Terremoto en Venezuela

Dos meses después: los vecinos de Caraballeda siguen rescatando lo poco que queda de sus hogares

Los residentes regresan al edificio para rescatar sus últimas pertenencias de una estructura que quedó gravemente afectada por el terremoto. Mientras algunos intentan salvar lo que puedan, otros ya dan por perdido su hogar en La Guaira

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En el edificio Carolina Mar, los vecinos todavía están desarmando lo que queda de sus apartamentos. Ventanas, muebles, espejos y algún que otro recuerdo que pueda habitar en sus nuevos hogares que, por ahora, están lejos de La Guaira.

Entrar al edificio Carolina Mar, ubicado en Caraballeda frente al edificio Parque Caraballeda —donde todavía algunos familiares buscan los cuerpos de sus seres queridos—, es entrar a una estructura en riesgo. Los vecinos que le dieron permiso al equipo de El Estímulo para documentar cómo habían quedado sus apartamentos advierten que quienes suben lo hacen a su propio riesgo, porque la edificación está bastante comprometida.

Un cartel se lee al entrar: «Ya fuimos saqueados». Y aunque afirman que el edificio está vigilado, la cara de resignación de los vecinos al sacar las pocas cosas que quedaron lo dice todo. «Ya estoy cansada, no quiero seguir viniendo para acá», dice una de ellas, que fue a llevarse sus últimas pertenencias.

Cartel en las residencias Carolina Mar. Foto: Daniel Hernández

Aunque lo vivido fue terrible, ella sabe que La Guaira es su lugar. «Nacida y criada en La Guaira», dice con orgullo, porque sabe que esa tierra no la va a encontrar en ningún otro sitio. Con la frente en alto, decidida, dice que no se va a ir: volverá cuando se pueda.

Años de trabajo perdidos

Llegar a comprar un apartamento en Venezuela no es una meta que se cumple fácil, sobre todo después de los años de crisis económica que han marcado al país. El que lo logra lo celebra porque sabe lo que le costó. Perderlo de un día para otro significa darle al botón de reset y volver a empezar una historia a la que ahora se le agrega incertidumbre y dolor.

Una vecina del edificio La Gabarra, a pocos kilómetros de Caraballeda, cuenta que ese era su primer apartamento. «Un esfuerzo perdido», dice sentada en la entrada del Carolina Mar, donde ayudaba a su amiga a sacar las cosas de su apartamento.

«Aquí no murió nadie», dice una de ellas. Pero más allá de eso, saben que sí hubo pérdidas: pérdidas materiales que costaron conseguir, pérdidas de espacios que mantienen un recuerdo vivo, pérdidas de sueños que faltaron por cumplirse.

Las residencias Carolina Mar están situadas en una zona complicada. Al frente, los escombros de un edificio donde sus víctimas todavía esperan ser encontradas. Detrás, lo que fueron los edificios de la OPP, que cada día se parecen más a un terreno baldío.

Desde allí, el paisaje parece resumir lo que dejó el terremoto: edificios que ya no pueden ser habitados, apartamentos que se vacían poco a poco y familias que intentan rescatar algo de la vida que construyeron durante años.

Carolina Mar todavía guarda muebles, fotografías y recuerdos que sus vecinos se resisten a dejar atrás. Pero cada objeto que sale por la puerta también marca una despedida.

No saben cuándo podrán volver, ni siquiera si podrán hacerlo al mismo lugar. Lo que sí tienen claro es que, aunque hoy La Guaira parezca irreconocible, para muchos de ellos sigue siendo casa. Y mientras esperan una respuesta sobre qué pasará con sus edificios, se llevan lo que pueden, cierran las puertas y dejan atrás una vida que, hasta el 24 de junio, todavía estaba en pie.

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