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El dilema del petróleo en Guyana: ¿moralidad o desarrollo?

El ingeniero petrolero Jorge Miroslav Jara Salas comparte su perspectiva ante el debate global sobre la sostenibilidad y la transición energética, con un especial enfoque en el desarrollo de Guyana basado en sus reservas petroleras

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“¿Quién tiene derecho a contaminar en el camino hacia el desarrollo? El mundo habla de sostenibilidad, pero olvida su propia historia”. El ingeniero petrolero Jorge Miroslav Jara Salas comparte su perspectiva ante lo que considera un debate injusto sobre el camino hacia el desarrollo de algunos países, como lo es el caso de Guyana, que actualmente se encuentra con la posibilidad de mejorar las condiciones de vida en el país con la explotación de sus reservas de petróleo, una decisión criticada por otros países occidentales. Las potencias que durante décadas contaminaron sin restricciones piden hoy a los países emergentes frenar su crecimiento.

Para el ingeniero Salas, la clave está en un debate técnico y realista, que reconozca que aún millones de personas viven sin acceso digno a energía.

Jorge Miroslav Jara Salas, ingeniero petrolero.

Un salto inesperado

En menos de diez años, Guyana pasó de estar en la periferia económica de Sudamérica a ocupar titulares internacionales gracias al desarrollo de sus reservas en el mar, que son explotadas por la gigante ExxonMobil (en áreas en disputa con su país vecino Venezuela). Para finales de 2025, se espera que alcance una producción de 750.000 barriles diarios, superando incluso a Colombia.

“Guyana, un país pequeño de menos de un millón de habitantes, vive un progreso económico sin precedentes”, señala el ingeniero Jorge Jara Salas. Pero este auge no es un lujo ni un capricho: el petróleo se ha convertido en la llave para mejorar la calidad de vida de su población y detener esa producción sin alternativas sería, como advierte su gobierno, “una condena a la pobreza”.

El crecimiento, sin embargo, no está libre de polémica. El contrato con ExxonMobil (considerado uno de los más favorables para una petrolera a nivel global) deja al Estado con apenas entre 12 % y 15 % de los ingresos, muy por debajo de países como Venezuela o Reino Unido. Pese a ello, las autoridades defienden la decisión como una apuesta por la estabilidad y el futuro desarrollo nacional.

El dilema de Guyana: ¿moralidad o desarrollo?

El auge petrolero ha levantado cuestionamientos de sectores ambientalistas y de gobiernos occidentales, que señalan la contradicción de impulsar nuevos proyectos fósiles en plena crisis climática.

Pero la respuesta de Guyana ha sido contundente: sus selvas y parques nacionales absorben más CO₂ del que el país emite, incluso considerando la futura producción de crudo. Es decir, sigue siendo un sumidero neto de carbono.

“Un periodista inglés cuestionó al presidente de Guyana: ¿no se siente moralmente responsable de contaminar? Y la respuesta fue magistral: ustedes contaminaron el mundo durante décadas, mientras nadie les exigió frenar”, recuerda Jorge Jara Salas. “Y nadie ha pagado a Guyana por ser un pulmón vegetal, tener selvas y bosques intactos”.

La defensa de Guyana es técnica y moralmente sólida. También pone de relieve que los países que ya están desarrollados no tienen el derecho de dictar el ritmo de crecimiento de otros que apenas están comenzando a explotar sus propios recursos y que sacrifiquen oportunidades históricas de progreso.

La era del carbón que nunca terminó

El caso de Guyana no es aislado: refleja la hipocresía de un debate global donde las cifras cuentan otra historia. Aunque la narrativa dominante habla de transición energética, el carbón sigue siendo la principal fuente de energía en el mundo, después del petróleo y el gas.

Según la consultora Ember, 2023 fue un “año récord” en consumo de carbón: más de 8.600 millones de toneladas se quemaron a nivel global, impulsadas sobre todo por China e India. Estos dos países, que concentran más de un tercio de la población mundial, mantienen matrices energéticas para generación eléctrica que dependen en un 70,6 % y 56 %, respectivamente, de este mineral (para el año 2024).

“Es insensato decir hoy en día ‘no quiero el petróleo o el carbón’. En muchos países, esa es la única forma de dar acceso a electricidad a millones de personas”, explica Jorge Miroslav Jara Salas.

China e India, además, han aprobado la mayor capacidad de nuevas centrales de carbón en una década. Para ellos, frenar el carbón sin alternativas reales es simplemente inviable.

“Los países que contaminaron el mundo los últimos 70 años (porque nadie les cuestionó todo el carbón y el petróleo que generaron) ahora exigen a los que están en desarrollo que frenen. Eso es una hipocresía”, sentencia el ingeniero.

Tecnología y realismo en la transición

El debate, para Jorge Jara Salas, no debería ser moral. Explica: “La clave está en el balance de poder tener todas las perspectivas sobre la mesa y no hacer un debate que no tenga sentido técnico”.

Una transición energética justa no pasa por prohibir, sino por sustituir de manera ordenada. El gas natural aparece como la opción más viable para reemplazar al carbón, ya que emite hasta un 50 % menos de CO₂ en generación eléctrica.

El ingeniero Jorge Jara Salas también advierte que muchos no son conscientes de la escala de las renovables: “Para que se pueda generar lo que produce una planta eléctrica geotérmica, se necesitaría un campo solar casi del tamaño de media ciudad”.

El verdadero punto de inflexión, añade, no será político, sino tecnológico: “El día que encontremos un producto que pueda reemplazar al petróleo y al gas no solo para combustible, sino también como materia prima para fertilizantes o plásticos, ahí habrá un cambio real. Pero todavía no hemos encontrado la fórmula perfecta”.

¿Justicia climática o hipocresía?

Guyana es hoy un espejo que refleja las contradicciones de la transición energética. Mientras sus selvas compensan con creces sus emisiones, se le exige frenar un desarrollo que podría sacar de la pobreza a su población.

La verdadera pregunta sigue sin respuesta: ¿quién tiene derecho a contaminar en el camino hacia el desarrollo?

Para Jorge Jara Salas, el enfoque debería estar en lo urgente y posible: “El verdadero foco sería eliminar el carbón y generar políticas globales realistas. Solo así podremos balancear sostenibilidad con desarrollo humano”.

Guyana, con sus tulipanes de petróleo en pleno florecimiento, nos recuerda que la transición energética no puede construirse desde la hipocresía, sino desde la equidad y la innovación.

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