Venezuela

Militares venezolanos colaboran con la guerrilla

Visten de negro, botas de caucho, armas de guerra, capuchas y han sembrado terror en la frontera, específicamente en San Antonio del Táchira. Se mueven libremente frente a las autoridades militares venezolanas. Ellos son un grupo de la guerrilla colombiana, llamado Ejército Popular de Liberación (EP), más conocidos como “Los Pelusos”.

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Foto: EFE (Archivo)

Se ha venido enfrentando en las calles del pueblo con los paramilitares, que desde hace años controlan ese territorio. Los paracos han actuado en acuerdo tácito con miembros de la Guardia Nacional Bolivariana. El negocio es así:
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela especifica que “La Guardia Nacional cooperará en el desarrollo de operaciones (planificación, ejecución y control de las operaciones militares requeridas para asegurar la defensa de la Nación) y tendrá como responsabilidad básica la conducción de las operaciones exigidas para el mantenimiento del orden interno del país. La Fuerza Armada Nacional podrá ejercer las actividades de policía administrativa y de investigación penal que le atribuya la ley”.
Es la Guardia Nacional la autoridad en la frontera. Es la que tiene el poder de permitir o impedir el paso de personas hacia Colombia, es la que puede prohibir o permitir el paso de productos, sea alimentos, medicamentos o cualquiera que sea rentable para el contrabando.
Desde hace años, cuando llegó el grupo “Las Águilas Negras” hubo un enfrentamiento entre este grupo paramilitar y la GNB, que rápidamente fue solventado en un acuerdo de cooperación y un pacto de no agresión entre el grupo armado irregular y la fuerza pública regular, según confiaron fuentes militares que requirieron el anonimato por razones de seguridad.
Desde el Gobierno Nacional hubo gran indiferencia ante lo que sucedía en la frontera, a pesar de los gritos de advertencia que desde diversos medios de comunicación la población le hizo al Estado venezolano.
Durante años la Guardia Nacional convivió con los paramilitares, aún después que “Las Águilas Negras” fueron desplazadas por otros grupos paramilitares, llamados “Los Urabeños” y “Los Rastrojos”. Es así como se impuso la “vacuna” o el cobro de extorsión, primero a los contrabandistas, al pasar por las alcabalas rumbo a Colombia, y luego a todo aquel comerciante dueño de negocios grandes o pequeños.
Era la Guardia Nacional la que inicialmente cobraba la “vacuna”, pero ante la cantidad de denuncias y el crecimiento vertiginoso de la “gran industria del contrabando”, se aliaron con los paracos, quienes se encargaban de cobrar la extorsión, a través de una figura llamada “El Mosco”. Esta persona recibía el dinero y a cambio facilitaba una clave, que el contrabandista debía suministrar al funcionario militar en la alcabala respectiva, y solo así le permitía el paso sin requisar el vehículo.
Llegó así la época en que los militares ya no eran enviados como un castigo a la frontera, sino que incluso los guardias nacionales empezaron a pagar altas sumas de dinero para ser asignados a las alcabalas fronterizas.
Aunque el producto por excelencia del contrabando era el combustible, con el avance del deterioro económico en Venezuela y la inclusión de mayor cantidad en la lista de productos subsidiados, también se amplió la cesta del contrabando.
Los paramilitares impusieron el “orden”, a través de la amenaza, el sicariato y el secuestro de jóvenes en la región. Durante años, paracos y GNB actuaron con total impunidad, hasta que hace unos meses apareció el Ejército Popular de Liberación (Los Pelusos), quienes han venido secuestrando y asesinando a los paramilitares, a quienes han sustituido en el control de ese territorio.
El comandante Fidel
La primera acción de “Los Pelusos” fue enfrentar a los paramilitares desplazándolos del lugar que usaban como cuartel central, en el sector “Llano Jorge”, de San Antonio del Táchira; ahora el EPL instaló allí su centro de operaciones.
Han ejercido la violencia, asesinando a quienes identifican como paracos, mientras que por otra parte han secuestrado y desaparecido a jóvenes que no creyeron en la advertencia de que se fueran de la zona o serían ajusticiados.
El jefe de “Los Pelusos” es alias “Comandante Fidel”. Él no sólo comanda el grupo guerrillero, también se encarga de las relaciones públicas del grupo, reuniéndose con autoridades, negociando la libertad de los secuestrados y otras gestiones.
El Ejército popular de Liberación ha recibido ayuda de funcionarios del componente del Ejército Bolivariano venezolano, incluso de un oficial de alto rango, quien mantiene comunicación con el “Comandante Fidel”.
Fue él quien permitió que “Los Pelusos” se instalaran en los cambuches, que a ambos lados del río Táchira ocupaba, hasta ese momento, la Guardia Nacional.
Cuesta entender que el Alto Mando Militar no se dé por enterado de lo que está sucediendo en territorio fronterizo y de la participación de oficiales en esa relación de complicidad con la guerrilla.
“Los Pelusos” han ocupado el control de las trochas que la Guardia Nacional compartía con lo paracos. “Yo fui uno de los secuestrados -cuenta un joven contrabandista- a quien la guerrilla capturó hace unos días, cuando me encontraba en un bar del pueblo. Me advirtieron que no volviera a pasar ni una aguja para Colombia porque en caso contrario sería asesinado”.
La Guardia Nacional mantiene silencio y no actúa cuando “Los Pelusos” recorren el pueblo. Los habitantes de San Antonio han reportado, por lo menos, tres tiroteos en el puente internacional “Simón Bolívar”, cuando la guerrilla y los paracos se han enfrentado, sin que la Guardia Nacional dé respuesta a esa acción.
En uno de esos incidentes, quedó entre el fuego cruzado de ambos grupos irregulares, uno de los transportes escolares que traslada niños que van a las escuelas de un lado a otro entre Colombia y Venezuela.
En otro de los tiroteos, un joven de los que atravesaba el puente dejó registrado en video lo sucedido, donde se observa a la gente tirada en el suelo, tratando de evitar las balas; también se vio a funcionarios de la Guardia Nacional inactivos y solo protegiéndose del enfrentamiento entre los irregulares.
Cientos de personas que se disponen a pasar el puente para comprar alimentos en Colombia o quienes hacen cola para sellar su pasaporte, han sido testigos de la presencia de “Los Pelusos”, uniformados, armados y encapuchados mientras la Guardia Nacional solo es un espectador más.
Ha sido frecuente la presencia de la guerrilla en centros nocturnos o de diversión, chequeando la cédula de los hombres y mujeres que están jugando, conversando o bebiendo alcohol. Recientemente, y en una sola noche, se llevaron a unas doce personas, de quienes no se ha vuelto a saber nada. En algunos casos el EPL chequea la identificación de sus objetivos en una computadora, en la que tienen instalada una data de antecedentes policiales y penales.
La Fuerza Armada
La custodia y defensa del territorio y la soberanía, según especifica la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, es competencia esencial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a lo cual se le agrega que la FANB tiene el monopolio de las armas.
No se sabe por qué la Fuerza Armada permite la presencia de grupos irregulares en territorio venezolano, especialmente de la guerrilla, sea ésta Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ejército de Liberación Nacional (ELN), Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL/FPLN) o Ejercito Popular de Liberación (EPL).
Un reportaje audiovisual recientemente dado a conocer al público, por un grupo de periodistas colombianos de El Pais, evidencia la presencia del Ejército de Liberación Nacional en límites entre Táchira y Zulia, bien retirado de la línea fronteriza; incluso se observa a los elenos luciendo los brazaletes de su organización.
El Gobierno venezolano, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ni el Ministerio de la Defensa le han dado una explicación al país.
Lo que ya es indiscutible e inocultable es que los grupos guerrilleros se desplazan a sus anchas en territorio venezolano, con la misma impunidad que los grupos paramilitares, cuya única víctima es la población civil.]]>

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