
Ante las penurias sociales, los propios ciudadanos ponen el hombro para que otros puedan sobrellevar mejor la crisis. Ayudar se convierte en misión de vida inesperada cuando el entorno nacional golpea con fuerza. La indiferencia se espanta entre amigos que salen a la calle a dar lo que puedan, sin mayor apoyo que el de sus familias y propias posibilidades.