Entrevista UB

Fifo Rocca habla sobre su historia con Éxigo y el show de Daniella en Madrid: ¿volverán a tocar juntos?

El argentino Fifo Rocca es el productor que llevó a la banda venezolana Éxigo a convertirse en una referencia continental. A propósito del próximo libro de Eduardo Sánchez Rugeles sobre la agrupación, conversamos con él y nos contó sobre las condiciones para que Daniella Morandi pueda interpretar sus canciones en Europa

Éxigo
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Dice la leyenda que a nadie agarró tan de sorpresa la separación de Éxigo como a Fifo Rocca, el productor de la mítica banda venezolana que, junto a los integrantes de la misma, pasó a la historia como una de las figuras más relevantes de la música hispana de principios de siglo XXI.

No es para menos. Acompañó a Éxigo casi desde el principio: produjo todos sus álbumes y es, en consecuencia, parte esencial del proceso que los llevó a vender más de 50 millones de discos en todo el mundo. Un hito para cualquier proyecto latinoamericano; no en vano, hasta la aparición de Despacito en 2017, fueron los autores de las únicas dos canciones en español incluidas por la revista Rolling Stone en la lista de las mejores del siglo XXI.

Luego de Éxigo, la prensa se empecinó en hacer de él una figura trágica: el productor rebelde, el raro de la clase que inesperadamente triunfó y luego lo perdió todo. Se sabe de sus deudas, se sabe que trabaja menos que antes y que poco a poco deja de habitar el presente en términos de mercadeo musical. Pero lo que nadie niega es su buen oído, su extraordinaria visión y un éxito que no admite cuestionamientos. Fifo Rocca llevó a una banda venezolana a donde casi ningún proyecto hispano había podido.

Sobre Éxigo mucho se ha dicho. Su fama es elocuente. Pero hay cosas que no se conocen y eso es lo que investigó Eduardo Sánchez Rugeles -autor de “Blue Label” y “El síndrome de Lisboa”- para un nuevo libro que promete ver la luz en mayo en el que cuenta los míticos inicios de la agrupación con detalles nunca antes expuestos.  

A propósito de esto y semanas antes de que Daniella Morandi dé un esperado concierto en el Winzink Center de Madrid, en el que seguirá interpretando –tras lo hecho en Londres, París y Barcelona– algunas de las canciones más emblemáticas de Éxigo, junto a Willie Sullivan y un envidiable rooster de artistas invitados, Fifo Rocca acepta conversar sin poner límites: “Preguntá lo que quieras, que si me ponés la cancha chiquita te tiro un caño y ya está”, dice sonriente.

-Para empezar, una pregunta que te han hecho un montón de veces pero es necesaria para entrar en contexto. ¿Cómo conociste a Éxigo?

-A los pibes de Éxigo los conocí en Santiago de Chile, en un gimnasio abandonado, a media tarde. Se inscribieron en un evento que iba a ser un homenaje a Los Prisioneros, pero estaba muy mal organizado. Las bandas de prestigio se presentaban en la noche, los fines de semana; y cuando ellos llegaron no había nadie, su presentación fue lamentable. Sin embargo, hicieron un cover correcto de alguna canción que olvidé, ante un auditorio casi vacío, un gimnasio bar, en el que estábamos 8 o 12 personas. Nadie les prestó atención.

Yo no podía imaginar que ellos venían de conducir desde Caracas y mucho menos de atravesar medio continente en coche. Yo estaba en ese momento de bajón, solo, porque un proyecto personal como productor había fracasado. Recién el día anterior había recibido la noticia de que una banda a la que estuve acompañando desde Argentina para producir un álbum y trabajar con ellos me dejó guindando por otro productor.

Yo estaba en pedo, incluso desmoralizado y furioso con el sector musical. Y estando allí, tomándome una birra en la barra del gimnasio, escucho los primeros acordes de Encrucijada americana. Esa canción fue lo primero que me acercó a Éxigo, ya lo he contado muchas veces, y volteo a ver de dónde sale esa melodía tan mágica, encantadora. Y mirá lo que veo: dos niñas sobre el escenario cantando “todos los caminos llevan al mismo lugar, no hay destino, no hay nada”. Re sarpado. Era lo que yo había estado buscando durante mucho tiempo. Había una mística, no solo en la ejecución de las guitarras sino también en el complemento entre las dos voces. Esa siempre ha sido la marca diferencial de Éxigo. Además, me copó la ejecución de Suvillan en el teclado. Todo el arreglo musical fue bárbaro.

En ese momento, estaban haciendo la canción sin batería. Mijares estaba a mi lado en la barra. Fue al primero al que le pregunté: ¿qué es esto? ¿Quién es esta gente?

Luego ellos se van. Intento conversar con ellos, les pierdo la pista. Sabía que eran venezolanos porque me lo dijo Mijares en la barra. Y nada, yo 15 días más tarde estaba en Caracas buscándolos. Era todo un quilombo: nadie los conocía, no existían. Nadie sabía quiénes eran estos pibes, a pesar de esa madurez musical que pude conocer en Santiago, que la vi, que la sentí. Cuando los encontré ya estaban a punto de firmar con otro productor y pasaron varias cosas para que finalmente María Helena Hidalgo, nuestra querida Shena, considerara darme una oportunidad y acompañarlos a hacer La esperanza.

-¿Pero cuando hablaste con Mijares en la barra ya sabías que él era el baterista de la banda o fue una casualidad?

-Casualidad. No lo confirmé hasta más tarde. Fue una conversación breve que tiene varias versiones, porque yo estaba en pedo. Él la recuerda de una manera, yo la recuerdo de otra.

-Fue una apuesta demasiado arriesgada de tu parte, ¿no? A ellos no los conocía nadie, eran venezolanos y tú venías de trabajar con artistas muy grandes…

-Yo nunca trabajé directamente con artistas grandes. Sí, estuve ahí cerquita. Comencé como asistente de algún asistente de algún asistente de Tweety González para trabajar con Charly, con Soda, con Fito. Vi trabajar a los grandes del sector. En ese sentido, sí tuve un recorrido importante en la Argentina, pero sabía que no tenía lugar: esas plazas ya estaban ocupadas, yo sentía que el estilo musical que buscaban las bandas a las que intenté acercarme no engranaba conmigo. Yo era un pibe inexperto.

Ahí apareció entonces esta banda de la que te hablé antes, cuyo nombre no quiero recordar, porque todavía persisten por allí. Quizás algún día devele los detalles. El caso es que se abrió la posibilidad de hacer un álbum con ellos, que se iban a presentar en Chile. Y repentinamente cambiaron de dirección. Fue un garrón. La dirección del proyecto tomó otra búsqueda estética y creativa.

Me quedé un poco en el aire y bastante afectado porque le había dedicado mucho tiempo y trabajo emocional a ese proyecto. Ahí fue cuando llegó Éxigo. Y puede sonar un poco romántico, quizás irresponsable, arriesgado, como bien dices, pero lo que yo escuché y lo que sentí en ese momento era lo que estaba buscando. El impacto sentimental que tuvo Encrucijada americana era el tipo de canción rock, autoral, cronista, folk, que yo sentía que podía acompañar. Lo mismo sentí cuando los escuché hacer Esperanza o Camino a la perdición, que vendrían más tarde. Fue un riesgo, sí, pero yo estaba recopado.

En ese momento, había muchas puertas que tocar. Que esa es otra cosa que sí me había labrado como productor en formación: los contactos. Ya sabía qué se podía hacer, qué se acostumbraba hacer y también había aprendido lo que no quería hacer.

Ya para entonces la industria se estaba pasteurizando, por usar una palabra que le escuché a Rodolfo Páez hace poco: estaban todos trabajando con los mismos modelos, con métodos que buscaban una fórmula comercial. Yo no quería hacer eso. Más bien los veía y decía: “Che, voy a tratar de entender, intuir qué va a hacer este productor que no me gusta para yo hacer lo contrario”.

Y con Éxigo hubo mucha fortuna. Aquí hay que decirlo de una manera responsable y real. En la mayor parte de los logros de Éxigo participó la fortuna, la suerte. Es verdad que el complemento de talento que te aportan una Daniella Morandi, un Guillermo Sullivan y Shena por supuesto que es esencial, pero tuvimos mucha suerte por lo que pasó con La Frontera en Estados Unidos, tuvimos mucha suerte con Alma azul, con lo que estaba haciendo MTV Sur y MTV Norte en aquellos tiempos que te permitía promocionar distintos temas en distintos mercados. Supimos estar en el lugar ideal en el momento en el que había que estar. Entonces sí, fue un riesgo, sin duda, pero un riesgo con la conciencia absoluta de que iba a salir bien.

-Éxigo estuvo a punto de firmar contrato con una importante disquera. Y te pasó justo lo contrario que con la banda que te dejó colgado: Éxigo renunció a ese contrato por ti.

-Estuvieron a punto de firmar y me arriesgaría a decir que estuvieron a punto de disolverse cuando María Helena decidió no firmar. Porque fue Shena la que retrocedió ante esa propuesta.

Los pibes se reunieron con una disquera grande, previo a uno de estos eventos de Caracas Festival Pop que hacían en Venezuela por esa época. La disquera los llama y quiere convertirlos en un producto, quitarles las canciones originales, intervenir las letras, operar a las chicas y ponerlas a cantar lo que hacía cualquier grupo pop de la época. Sin embargo, yo se los advertí, o sea, tuvimos una reunión y les dije: “Va a pasar esto… ¿quién es el directivo que los está convocando? Ah, ya, mirá, él les va a decir esto, que esta canción no, que quiere que canten más parecido a este estilo, a ti te va a pedir que te operes la nariz y a ti que te pongás las tetas e incluso les va a ofrecer un disco de Navidad”. Y eso fue lo que ocurrió. Y creo que María Helena tuvo allí una especie de epifanía, como que le bajó la data del Más Allá, ¿viste?

Recuerda que a Éxigo los acompaña en una primera etapa un chico, que es el que los lleva a Chile. El chabón es así tan mitológico como el fundador de los Beatles. Bueno, hubo algo en mi discurso que hizo que María Helena sintiera que eran las palabras de su primer mentor.

Cuando ellos toman el elevador para ir a la oficina de la disquera, yo los perseguí y hablé con ellos. Todos iban a firmar. Y cuenta María Helena, lo dijo alguna vez en público, porque ya hace tiempo que no da entrevistas, que yo usé algunas palabras que la hicieron cambiar de opinión. Por ahí hay distintas versiones de esto, hay leyendas. Daniella contará otra historia, quizá. El caso es que Shena pide tiempo; y bueno, luego hubo una gran discusión entre ellos porque Frank, Willie y Daniella pensaban que era una gran oportunidad. Y efectivamente, desde el punto de vista comercial, viendo como estaba el panorama musical en ese momento para una banda de poca trayectoria, sí, era una gran oportunidad. Pero María Helena no quiso firmar.

Entonces, me llamaron y hablamos y me preguntaron qué podía hacer por ellos. Y les dije: “El lugar en el que están pasando cosas importantes en el rock es México. Tenemos que irnos a México. Nos vamos con este proyecto, con este plan y el álbum que quieren hacer lo hacemos en México”. Claro, eso suponía para ellos un cambio radical en inversión de tiempo, de dinero, en logística, el tema familiar… no fue una decisión fácil, pero la conexión con María Helena fue inmediata y así fue: ellos no firmaron el contrato con esa disquera.

-Por los motivos que sea, no fue la única vez que la banda estuvo a punto de disolverse por Shena…

-Shena mataba por Éxigo y mataría por Éxigo. Ella hizo mucho por mantener a la banda unida. Es más, te diría, y se va a molestar conmigo cuando sepa que lo dije, pero es verdad: Éxigo pudo disolverse más por Daniella que por Shena.

Shena hizo muchos sacrificios y esfuerzos por mantenerlos unidos, pero es verdad que su personalidad, su temperamento y su carácter genera muchos desencuentros entre el resto de los integrantes. Por fortuna estaba Sullivan, que es esto que hoy llamarían un ser de luz, un alma noble. El pibe lograba equilibrar las energías tan potentes y tan iracundas en ocasiones de estos dos monstruos en escena que eran Daniella Morandi y María Helena Hidalgo.

Quien disuelve la banda es Shena, eso no es un secreto, todos recordamos lo que pasó en 2010-2011. Pero durante toda la experiencia de trabajo de Éxigo creo que sería falso decir que María Helena hizo cosas por separar la banda. Al contrario, María Helena amaba al grupo. Después de Éxigo, María Helena no ha hecho lo que hizo Daniella que tiene una carrera como solista. Terminó Éxigo y terminó Shena. Nunca más se interesó por la música o grabó un álbum. Shena desapareció, porque estoy convencido de que ella pensaba y sentía que si ella hacía música era solo con Éxigo. Ella amaba Éxigo. Desaparece Éxigo y desapareció ella. Es lo que te puedo decir al respecto.

-Quiero hablar de Frank, porque de algún modo se hizo un poco meme su rol en la banda. Shena acaparaba fotos, Daniella era otra estrella (tú mismo dijiste que la fuerza de las dos sobre la tarima fue fundamental en la banda) y Willie es muy reconocido por su talento musical, además acabas de decir que es un «ser de luz». Frank suele quedar un poco marginado de los elogios. Tanto que, cuando conociste la banda, te enamoraste de Éxigo y él ni siquiera estaba sobre el escenario.

-Lamentable y dolorosa la situación de Frank Mijares. Muy triste, gran persona, chico trabajador. Sobre lo que me preguntas: qué sé yo, es la suerte del baterista, supongo. Mirá a Ringo. George, John y Paul se llevan todos los créditos y Ringo siempre queda allí un poco a la sombra. ¿Qué te puedo decir de Frank? Frank aportaba energía y equilibrio a la banda. Escribe esta canción tan bella y tan invisible de La esperanza, que es la Carta al padre. Además, el chabón tenía una extraordinaria comunicación y colaboración con Morandi. El bajo y la batería, Morandi y Frank, tenían una comunicación que enriquecía la puesta en escena.

Frank Mijares está al mismo nivel de los más destacados bateristas latinoamericanos. Pienso en Randy Elbright, Fernando Ricciardi, Alex González, Pedro Andreu, Charly Alberti, Joao Barone. Mijares juega en esa liga. ¡Qué nadie se equivoque! Frank es un extraordinario ejecutante, gran baterista, pero sí es verdad que lo opacaban las chicas. Y desde cierto punto de vista creativo, compositivo, a nivel de arreglos, también Sullivan jugaba en otra división, ¿me entendés? Y esto, lo de Sullivan, está incluso por encima de ellas. Sullivan es un músico con un oído absoluto, con una formación musical extraordinaria y destacaba no solo sobre los otros éxigos. Como músico integral latinoamericano, Guillermo Sullivan es de las personalidades más completas de la historia de la música actual. ¿Sabés lo que pasa? Que María Helena y Shena en escena lograban cosas… tenían un aura increíble. O sea, Shena con guitarra en mano sobre un escenario no pasaba desapercibida. Y se lleva por supuesto los focos en parte por su físico también: su pelo, la manera tan erótica y tan virtuosa cómo toca la guitarra siempre fue algo muy potente. Y en esta marea sí, puede que Frank pase un poco desapercibido en los roles de los músicos de Éxigo.

Pero a Éxigo como grupo, en su convivencia, en su persistencia durante sus años de existencia, Frank le aportó mucho equilibrio a ese ecosistema tan turbulento. Frank aterrizaba a Shena. Shena cuando tenía estos enfrentamientos y desencuentros con la prensa, por ejemplo, cuando decía alguna de las cosas que decía, Frank era allí como el termostato. Permitía humanizar a María Helena y quitarle oscuridad. Shena siempre fue una artista muy turbia. Yo creo que hoy día, a estas alturas del siglo XXI, no podría sobrevivir una artista como María Helena Hidalgo. Sería cancelada en un cortísimo plazo. Sus opiniones, su visión del mundo, su oscuridad, su pesimismo es algo que en aquella época era delicioso y fascinante y seductor, y hoy día creo que no pasaría los filtros de lo políticamente correcto.

Pero para reconectar con tu pregunta, Frank Mijares es parte esencial del equilibrio exigal. Aportaba mucha energía, talento.

Desde acá, siempre estaremos defendiendo su causa y su lucha por su libertad.

-Antes, Sentimiento Muerto, Zapato 3, Desorden Público (que siguió vigente después); al mismo tiempo que Éxigo, Caramelos de Cianuro, Los Amigos Invisibles, Malanga; luego, Viniloversus, Los Mesoneros, La Vida Boheme, incluso (sin ser rock) podemos incluir ahí a Rawayana. ¿Qué lugar ocupa Éxigo dentro del rompecabezas de la música venezolana de bandas de los últimos 50 años? ¿Qué cambió, musicalmente hablando, en el país después de ellos?

-Creo que hay un antes y después de Éxigo, no solo en Venezuela, sino en gran parte de la música latinoamericana. Es una bisagra, es una banda que tuvo un impacto continental importante. No en vano es la única agrupación venezolana (no sé si hay otra, creo que hay una mención muy superficial a Los Amigos Invisibles) que aparece con testimonios y citada por otros artistas en este controversial documental de Santaolalla: «Rompan todo».

Éxigo tiene varios argumentos que yo creo que justifican esta idea de que estos pibes juntos rompen un paradigma, introducen nueva data. En principio, las voces femeninas: María Helena y Daniella están allí junto a las grandes voces femeninas de nuestro rock contemporáneo: Andrea Echeverry, Julieta Venegas, Fabiana Cantillo, Eli Guerra o Natalia Lafourcade. En ese mismo tren de excelencia están Shena y Daniella. Además, sus contenidos, sus letras, su búsqueda poética era bastante original: captan un espíritu de soledad, de tristeza, de malestar latinoamericano que ninguna otra banda lo estaba haciendo en ese momento. Piensa que cuando María Helena y Daniela están cantando Esperanza, razón por la que deben irse de Venezuela, y hablando de un continente con paisajes sin horizontes, una banda como Los Amigos Invisibles lo que están cantando es “yo lo que quiero es ponerte a ti en cuatro”, son dos códigos distintos. ¿Viste?

El discurso es otro, el discurso de Éxigo nunca fue lúdico, nunca fue festivo, nunca fue alegre a la manera de este entusiasmo funk de Desorden Público o los mismos Amigos… y ojito, que, a ver, todos son músicos talentosísimos y brillantes, cada uno con su fortaleza. Yo a lo que me refiero es que Éxigo tenía una búsqueda un poco más introspectiva y poética.

Ahí está la clave del aporte de esos chabones. Y quizá eso los pone en la misma sintonía que otros artistas argentinos, como puede ser el Fito de “Al lado del camino” o alguna etapa de Soda. Yo creo que Éxigo tiene una conexión muy interesante con los cantautores latinoamericanos, la música folk.

Por supuesto que se alimentaron de todas estas influencias, tuvieron estas generosas colaboraciones con muchas de estas bandas que comentas. Creo que las nuevas bandas también se alimentaron mucho de Éxigo. Y cualquier intérprete femenina que aparezca en el panorama musical contemporáneo cuando mire hacia atrás encontrará entre sus hitos y referencias a María Helena y Daniella.

-¿Están a la altura de Soda Stereo?

-Bueno, comprenderás que responder esto para mí es complicado porque soy argentino y si mi respuesta es afirmativa no podré regresar a Mendoza a visitar a mis seres queridos. Entonces es una pregunta con trampa.

Sin embargo, te voy a dar bola: te comparto la duda, ¿viste? Por supuesto que Soda… todos sabemos y entendemos lo que es Soda, que es un templo del rock latinoamericano, una religión. Y te podría decir para tratar de salvar esta encerrona, que Éxigo también es una religión, tiene muchos feligreses, seguidores, y quizás en el ámbito del Caribe sí puede tener un… puede estar al nivel de Soda Stereo. A Gustavo le encantaba “No me preguntes”, siempre tuvo mucho respeto por las chicas.

Éxigo es al Caribe lo que Soda es al Cono Sur. Me arriesgo a decir eso. Espero que me dejen entrar en Ezeiza cuando vuelva.

Éxigo
Hasta Wikipedia refleja la trascendencia de Éxigo

-¿Ves batallas de freetyle, Fifo? ¿O al menos estás un poco un contexto de lo que son?

-Honestamente, no. No manejo el referente. ¿Una especie de boxeo/patada? Yo soy un alma noventera y ochentera, en este sentido me parezco a Shena. Me alegré cuando Rocky derrotó al ruso.

-Son batallas de improvisación en clave de rap. ¿Ubicas la película “8 Millas”, de Eminen?, de donde salió la primera canción de rap nominada a un Oscar. Es eso.

-Sí, claro. Recuerdo la película, pero la tengo muy borrada. Sí, en la gauchesca argentina también se dan esos asaltos, verso contra verso.

-Bueno, a lo que voy: hace poco en una batalla que se hizo muy viral en TikTok, Mecha (uno de los mejores batalleros de Argentina) le lanzó a Larrix el siguiente verso: «Después de esta derrota / vas a quedar con menos trabajo que Fifo Rocca».

-No conozco a Mecha, pero tiene razón. Mi reputación me precede. Después de Éxigo me costó reencontrar mi lugar en el mundo de la música. Tomé malas decisiones financieras, hice malas elecciones, perdí.

Creí que el plan original, lo que hice con Éxigo, podía hacerlo con otras bandas, pero no, Morandi, Hidalgo, Mijares y Sullivan solo hay cuatro. Y después de eso llegó el reguetón y la música se transformó, todo empezó a sonar igual; el valor diferencial y la autenticidad desapareció, no tanto por parte de los ejecutantes sino de los dueños del circo. No entré a jugar ahí. Asumí mi derrota.

Acompaño a algunas bandas, sí; doy algún consejo a quien lo pide, pero este nuevo paradigma de producción musical yo no lo entiendo ni me interesa. Y lo que te dije antes: no lo digo por los músicos; actualmente hay músicos brillantes, extraordinarios, pero los que toman las decisiones, esa cosa que ahora llaman CEO, ahí sí hay mucha gente que deja mucho que desear, y son trituradores de talento.

Entonces perdí, y perdí muchos empleos, tal como sugiere la simpática Mecha. O el simpático Mecha.

-Así y todo, has colaborado con reguetoneros.

Y bueno, de algo hay que vivir, ¿no? Es otra cosa. Quiero decir: la música hoy día es otra cosa. No te diré si es buena o es mala, no entraré a ese debate; solo diré que la manera de hacer música a finales del siglo XX, los elementos, los argumentos, las herramientas, los discursos, eran totalmente diferentes. Las cosas cambiaron. Es otro mundo. No sé si una María Helena podría brillar hoy día como brilló con Éxigo.

Lo que más me aterra, me disgusta y me irrita de lo contemporáneo no es un tema del género, me da igual el género, lo que me desconcierta es esto de la viralidad. Muchos artistas jóvenes aspiran, más que cualquier otra cosa, a la viralidad. Una canción sale, vive un par de semanas (o segundos) y desaparece. No queda en la memoria, no existe. Se esfuma. Éxigo, entre otras bandas de su tiempo, aspiraba a la trascendencia; no a que su canción se hiciera popular en tres días y luego se borrara en medio de la nada.

Bolero falaz, Signos, El amor después del amor, Alagados y Alma azul son inmortales. ¿Vos entendés lo que te quiero decir? Camino a la perdición o Esclavos del juego son una herida en la historia de la música, no una melodía pasajera que le permite a alguna piba acompañar un selfie o un storie de su día de verano en la playa con un novio al que ama en ese momento, pero al que despreciará en quince días porque le pareceré narcisista y tóxico.

-En unos días será esperado concierto de Daniella en España. Cada vez hay más expectativa, más rumores en rrss y hasta teorías conspiratorias (hay quienes hablan de que Shena es quien ha estado detrás de esta gira, otros dicen que ella se opone, en fin…). Tú estás involucrado en estos conciertos. ¿Qué significan para ti? ¿Crees que alguna vez volverá a tocar Éxigo?

-Hay varias cosas en juego en este concierto, sí. Sí participo en la producción y participo en la producción porque fue una condición de María Helena para poder ceder las canciones, devolverle el uso legítimo de las canciones a Daniella.

Recordá que durante los últimos 8 años o algo así, ya no lo sé, Daniella no pudo cantar las canciones de Éxigo por el litigio que hay entre ambas. Cuando Daniella hizo su primer álbum como solista, recordarás esta historia pues ya tiene millones de visualizaciones en YouTube, hace un cover de No me preguntes con otra artista pop y lo interpreta a ritmo de reguetón/trap urbano. María Helena estalló y buscó la letra pequeña en los contratos. Efectivamente, todas las canciones de Éxigo las firmaron ellas dos juntas, incluso las que hizo Daniella sola, como Hormigas gigantes amarillas, por ejemplo. Camino a la perdición es una canción escrita por Shena y está también firmada por Daniella. Siempre fue así a nivel de registro.

El caso es que Shena se calentó, tuvieron un gran quilombo, pasaron mucho tiempo sin hablarse; además, la misma situación personal de Daniella hizo que la relación entre el grupo se rompiera. Por eso yo creo que parte del impacto, del encanto que ha tenido el regreso de Daniela a los escenarios, es porque finalmente podrá cantar las canciones de Éxigo. Y por eso triunfó en Barcelona y por eso triunfó en Inglaterra y fue estremecedor. Además, como nadie apostaba por ese concierto porque pensaban que Daniella estaba acabada, los recitales se trabajaron en salas pequeñas y eso sumó mucho la calidad. En Londres, por ejemplo, el espectáculo fue bellísimo, tuvo una fuerza extraordinaria. La conexión con el público fue espléndida. Sullivan y Morandi en escena fue algo maravilloso.

Esto en parte se hace para llamar la atención por la situación de Frank. Por eso es que Daniela reúne a lo que queda de la banda para intentar afianzar los conciertos, sacarlos adelante. Y cuando le dice a María Helena que quiere hacer los recitales, María Helena le dice: “Vale, hazlo, toma las canciones”. Pero le puso tres condiciones: “Yo no voy. Canta las canciones, yo no estaré allí. Solo puedes trabajar con Fifo” [risas], fue una imposición de nuestra front girl, no le iba a permitir que desarrollara las canciones con otro productor. Y la última condición fue: “No incluyas La esperanza ni Alma azul”.

Esas fueron las tres condiciones que le puso María Helena. Y lo que queda de Éxigo está en escena: Daniella y Willie. Mucha nostalgia del público, reencuentro con las canciones antiguas, gente de cuarenta y tantos años que se ve en el concierto con sus niños pequeños y transmiten las canciones de generación en generación. Muy bello. Lo que vivimos en Barcelona y en Londres fue realmente estremecedor.

-En la batalla que te mencioné antes, Larrix le respondió a Mecha lo siguiente: “¿Y me llama Fifo Rocca este wachín? / Me siento como Fifo Rocca hasta el fin / Sin trabajo, sin dinero y bien odiado / pero con Éxigo hice más que lo que todos estos pelotudos han logrado”.

-Eso es una gran verdad, Éxigo fue la gloria. Lo que hicimos con Éxigo fue irrepetible.

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