Venezuela

¿Y si Henri Falcón gana las elecciones?

Creo que, en medio de tanta incertidumbre y desarticulación, viviendo en un país cuya sociedad parece estar encerrada dentro de un laberinto, en realidad podría pasar cualquier cosa. Las elecciones del 20 de mayo, lejos de estar con un resultado cantado como muchos pronostican, tal vez termine simbolizando este período incierto, colocándonos en un escenario diferente.

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Henri Falcon
FOTOGRAFÍA: DANIEL HERNÁNDEZ | EL ESTÍMULO

Henri Falcón es el candidato presidencial de una oposición desunida, ciertamente, pero tiene a su favor el gran rechazo que genera entre los venezolanos la posibilidad de una reelección de Nicolás Maduro, porque le asocia con otros seis años más de desastre y debacle nacional.
Falcón saltó al ruedo, y más allá de lo que ya hemos escrito sobre un escenario que nos conduzca a una transición pactada con el chavismo, en las primeras de cambio al menos dos estudiosos de la opinión pública avizoran un panorama electoral cambiante. Tanto Félix Seijas como Antonio Gil Yépez comentaron en estos días que sí al menos concurre una mitad de votantes a las urnas, y dado el techo que parece tener Maduro, Falcón podría ganar los comicios del 20 de mayo.
Acá no se trata de que Falcón sea el mejor candidato. Sencillamente, el rechazo que genera Maduro es de tal magnitud que ya le otorga una ventaja a quien esté en el ruedo y logre posicionarse.
Muchos han interpretado la candidatura de Falcón como producto de una negociación para legitimar las elecciones. Dichas negociaciones debieron ocurrir, pero en el fondo -desde mi punto de vista- Falcón le garantiza la posibilidad de una transición al chavismo, por ejemplo sacando a Maduro de la presidencia pero teniendo a un nuevo jefe de Estado que cohabite con los otros poderes fácticos del chavismo: Constituyente, Tribunal Supremo, etc.
Además, tras escuchar los primeros planteamientos de Falcón y de su principal asesor económico, Francisco Rodríguez, el esperado ajuste económico que reclama el país, para enderezar el rumbo, lo plantearía un nuevo gobierno en el terreno monetario (dolarización), pero dejando en el rezago otros aspectos cruciales de la herencia económica chavista: gasto público, manejo de empresas estatales, distribución estatal de alimentos, productividad nacional, etc.
Falcón, entonces, podría ser un presidente que “respete” a la ANC y al TSJ, y que tampoco socave -de entrada- el tinglado económico chavista. Ya dio señales públicas de que no tocará al actual alto mando militar. Para muchos venezolanos, en medio de la desesperación, cualquier cambio que implique sacar a Maduro del poder ya es ganancia.
Si Falcón no es el candidato de toda la oposición, Maduro tampoco es el candidato de todo el chavismo. Al contrario, estas últimas semanas han dejado al descubierto la disconformidad que existe en el seno de las fuerzas armadas, la propia división en la cúpula que termina apostando a dos estructuras partidistas, y la relación clientelar que termina ofreciéndole el presidente-candidato a los partidos “minoritarios” del chavismo para que le apoyen.

Esos micro-partidos son necesarios para dar una imagen de fuerza en el tarjetón. Pero no son suficientes en el contexto actual signado por la crisis que se agrava semana a semana, con la desarticulación que vive la sociedad en general y el clima de “sálvese quien pueda” que también se respira entre los más pobres, y no sólo en la clase media como lo quiere hacer ver el gobierno.
Maduro está en una carrera contra el tiempo, y su peor enemigo no es la oposición ni Falcón, sino el desastre nacional producto en buena medida de su gestión y de la herencia que recibió de Chávez.
La imposición de Maduro como candidato, sin ningún proceso de debate público o elección primaria dentro de las filas gubernamentales, lejos de generar paz y unión acrecentó las diferencias. Tales diferencias, además, se agudizan también producto del impacto social y económico de la crisis.
Por personas que estuvieron presente en el debate puertas adentro, hemos conocido de los enfrentamientos abiertos entre Diosdado Cabello y Elías Jaua en relación a cómo enfrentar la crisis económica. La defección de Rafael Ramírez no ha sido por corrupto sino porque cuestionó la reelección de Maduro. La degradación del general Baduel y la detención de Rodríguez Torres han significado un tsunami, silencioso aún, dentro de las filas castrenses.
En medio de todo este clima de divisiones y de guerras internas (en uno y otro lado) creo que es posible que una mayoría de votos respalden a Falcón, precisamente proviniendo del chavismo, pero desligándose de éste para defender la empresa privada (su ruptura con Chávez se originó en la pretendida expropiación de terrenos de Empresas Polar en Barquisimeto).
Que Falcón gane es una posibilidad, sin duda. La gran interrogante es ¿Qué va a pasar si Falcón obtiene la mayoría de votos?

De esto provienen dos interrogantes claves: ¿Un chavismo dividido cerrará filas y se aguantará otros seis años a Maduro? ó ¿Las rupturas en el seno del chavismo, que en este momento tienen peso específico en las fuerzas armadas, abrirán juego a que Falcón sea presidente con la garantía de que no habrá juicios ni sanciones para quienes hoy detentan el poder?]]>

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