Opinión

La sarrapia también saca pecho

La locución le calza al milímetro a esta especia vernácula y silvestre que aparece como exótico reclamo entre los acordes de notables perfumes, aunque la llamen “haba tonka” en lugar de sarrapia

sarrapia
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Cuando una de sus hijas cumplió 15 años de edad, Guillermo Pacanins Acevedo le regaló un caballo. A él también le apasionaba el hipismo y hasta un haras tuvo: La Quinta. No imaginaría el entonces teniente coronel de la aviación venezolana que casi 70 años después su paternal gesto sería la ecuestre inspiración de un perfume.

Para la adolescente Carolina Herrera, ahora sinónimo de encumbrada moda, Balaclava, su caballo de carrera, era lo más preciado. Natural es, pues, que aparezca en la narrativa de Stallion Leather, lanzado en 2023.

Hace poco llegó a las contadas tiendas donde ofrecen la exclusiva Confidential Collection -que “evoca los recuerdos íntimos y personales de la familia Herrera mediante la alta perfumería”- Stallion Leather Suede.

“Esta versión más profunda e intensa combina notas de salida picantes de jengibre con facetas ahumadas y aterciopeladas de cuero que recuerdan el ante. Están envueltas en especias exóticas: cardamomo, clavo y canela, vainilla de Madagascar y misteriosos almizcles. El haba tonka venezolana y las resinas intensas aportan aún más profundidad”. Sepamos que el haba tonka que declaran en este flanker es lo que por acá conocemos como sarrapia.

Oro ensangrentado, oro tan negro como ciertos tormentos, oro blanco de garzas en desbandada, oro de añil desleído, oro en maracas de cacao dizque maleado con plomo, oro descafeinado, oro nacarado en perlas de ostras extintas. Venezuela ha sido un país de oros dados por la naturaleza y tasados hasta las alturas en mercados foráneos. Entre los vaivenes y bemoles de estos pervive el sillage de la sarrapia.

En El castellano en Venezuela de 1897, la encontramos como “el nombre común de un árbol originario de los bosques de Guayana y que los indios llaman yape y cumarú”. Don Julio Calcaño, autor de ese repertorio, detalla que este árbol “es elevado, hermoso, y exhala un aroma exquisito. Su madera es muy útil para muebles, y su fruto se exporta en grandes cantidades para perfumería. Posible es que sarapia sea corrupción de serapio, serapia, nombre que se le hubiere puesto por lo suntuoso. Los periódicos dicen hoy sarrapia”.

El de sarrapia es el árbol emblemático del estado Bolívar, cuyo ciclo natural obsequia el tapiz violáceo que cubre los suelos de los sarrapiales tras la copiosa floración, o el efluvio que embruja el ambiente cuando cosechan la semilla. Los primeros registros de su exportación desde el sureste de Venezuela datan de 1847, y hacia finales de ese siglo ya era apreciado su uso tabacalero, gastronómico y cosmético gracias a uno de sus componentes: la cumarina.

En 1820 y por separado, el alemán Alfred Vogel y el francés Nicholas Jean Baptiste Gaston Guibourt aislaron del haba tonka el fragante compuesto. El primero lo confundió con un ácido; el segundo sí se percató de la novedad y poco después lo llamó “coumarine”.

La semilla de la sarrapia es la primera especie vegetal de la que se aisló la cumarina; esta la integra entre un 1% y un 3%, aunque en ciertos casos llega a 10%. Pero ya en 1868 el químico británico William Henry Perkin fue capaz de sintetizarla en su laboratorio a partir del alquitrán de hulla, y a la vuelta de unos años se comercializaba como oloroso insumo sintético.

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La cumarina coronaría como el primer ingrediente de síntesis usado en un perfume con el lance en 1882 de Paul Parquet, Fougère Royale, perfume con el que la casa Houbigant abriría el capítulo fougère en la perfumería. Aimé Guerlain no se quedó atrás y en 1889 recurrió a la cumarina “para reforzar el poder olfativo natural del haba tonka y realzar su melosidad” en Jicky, posicionado por Guerlain como el “primer perfume moderno”.

A pesar de la tan preciada exquisitez de sus efluvios, la sarrapia venezolana no llegaría a convertirse en un rubro de exportación con ingentes volúmenes y ganancias, y para mediados del siglo pasado ya mermaban los quintales exportados. La industria, al menos la perfumera, parece preferirla así: exótica, escasa y silvestre, porque de lo bueno poco. En lo que va de siglo, más de cien perfumes declaran entre sus notas “Venezuelan tonka bean”; estos son algunos…

En 2019 Aurélien Guichard ideó Santal Austral para Matiere Premiere. 6 ml cuestan 38 euros y su ingrediente principal es el aceite orgánico de sándalo australiano, pero refuerza su carácter “reconfortante y adictivo” con absolutos de benjuí de Laos y de haba tonka de Venezuela. Ese mismo año, el mismo perfumista concibió Orson para el muestrario 7 Lovers de Carine Roitfeld: espino blanco, nardos e ylang-ylang sobre sándalo, opopónaco y benjuí de Laos con haba tonka venezolana, repite Guichard en el acople que se paga a 255 euros los 90 ml.

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El catalán Santi Burgas creó junto al mexicano Rodrigo Flores-Roux en 2017 “el primer perfume concebido como un palíndromo, ya que puede descubrirse tanto hacia atrás como hacia delante”: Palindrome I. Su composición de cítricos sicilianos, incienso somalí, bálsamo de Tolú, opopónaco etíope y cistus andaluces está aliñada con haba tonka de Venezuela. 100 ml de esta mezcla cuestan 185 euros.

Flåm de Memo Paris. El nombre de este edp del 2021 remite a un pueblito noruego, pero sin ese dato los que somos de acá al olerlo se nos antoja algo tropical con flores blancas, coco y vainilla. La firma explica que “cultivados de forma sostenible por una red de productores en Venezuela, los granos de (haba) tonka se cosechan entre abril y mayo, y después se secan para liberar la molécula olorosa cumarina que le confiere sus cualidades olfativas especiales, delicadamente herbáceas con toques de vainilla y caramelo”. 75 ml cuestan 255 euros.

Con el sello de Jacques Polge Chanel lanzó Allure Homme Sport Eau Extrême en 2012, enfatizando que las notas de los almizcles blancos que lo distinguen “se subliman con el acorde almendrado del haba tonka de Venezuela, desplegando una estela intensamente sensual”. El frasco de 50 ml vale 102 euros.

Essential Parfums es una casa que asegura formular con 89% de ingredientes de origen natural. Para esta Olivier Pescheux firmó en 2019 Divine Vanille, cuya base de notas se la reparten el benjuí de Laos, el pachulí de Indonesia y el haba tonka de Venezuela; “todos producidos de forma sostenible”. Con módicos 22 euros se puede adquirir la presentación de 10 ml.

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La poderosa multinacional suiza Givaudan, responsable de manufacturar insumos de gran calidad para perfumería, apadrina a través de su fundación la iniciativa Sourcing4Good: privilegiar el uso de materias primas de origen responsable en las fragancias. Pues The Merchant Of Venice se suma a la iniciativa con Accordi di Profumo, serie a la que pertenece Tonka Venezuela –creada por Jordi Fernández en 2022– “una fragancia que resalta toda la sensualidad del haba tonka, dándole una faceta más moderna e intrigante con sus matices golosos y delicadamente avainillados”. El frasco de 30 ml se consigue por 65 euros.

Para algunos Boucheron es finísima joyería, para otros un perfume. En realidad es muchísimo más lo primero. Desde 1858 refulge en la plaza Vendôme y a las fragancias se asomaría apenas en 1988. La Colección Boucheron, lanzada en 2017 y motivada por las memorias de los “cazadores de gemas” de la maison, en 2022 sumó a su portafolio Fève Tonka de Canaima bajo la nariz de Alexis Dadier. Se trata de un edp que “se inspira en el Parque Nacional de Canaima, en Venezuela. Una joya de exuberante vegetación que alberga el haba tonka, una especia dulce e intensa con aroma a vainilla cuyo color oscuro evoca el rarísimo diamante marrón de Venezuela. En las culturas nativas del Amazonas se cree que esta fascinante haba perfumada trae buena suerte”. La presentación de 125 ml está alrededor de los 100 euros.

Jordi Fernández, de la plantilla de perfumistas de Givaudan, compuso Oud Stallion para Maison Crivelli. Por una muestra de 5 ml de este edp presentado en 2023 hay que desembolsillar 39 euros. Al oud, la madera de cedro y al acorde de cuero que lo distinguen, el catalán añadió toques de rosa más un especiado popurrí de cardamomo, nuez moscada, azafrán y haba tonka tostada de Venezuela.

Por cierto, Fernández también firma Stallion Leather Suede, de la Confidential Collection de Carolina Herrera (sí, con nombre y apellido completo; no con las iniciales CH que remiten a su línea más pedestre), y 100 ml cuestan unos 220 euros.

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