El nuevo libro de Rafael Arráiz Lucca, “José Antonio Páez, del mito al hecho” va por su segunda edición en menos de un año. Una biografía que no solo acerca a los lectores a la vida del prócer marginado por el chavismo, sino que también esclarece algunos episodios que la historiografía ha romantizado
“O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano”, le dice Harvey Dent a Batman en “Batman: El caballero de la noche”, la película de 2008. Si extrapolamos esa frase desde la ficción a la historia de Venezuela, pudiera definir perfectamente al José Antonio Páez que presenta Rafael Arráiz Lucca en su nueva biografía, publicada bajo el sello editorial de Artesa.
El libro «José Antonio Páez, del mito al hecho» -de 208 páginas- ya va por su segunda edición y representa un esfuerzo para acercar a Páez a la gente y también para contribuir con la desmitificación de un hombre del que se ha dicho mucho, pero, aunque suene paradójico, se ha escrito bastante poco.
―¿La frase de Harvey Dent aplica para José Antonio Páez?
―Ciertamente las vidas largas traen el riesgo de equivocarse con mayor contundencia y, en efecto, si alguien se arrepiente de sus últimos años es el propio Páez en su Autobiografía. La termina en 1850 -falleció en 1873- y dice: “Termino, pues, la historia de mi vida donde debió haber acabado mi carrera política”. Reconocía el error que fue haber asumido la dictadura durante la Guerra Federal. Pero de villano el general Páez no tiene nada, aunque tampoco he escrito la biografía de un carmelita descalzo.
―¿Por qué escribir sobre José Antonio Páez? En la historia no hay temas ni personajes agotados, pero ¿por qué seguir escribiendo sobre los protagonistas de la Independencia cuando es el período histórico más estudiado en nuestra historiografía?
―En verdad, Páez ha sido muy pocas veces biografiado, si lo comparas con sus compañeros de gesta. En cuanto a volver a historiar el período de la independencia, pues lejos de estar agotado, es una obligación y un placer hacerlo. Ofrece desafíos atractivos y siempre será necesario visitar el pasado desde las atalayas del presente. Además, se ha hecho mucha mitología y yo intento ver los hechos y valorarlos con ecuanimidad. Por otra parte, es evidente que Páez traza una parábola vital fascinante. Encarna en muchos sentidos la venezolanidad. Súmale a todo esto que, por razones profesionales, conozco muy bien el mundo editorial venezolano y desde hace muchos años no se consigue una biografía de Páez en las librerías. Tanto es así que en pocos meses se agotó la primera edición de esta y ya sale la segunda. Hacía falta.
―¿Por qué la visión que conocemos de Páez ha estado marcada por esa idea del llanero, casi descalzo, pobre, sin conocimiento alguno? ¿Por qué se inventa eso?
―Porque nos seducen mucho estas historias del self made man, del tipo que viene de abajo y vence todos los obstáculos. Porque la mitología del héroe nos fascina y Páez lo fue. La verdad es que pertenecía al equivalente de la clase media de hoy en día y, además, él mismo dice que a los 20 años era rico, que se ha casado con la heredera más rica del pueblo y él mismo ya es poseedor de tierras y ganado. Aprendió a leer a los seis años y manejó números en el almacén de su tío Domingo, en San Felipe, entre los 10 y los 17. Claro, no era Ribas, Soublette, Bolívar, Urdaneta, todos muchachos de las élites. Pero su padre buscó certificado de “limpieza de sangre” y lo obtuvo. Eso no era posible para un “pata en el suelo”. También ocurre que la pobreza nos parece buena, siempre dentro de los parámetros del catolicismo. Un error monumental.
―¿A qué se debe la concepción de Páez como un traidor? ¿Ha sido exclusiva de esta historia oficial que se difunde desde el gobierno? ¿Cuál ha sido el peso del bolivarianismo en eso?
―La idea de Páez como un traidor es muy vieja. Desde que Guzmán Blanco articula el culto bolivariano en 1883 se comenzó a producir una extrapolación del mito cristiano de Judas, y los traidores de Bolívar pasaron a ser dos: Santander y Páez. Basta leer los centenares de cartas entre Bolívar y Páez para advertir la mutua y enorme admiración que se tenían. Si Bolívar despertara de su descanso eterno se espantaría con lo mal que han tratado a su amigo José Antonio. Le atribuyen a Páez la separación de Venezuela de Colombia, cuando muchísimos venezolanos pedían la separación. La verdad es que el proyecto integracionista concebido en los términos centralistas en que lo dibujó Bolívar era improbable que tuviera éxito. No puede atribuírsele solo a Páez la separación.
Fotos: Diego Vallenilla (@dieguisimo)
―Usted comenta en el libro que el culto a Bolívar arranca con Guzmán, pero John Lynch dice que fue en 1842, bajo el gobierno de Páez. ¿Páez contribuyó con la adoración y culto a Bolívar?
―Es cierto, Páez trae los restos de Santa Marta y designa a Rafael Urdaneta como el sumo pontífice del culto en 1842, pero este muere en 1845 en París, del famoso cálculo, y, en verdad, quien instituye con todo el peso de su inmenso poder el culto bolivariano es el hijo de Carlota Blanco Xerez de Aristeguieta, la prima de Bolívar y Soublette: Antonio Guzmán Blanco.
―Páez y Bolívar se parecen más de lo que pensamos: más allá de sus diferencias relacionadas con su propio contexto, de ambos se destaca su participación en la guerra, pero poco se habla del Bolívar jefe de Estado, y lo mismo ocurre con Páez, de quien destaca siempre su actuación en la guerra y no tanto como presidente.
―Es cierto, ambos fueron jefes de Estado. Bolívar, de la República de Colombia entre 1819 y 1830, y Páez de la de Venezuela en dos oportunidades. En verdad, Bolívar delegó en el vicepresidente Santander casi toda la administración, pero Páez no. Páez gobernó muy bien asesorado por Santos Michelena, en llave con Soublette. En mi biografía me ocupo con detalle de sus dos gobiernos, período en el que el crecimiento económico fue enorme; allí están las cifras del profesor Asdrúbal Baptista que lo comprueban.
—¿En qué se basó el éxito económico del primer gobierno de Páez?
—Entendiendo que fueron esas medidas liberales, ¿fue Páez el primer presidente liberal de nuestra historia?
—El primer presidente liberal de nuestra historia fue Bolívar, que presidió la República de Colombia entre 1819 y 1830, y nosotros formábamos parte de esa República. Para esa época el socialismo no existía, el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels es de 1848; de tal modo que todos eran liberales, unos más conscientes y otros menos.
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