¿Transición o «zona gris»?: Laboratorio de Paz analiza el momento político de Venezuela
El Laboratorio de Paz advierte que, tras los eventos de enero y agosto, Venezuela atraviesa un escenario de incertidumbre en el persiste un problema de legitimidad y soberanía condicionada. Esto es lo que recomienda
¿Hacia dónde va la transición venezolana? ¿Comenzó el 3 de enero o el 1 de agosto como indicó el secretario de Estado Marco Rubio? ¿Hay realmente avances o solo cuesta verlos? Esas son preguntas que casi todos los venezolanos se han hecho en lo que va de año. La incertidumbre es parte la cotidianidad porque no hay una respuesta certera frente a momentos que apenas se desarrollan. Sin embargo, el Laboratorio de Paz busca ofrecer luces en su informe «Un mes después del 1A: ¿Toda transición conduce a la democracia? La ‘zona gris’ de Carothers como alerta para pensar el momento venezolano», publicado este 1 de septiembre.
La organización es clara: «Venezuela cambió después del 3 de enero. Lo que todavía no conocemos es la dirección definitiva de ese cambio». El Laboratorio de Paz identifica problemas no resueltos que hacen evidente esta realidad y actualmente son reclamos legítimos de la sociedad.
El principal es que «la legitimidad política que continúa sin resolverse». El informe destaca que esto no es algo que inició el 3 de enero, sino el 28 de julio de 2024 con «la imposibilidad de las autoridades de demostrar, mediante resultados desagregados y verificables, la victoria que atribuyeron a Nicolás Maduro».
Ese problema se agudizó con su captura en enero, pues «Delcy Rodríguez ejerce actualmente el poder sin haber sido elegida para la Presidencia y a partir de una interpretación constitucional controvertida sobre la ausencia de Maduro. Su capacidad efectiva para gobernar, administrar el Estado y negociar con otros gobiernos no resuelve por sí misma el déficit de legitimidad democrática».
También agrega que «la soberanía política está condicionada» porque las «decisiones económicas, políticas e institucionales dependen, en distinta medida, de incentivos, presiones y acuerdos entre ambos gobiernos (Estados Unidos y Venezuela)».
Y lo que no es menos importante: el doblete sísmico agravó las condiciones de emergencia humanitaria compleja y aunque la apertura política es real todavía resulta «limitada y reversible».
¿Agosto de transición?
«El último mes (agosto de 2026) ha producido cambios relevantes», esa es una de las primeras reflexiones que conduce este análisis.
El informe resalta que parte del proceso inició con la mesa de diálogo entre el gobierno interino y un sector de la oposición, los «acuerdos para renovar el Tribunal Supremo de Justicia, negociaciones sobre el Consejo Nacional Electoral, excarcelaciones de presos políticos y una mayor tolerancia hacia algunas expresiones críticas. Sin embargo, advierte que «ninguno de esos avances garantiza por sí mismo una democratización del país».
El Laboratorio de Paz señala: «Salir del autoritarismo no significa necesariamente estar avanzando hacia la democracia. Una sociedad puede abrir espacios de participación y seguir reproduciendo estructuras de poder profundamente antidemocráticas». De ahí, que el país pueda entrar en lo que Thomas Carothers denominó la «zona gris».
Hay que entender la «zona gris»
Esta organización explica que «Carothers llamó “zona gris” al amplio umbral entre la dictadura abierta y la democracia».
En la zona gris pueden coexistir: «Partidos de oposición, sociedad civil independiente, elecciones e instituciones formalmente democrá ticas con déficits graves de representación, participación, Estado de derecho, legitimidad electoral y funcionamiento institucional»
Pero «apertura no es lo mismo que liberalización, y liberalización no es necesariamente democratización. Una sociedad puede recuperar ciertos espacios de expresión, organización y negociación sin que hayan cambiado todavía las condiciones estructurales que impiden una competencia democrática efectiva».
«Necesitamos mirar más allá de la fotografía del momento», dice el Laboratorio de Paz. Además, exhorta a cambiar la forma en la que se cuestiona lo que ocurre. Más que «¿cómo va la transición democrática?», la pregunta debería ser más analítica: «¿Qué está ocurriendo políticamente?».
Un punto que destaca, por ejemplo, es la variable del tiempo. En Venezuela, no solo se cuestiona el cómo va el proceso, sino cuánto falta. Con sentido, pues son más de 25 años bajo el mismo mandato.
Frente a esto, el informe señala: «Decir que una transición necesita tiempo puede ser una observación razonable. Se convierte en un problema cuando el tiempo deja de ser una variable a analizar y se transforma en un argumento para suspender el escrutinio público».
Expectativas y los hechos
El Laboratorio de Paz señala que desde el 3 de enero, las negociaciones con Estados Unidos se mueve en «varios niveles». Un nivel que es visible y venezolano, como la mesa de diálogo; y otro es hermético y «ocurre en la relación entre Miraflores y Washington y posee capacidad para incidir sobre decisiones fundamentales».
¿Es malo o bueno esto para la resolución de un conflicto como el venezolano? No necesariamente, pero la «coexistencia tiene consecuencias para la participación y la rendición de cuentas».
Un factor clave es que «la mesa venezolana (cuyos representantes opositores sí pueden estar bajo escrutinio público) no concentra necesariamente el poder de decisión sobre los asuntos fundamentales del conflicto. Esto puede colocarla en una posición subsidiaria respecto de una negociación principal sobre la cual la ciudadanía posee todavía menos infor- mación y capacidad de incidencia».
«Importa que la sociedad pueda conocer las reglas, comprender los objetivos, evaluar los resultados y ejercer alguna capacidad de incidencia sobre decisiones que afectan su futuro», indica el informe.
De ahí que el Laboratorio de Paz exhorte a evaluar la mesa de diálogo «por sus resultados concretos, pero también por algo menos evidente: qué relaciones de poder modifican esos resultados».
Un ejemplo: «Si el TSJ y el CNE son renovados, no bastará contar cuántos representantes cercanos a cada sector fueron designados. Será necesario evaluar si los mecanismos utilizados aumentan efectivamente su autonomía e institucionalidad».
Lo mismo habrá que hacer con los presos políticos que excarcelen: reconocer la importancia de que regresen a sus hogares, pero no ignorar que «la privación arbitraria de libertad sigue siendo una violación de derechos humanos que genera obligaciones para el Estado».
¿Qué puede hacer la sociedad?
Una de las principales preocupaciones del informe, aparte de la tendencia a la suspensión del escrutinio público, es la delegación progresiva de la iniciativa política.
«Actores políticos, organizaciones sociales, gremios y ciudadanos pueden comenzar a esperar señales externas antes de actuar, moderar demandas para no interferir con negociaciones que desconocen, posponer debates porque “todavía no es el momento” o asumir que determinadas reformas llegarán inevitablemente como consecuencia de los acuerdos entre Washington y Miraflores. La tutela, por tanto, puede convertirse en un mecanismo de autocontención», explica.
¿El problema es la participación internacional? No. Va más allá de eso: «La cuestión es evitar que esa capacidad sustituya progresivamente la iniciativa de la sociedad venezolana».
Según el Laboratorio de Paz, algunos pasos para contribuir a la recuperación de confianza y espacios pueden ser:
Construir una agenda propia, que no dependa exclusivamente de las prioridades de quienes negocian.
Incidir sobre las decisiones públicas mientras el proceso continúa abierto.
«La democracia no será solamente el resultado de lo que acuerden quienes hoy negocian. También dependerá de las capacidades que la sociedad venezolana consiga reconstruir mientras esas negociaciones ocurren», destaca el informe al final.
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