Melomanía

Bacalao Men no volvió, Bacalao Men nunca se fue

Uno creía que se habían ido y resultó que no. Lo demostraron con una breve e impecable presentación en la serie Biblioteca Sessions, registrada para YouTube. Con Pablo Estacio hablamos sobre eso y lo que viene para Bacalao Men

bacalao men
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Lo que ocurrió en la Biblioteca Sessions #43 con Bacalao Men no fue un reencuentro, ni un homenaje, ni una visita conmemorativa al pasado. Fue una reafirmación del sonido de Caracas.

Bacalao tocó con una claridad que no pide permiso ni se justifica. Tocaron como una banda que nunca ha dejado de serlo. Como un grupo que no depende del algoritmo ni de la nostalgia, sino de algo más obstinado: seguir sonando bien.

Tres canciones bastaron para dejar claro que hay disco en camino, ideas frescas, hambre de tocar… y algo más raro aún: esperanza.

Pablo Estacio fue bautizado en UB por Eric Colón, allá por 2016, como el “sonero de la Alta Florida”. Nueve años después, ese bacalao no solo sigue caminando: ahora viene acompañado de cuerdas, metales y planes concretos.

Un reinicio que nunca fue pausa

—¿Esto es el principio de qué?

—De más actividad —respondió Pablo—. Nunca hemos parado de tocar, pero el año pasado y lo que va de este habíamos estado casi totalmente inactivos. La sesión fue un empujón.

Ese empujón tuvo nombre propio: Julio Andrade. “Fue Julio el que insistió”, dice Estacio. “El que empujó para que nos activáramos otra vez.” No fue un relanzamiento planificado ni una jugada de marketing. Fue la consecuencia directa de volver a ensayar.

La Biblioteca Sessions #43 fue una grabación en vivo con 17 músicos, cuerdas, coros, vientos y una puesta en escena que exigió ensayos meticulosos.

“Teníamos rato sin tocar juntos. Así que arrancamos con una rueda de preproducción, calentamos motores, repasamos repertorio, ensayamos por secciones. Todo fue real. Todo quedó registrado”.

Bacalao Men
Luis Lacau @luislacau
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Luis Lacau @luislacau

Ese registro —no como documento, sino como práctica— se ha vuelto parte del plan. No quieren giras largas ni circuitos de bares que los obliguen a sonar como se pueda. Prefieren sesiones bien grabadas, bien mezcladas, con el cuerpo completo en pantalla.

“Queremos que cada toque deje un contenido nuevo. Que se vea a la banda tocando. Que quede.”

Además, hay disco en camino. Estacio ya está trabajando en las maquetas: “Estamos preparando canciones nuevas y también formas nuevas de tocar.”

Tres canciones, tres coordenadas

Cada tema elegido para la sesión marca una posición dentro del mapa sonoro de Bacalao Men.

“Cometas”: Del disco “Sabaneando”. Es, irónicamente, su canción más escuchada en plataformas —más de 10 millones de views en YouTube, casi 3,5 millones en Spotify—, pero no en Venezuela.

“Cometas es fuerte, no tanto en el público venezolano, pero sí en Colombia. Pegó duro, por eso la escogimos como primer tema de la sesión”.

El nuevo arreglo de vientos y maderas —a cargo de Julio Andrade— le da otra dimensión. Saxo barítono, clarinete y un fraseo que recuerda a las orquestaciones de Willie Colón: densas, sabrosas, sin miedo al espacio. Que la canción haya brillado afuera dice tanto de su estructura como del estado del ecosistema musical local: Bacalao conectó donde hubo oídos disponibles.

Bacalao Men
Luis Lacau @luislacau

“A tres tablas”: Una balada, casi un bolero. “Uno de mis preferidos en la vida, yo creo que es ‘A tres tablas’. A mí me encantan las baladas de Bacalao… me gusta ‘Insomnio’, que viene en ‘El nuevo bugalú’; ‘Chucho Alquitrán’, que es bien cortavenas… y esta. Julio también le tiene cariño, él hizo el arreglo de cuerdas. Dijimos: vamos con esta”.

El resultado es un momento de pausa emocional. Una grieta en la sesión que deja pasar algo más íntimo, sólo para preparar el cierre que llega como un cañonazo.

Bacalao Men
Luis Lacau @luislacau

Alumbra”: Una canción de la diáspora. Escrita en Miami, completada luego de emigrar.

“Es una canción que me encantaba, pero la tenía sin letra. Estaba hecha, tarareada, tenía el coro. Aquí fue que la terminé. Si no hubiera estado aquí, en Miami, no me habría salido como me salió. Se me abrió una ventana”.

Esa ventana, quizás, también se le abrió al oyente. En esta sesión, y con el tiempo correcto, la letra de ´Alumbra´ brilló con las luces que le hacían falta.

El sonido de una ciudad que no volvió

Dos de las tres piezas vienen de “Sangre”, el disco menos difundido de Bacalao y quizás el más importante. Es el que logra condensar eso que muchos persiguen pero pocos saben nombrar: el sonido de Caracas.

Un sonido urbano, complejo pero no pretencioso. Una mezcla de rock, bolero, hiphop, songo y salsa que no se disfraza de fusión ni de crossover. Aquí los géneros no compiten: conviven como vecinos que se saludan desde el balcón.

Como explica Estacio, lo latino no está en el adorno. Está en la célula rítmica.

“No hace falta una tumbadora para que un tema suene latino. Lo que importa es el cuerpo. La célula que se repite. Que se baila.”

Como la salsa misma —ese género hecho de muchas cosas que no cabían en una sola etiqueta— Bacalao Men lleva años mezclando sin pedir permiso. “Sangre” no solo fue su trabajo más sólido: también fue el resultado más nítido —aunque sin proponérselo— de una búsqueda sonora que finalmente parecía condensar a Caracas. Pero Caracas ya no estaba entera. La ciudad no pudo escucharlo como se debía. La escena no estaba ahí para responder.

No por falta de música, sino por falta de ecosistema. El país —su circuito de bares, sus sellos, sus públicos, sus revistas— se fragmentó, se dispersó, se silenció. La continuidad cultural se quebró en cinco continentes. Y “Sangre”, en vez de convertirse en síntesis, quedó como testimonio de algo que no llegó a ser.

Grabar, no girar

En 2016, Pablo Estacio decía que quería sacar un EP guitarrero, “ruidoso y espiritual”. Hoy no se trata de experimentar géneros: se trata de dejar constancia. No se trata de sonar nuevo: se trata de sonar bien.

La Biblioteca Sessions le mostró otra vía: una sesión corta, bien hecha, bien grabada, puede tener más alcance y más profundidad que cualquier gira local.

Y no es romanticismo. Es logística: “Tú vas a un bar y el sonido cambia todo. Aquí suena como debe sonar.”

Bacalao Men
Luis Lacau @luislacau
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Luis Lacau @luislacau

Lo que queda

El sonido no se logró solo por ensayo. También lo hizo el lugar. La sesión fue grabada en una casa típica de Miami, reconvertida en estudio. En el centro: una biblioteca real.

“Una biblioteca es como un gran difusor acústico. Los libros rompen los rebotes. Hacen su magia”.

Y esa magia también se cuela en lo simbólico. Porque así como la biblioteca suaviza las resonancias y matiza el eco, la distancia y el tiempo han hecho lo mismo con Bacalao Men: los han vuelto más conscientes, menos ruidosos, más certeros.

Lo que suena en esa sesión no es solo un buen ensamble, es la memoria de una ciudad y de un país interrumpido, de una escena dispersa, de una energía que se niega a desaparecer. Esa Caracas no volvió. Pero sigue sonando.

El bandón

Pablo Estacio – Voz principal, bajo eléctrico

Luis González – Guitarra eléctrica

Rolando “Rolin” Gonzalez – Teclados, samples

Germán Quintero – Batería

Julio Andrade – Saxofón barítono, clarinete

Roberto “Lobo” Moreno – Percusión latina

Eddie Cisneros – Teclados

Andreina “Ina” Peralta – Voz

Luis García – Voz

Eric Chacón – Saxofón tenor, flauta

Joel Martínez – Trombón

Julio Blanco – Trombón

Javier “Make” Aragón – Corno francés

Luis Navarro – Violín

Fabiana Escalona – Violín

Fabiana Álvarez – Viola

Kenny Aponte – Violonchelo

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