Venezuela

¿Y cuándo el chavismo comenzó a preocuparse por el Esequibo?

La presencia de la presidenta encargada Delcy Rodríguez en La Haya, para ratificar ante la Corte Internacional de Justicia que sólo reconocen como válido el Acuerdo de Ginebra de 1966, es una muestra de cómo el chavismo intenta retomar la iniciativa ante Guyana, en relación con el Esequibo

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El 19 de febrero de 2004, en una rueda de prensa conjunta en Georgetown con el presidente guyanés Bharrat Jagdeo, Hugo Chávez pronunció una de las declaraciones más polémicas de su gobierno sobre la disputa territorial por el Esequibo. En medio de un ambiente de distensión regional, Chávez separó explícitamente la reclamación histórica venezolana del desarrollo práctico del territorio. El mandatario se comprometió a que “el gobierno venezolano no va a oponerse a ningún proyecto en esta región que vaya en beneficio de sus habitantes”, citando ejemplos concretos como “proyecto de agua, vías de comunicación, energía, proyectos agrícolas”.

Y fue más allá: ante cualquier iniciativa “más sensible”, ambos gobiernos se activarían de inmediato en una Comisión Binacional de Alto Nivel para buscar “viabilidad”. La estrategia, según sus términos textuales, consistía en “colocar [el tema del Esequibo] fuera del marco de las relaciones económicas, políticas y sociales” y tratarlo “con un perfil distinto, con respeto mutuo y sobre todo en el ámbito donde está, en Naciones Unidas”.

En el mismo acto, Chávez recordó el peso histórico del diferendo: “Hemos estado en Guyana y Venezuela durante mucho tiempo perturbados por el problema fronterizo heredado de los tiempos coloniales”. Analistas de aquella postura, ante la que no cabían discusiones entonces, la veían como un viraje pragmático: Venezuela bajaba el perfil del conflicto para priorizar la integración económica y la petrodiplomacia, con un gobierno que buscaba construir una zona de influencia en el Caribe.

De facto, el Esequibo —ese territorio de 159.500 km² bajo control administrativo de Georgetown desde hace más de un siglo— quedaba abierto al desarrollo guyanés sin veto venezolano inmediato. Chávez no renunciaba a los títulos históricos basados en el Acuerdo de Ginebra de 1966 y el rechazo al Laudo Arbitral de 1899, pero los desconectaba de la cooperación geopolítica. Era, en esencia, una puerta abierta para que Guyana “atendiera” el territorio sin que Caracas lo bloqueara.

El chavismo de entonces, enfocado en Petrocaribe y en tejer alianzas con CARICOM, veía el diferendo como un lastre heredado que podía “congelarse” mientras se construía influencia regional.

¿Y cuándo comenzó a importar el Esequibo?

Todo cambió con el descubrimiento de grandes riquezas en el territorio y sus aguas adyacentes. En mayo de 2015, ExxonMobil anunció un hallazgo significativo de petróleo en el bloque Stabroek, frente a las costas del Esequibo. Desde entonces, la empresa ha confirmado reservas estimadas en más de 11.000 millones de barriles de crudo de alta calidad, además de gas y minerales. Guyana, uno de los países más pobres de la región, pasó a registrar el mayor crecimiento económico del mundo y a convertirse en el mayor productor de petróleo per cápita del planeta.

Además de hidrocarburos, la zona cuenta con importantes yacimientos de oro, diamantes, cobre, bauxita y aluminio.

El chavismo comenzó a preocuparse de verdad por el Esequibo a partir de 2015. Lo que en 2004 había sido una estrategia de “no oposición” se transformó en una defensa activa. Nicolás Maduro endureció el discurso, denunció “provocaciones” de las petroleras y años después promovió el referéndum consultivo de diciembre de 2023.

Ese viraje tiene un punto de inflexión en la ofensiva diplomática de Delcy Rodríguez. El lunes 11 de mayo de 2026, la presidenta encargada de Venezuela compareció personalmente en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Vestida de blanco y con un mapa del país que incluye al Esequibo, Rodríguez presentó miles de folios de evidencia histórica y reafirmó que “ninguna sentencia” de la CIJ será aceptable si no respeta el Acuerdo de Ginebra y el diálogo político directo. Fue su primer viaje fuera del Caribe desde que ocupa el poder.

Antes de volar a La Haya, Rodríguez había realizado tres viajes internacionales, todos dirigidos a países del Caribe: Grenada, Barbados y Trinidad y Tobago.

Analistas ven en esa secuencia una jugada de ajedrez diplomática calculada. Tras años de tensión con CARICOM —que históricamente respalda a Guyana—, la reconstrucción de lazos con naciones caribeñas busca crear un círculo de interlocutores regionales aceptables para Georgetown. Granada y Barbados, dos vecinos con fuerte influencia en la Comunidad del Caribe, y Trinidad y Tobago, con su peso energético y mediador tradicional, podrían actuar como mediadores o facilitadores en un eventual diálogo entre Caracas y Georgetown.

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