una empresa. Eso, para mí, es como “wow, esto es importante”, al igual que cuando veo que hay mexicanos, cubanos, argentinos, y dominicanos (en mis shows). No es solo el público venezolano el que va a verme, y ahí me lo voy creyendo más. Es un “ok, bien. Estás empezando a convertirte en una comediante latinoamericana”.
Estoy saliendo de mi zona de confort y creando standups que no solo los venezolanos van a ver. Estoy empezando a escribir temas que son sensibles para todo el mundo, que dan risa a todo el mundo. Entonces, eso ha sido muy bonito. No me creo la comediante más arrecha de nada. Más bien, ahorita es que me estoy empezando a sentir cómoda en mi piel, en ese escenario; estoy creyéndomelo. Cada vez me siento más preparada y capaz. Siento que esto apenas está comenzando.
– Dependiendo del público, ¿cambias el show? Para esta empresa de Panamá, por ejemplo.
– Totalmente. Para esos shows corporativos tienes todos los “don’ts” de mi comedia. No hay groserías. Obviamente, no hay humor político, ni humor que ofenda a nadie. No hay chistes que pueden ser peyorativos…
– Como Discovery Kids…
– ¡Yo odio hacer shows corporativos! Es todo un reto. Pero por otro lado, es chévere porque cuando hablé con ellos, me decían “haz lo que quieras. Nosotros confiamos en ti”. Entonces, cuando llegas a este punto, ya puedes decir “mira, yo no hago eso. Si me vas a contratar es porque te gusta lo que yo hago. No quieras amoldarme a tu estilo”. Porque, además, hay opciones. Aquí hay miles de comediantes.
– ¿Cómo incidió tener un podcast en tu carrera como comediante? ¿Te lanzarías a hacerlo de nuevo o te da flojera hacerlo sola?
– «De a toque» llegó en un momento de mi vida bien importante porque no estaba haciendo radio. Tenía la necesidad de comunicar. Entonces, De a Toque fue una salvación para mí. Por eso lo amo. Ver cómo creció en una Venezuela donde todavía no estaba el boom de los podcasts, fue bellísimo. Giramos el año pasado con «De a toque». La gente nos pide “por favor, vuelvan”.
De Gabo y Estefanía, el trío del principio, aprendí muchísimo. Son mucho más jóvenes que yo. Entonces, aprendí esa frescura que trato de hacer en la radio, pero el podcast te da otra libertad a la que uno como comunicador no está acostumbrado por tener ciertos parámetros, líneas editoriales que seguir. Ahí conseguí esa libertad de decir “ah, mira, puedo hacer aquí lo que me da la gana”. Fue muy lindo.
Imagínate la incidencia que ha tenido Gabo en mi vida como amigo, en la comedia, y como alguien en quien puedo rebotar material, aunque no estemos haciendo el podcast ahorita, es especial. La alegría que siento de esos reencuentros en Argentina me llena el alma. Cuando lo veo a él y a Nanutria, siempre hay una añoranza de ese podcast y de lo que hacíamos. A mí me gusta mucho el trabajo en equipo. No me gusta trabajar sola, más en comedia. Me gusta cuando tengo un compañero para lanzar ideas y él se lanza un súper chistazo o al revés. Además, te va alimentando. En De a Toque usaba muchísimos chistes que luego iban a mi rutina de comedia. Entonces, hacerlo sola sería hablar en voz alta.
Ahorita no estoy interesada en hacer un podcast de comedia. Tengo planeado un proyecto que espero que salga este año y es hacer un podcast sobre salud mental con mi psicólogo. Es el proyecto que quiero hacer, que es súper lindo y es una especie de terapia grupal. A mí me ha ayudado tanto la terapia y me ha salvado de tantos huecos, que me parece lindo poderle regalar a alguien una sesión con un experto en salud mental, a la gente que no puede ir a terapia.
– ¿Tu psicólogo se ríe de ti, de vez en cuando?
– ¡Sí, vale! ¡Además, mi psicólogo es lo máximo! Va a todos mis shows. Ya nos hemos convertido en amigos porque tenemos muchos años trabajando juntos. Cuando le ofrecí este podcast, le encantó la idea de mezclar el humor con la psicología.
– Volviendo al tour de “Fértil”, entre las que has visitado de Latinoamérica y Estados Unidos, ¿cuál es la ciudad en la que la pasaste mejor? ¿Y cuál de Europa estás más emocionada por visitar?
– Esta está difícil… Amé con locura mi show en Filadelfia. Hay varios shows que fueron bellísimos. Filadelfia fue increíble, un publicazo… La primera función en Nueva York en el Broadway Comedy Club fue espectacular… Miami siempre es una locura, al igual que Argentina. El público venezolano en Argentina adoptó la manera de vivir la comedia, los conciertos, la música y el entretenimiento de los argentinos. Entonces, son eufóricos, disfrutan cada segundo: gritan, aplauden, se batuquean contra la silla. El público en Miami también fue insólito. Ese fue probablemente mi show favorito por ser tan gigante. Fue precioso, pero Filadelfia fue como “wow, este show”.
Tengo dos ciudades por las cuales estoy emocionada. Ya he ido a Madrid, donde es insólito hacer presentaciones. En Barcelona, también es así. Esta es una gira de primeras veces, porque nunca me he presentado en Berlín. Me parece muy loco hacer stand up en Alemania. Nunca me he presentado en Oporto, una ciudad que amo. Creo que la que me tiene más emocionada -por lo que significa emocionalmente para mí- es Londres porque mi suegra es inglesa y mi cuñada está allá. Entonces, mi cuñada me va a ver por primera vez haciendo stand up. Esa ciudad me emociona muchísimo. Es donde me comprometí, es la de los amores de mi futuro esposo. Es donde él vivió toda su vida, donde están su familia y sus afectos. Creo que Londres tiene un espacio en mi corazón.
– ¿Y tus suegros también la van a ir a ver?
– Mi suegra no. Tiene absolutamente prohibido ir a mi show porque yo delante de mi suegra soy una princesa. Además, en verdad no va a entender. Si bien vivió 18 años en Venezuela y entiende español, no va a entender mis chistes y no quiero que los entienda. O sea, no quiero que mi suegra oiga chistes de su hijo haciéndose la paja, ¿entiendes? No hay la más mínima posibilidad.
– ¿Tienes una historia cómica en alguna ciudad?
– La verdad es que no. Yo soy gallísima en tour. Se acaba el show, me voy al hotel, me nebulizo y me acuesto a dormir. Yo soy cero con la vida de artista. Vivo en eso un mes, entonces lo máximo es ir a cenar, tomarme una margarita y hasta ahí. Me gusta guardarme temprano, reposar mi voz.
De hecho, llegué enfermísima. Esto es una historia súper trágicómica. Me tocaba hacer un show acá, en el teatro de Chacao, para cerrar la gira el año pasado. Iba a grabar el show, que era el viernes. El lunes me empiezo a sentir mal y el doctor me dice “necesito que guardes reposo de silencio ya porque tienes las cuerdas vocales a punto de sangrar, ¿tienes algo importante esta semana?” Y yo “bueno… sí, un pelín nomás…Voy a grabar mi especial esta semana. Va a ir a Youtube y es importantísimo porque es el show en Venezuela”. Nadie había visto el show, ni siquiera mi esposo, de quien hablo en él porque fue un proceso de los dos. No lo había visto mi familia, mis amigos, mis directores, mi mánager, ni mi psicólogo.
Tuve una semana de silencio y la primera vez que hablé fue en el show. Me preguntaba “¿y si me sangran las cuerdas vocales y me desangro en el escenario?”. El médico me decía “¡por favor! Eso no va a pasar, se va a reabsorber”. Gracias a Dios todo salió bien.
– ¿De qué estás más emocionada este año?
– De casarme. Llego de gira y me caso a los 20 días. Eso es un proyecto súper importante. Y, bueno, siempre el plan de que la planta de fertilización continue. Este año vamos a hacer procedimientos más importantes y grandes para ver y hacer todo lo que esté dentro de nuestro control para crecer nuestra familia.
– ¿Y profesional? ¿Algún otro show?
– No. Yo escribo un show por año, entonces, hacía el show, lo giraba lo que debía y ya lo mataba para escribir uno nuevo. Con este show, que escribí el año pasado, dije “¿sabes qué? Yo quiero girar lo más que pueda con este show”. Me parece un show precioso. Es el mejor hasta hora, mi mejor unipersonal. Y lo quiero seguir girando. Quizás no ahorita, pero cuando pueda quiero hacer una segunda parte de Estados Unidos por ciudades a las que nunca he ido. Quiero hacer otra parte de Europa y de Latinoamérica, y no quedarme con lo mismo que es Colombia, Chile, Uruguay y Argentina. Deseo ir a Ecuador, a Perú, a Paraguay. Siento que me faltan un montón de cosas por hacer. Este show durará lo que tiene que durar.
Durante años fue vitrina para talentos consolidados y nuevas voces del humor, combinando shows íntimos con una propuesta original en materia de pizzas: Pizpa deja un vacío, pero podría ser solo una pausa temporal