Moda

Divide y vencerás... en la moda no aplica

Más allá de los likes y los comentarios elogiosos, la moda en Venezuela necesita trabajo en conjunto

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No sé cuál es el contexto de esa frase, pero nunca estuvo tan lejos de la realidad del fashion venezolano. Si me dieran 1 dólar por cada vez que escucho que la moda en Venezuela no tiene futuro, que no existe propuesta ni innovación y nadie puede sacarla de ese ciclo de mediocridad; tendría una cuenta de ahorros muy jugosa.

Sé que nuestra industria textil y de moda es pequeña, por no decir que casi inexistente, resultado de una herencia colonial que desarrolló sobretodo cultivos de cacao, tabaco y café dejando el algodón en un segundo plano y luego una industrialización que giraba y sigue girando en torno al petróleo abandonado casi en su totalidad al campo y condenándonos a la importación de productos finales listos y servidos para el consumidor.

Esa cultura de importación nos hizo odiar lo nacional y apreciar lo extranjero, a mirar con desprecio lo nuestro y abrazar lo “global”.

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No existe una estética Venezolana propia sino calcos de tendencias externas. Y esto no es reciente, es algo que podemos ver desde las primeras crónicas de moda venezolanas de los siglos XVIII y XIX “inspiradas” en los estándares de belleza y fashion europeos de la época.

La actualidad de las propuestas de diseño venezolano son variadas y abundantes, mi corazón se emociona cada vez que veo el presente de la moda. Pero eso me hace reflexionar: ¿cuál es el siguiente paso para que la industria de la moda venezolana pueda avanzar?

Y mi respuesta inmediata es: la unión.

Muchas veces las ideas solo quedan siendo ideas por falta de estructura y apoyo. Puedes tener el mejor producto, pero en un país al que no le interesa lo local es complicado abrirte espacio en el mercado.

Romantizamos la moda pero olvidamos que al final debe ser rentable, y -admitámoslo- competir contra la explotación de la moda rápida es imposible… si lo intentamos solos.

Pero aquí está lo sabroso: junt@s no solo es posible, es inevitable.

La moda venezolana necesita redes de colaboración reales, no de likes, sino de trabajo conjunto. Marcas que compartan talleres, estilistas que impulsen diseñadores emergentes, fotógrafos que documenten procesos y no solo resultados. Que la costurera de La Pastora tenga el mismo valor que la showroom de Altamira.

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