Desde Canaima, Jasmín Manrique cumplió su gran sueño con la Orquesta Nacional Juvenil
Vive en Audan Tüpü, en Canaima. Y desde allí salió con su violín a tocar en Bogotá, Los Ángeles y en el Carnegie Hall de Nueva York. Jasmín Manrique vivió su wenepötök con la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela y lo cuenta aquí en primera persona | Por: Martha Partidas
En mayo 2025, Jasmín Manrique audicionó, con alrededor de otros 5.000 jóvenes, para optar a un puesto como violinista en la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela. El 6 de junio de 2025 llegó la noticia: Javier Lezama (violín), José Aray (chelo) y Jasmín Manrique, los tres de Canaima, habían sido seleccionados para formar parte de la orquesta que reúne a los niños y jóvenes más talentosos del país.
La de Jasmín es una voz cargada de pureza, de alegría, de ilusiones. Su relato del viaje de este año a Estados Unidos con su violín y la orquesta, el encuentro con el maestro Gustavo Dudamel en Los Angeles, su mirada sobre Nueva York, es una melodía que se funde con la belleza del paisaje; va camino a la laguna, atrás van quedando los caminos rojos de tierra. Su rostro se ilumina con cada recuerdo. Es un crescendo de emociones, la armonía perfecta entre el cielo y la tierra, una oda a la inocencia.
Jasmín en primera persona
Yo estaba muy feliz. He salido varias veces a Caracas cuando tenemos seminarios o actividades con la Nacional Infantil, pero esta vez era diferente: íbamos a otro país, y yo siempre había soñado cómo sería eso: ir a otro país. Una de las ciudades que incluía la gira era Nueva York; la veía en mi comiquita favorita,La vida secreta de mi mascota. No podía creer que pronto estaría ahí en persona.
Toda esa semana practiqué el repertorio con mi papá; de la emoción no dormí la noche antes de irnos. Lo primero que revisé, la mañana del viaje, fue el violín, lo más importante. Gabriel y yo salimos de Canaima el 11 de julio. Llegamos a Caracas antes que el resto de la orquesta porque de Canaima solo se puede salir domingo o jueves. Nos hospedamos en el Hotel Meliá. Los demás niños, que venían de los otros estados, llegaron por bus al día siguiente. Me puse muy contenta de ver nuevamente a mis amigas, especialmente a una que es violinista de Apure, y a otras dos que son una cornista y otra chelista de Caracas.
Salimos de Maiquetía el 14 de julio. Con nosotros venían nuestro director artístico, Andrés David Ascanio; el director ejecutivo, Eduardo Méndez; varios profesores y los guías: un grupo de 205 personas. La orquesta sola éramos 172 músicos. Me parecía increíble ver todo el avión ocupado por nuestra delegación. También estaba el tema del traslado de los instrumentos; a los que llevábamos instrumentos pequeños, nos permitieron llevarlos con nosotros; los instrumentos grandes iban por carga. Eso fue una suerte porque podía tener mi violín cerca.
La primera parada fue Bogotá; nos quedamos en un hotel. El 17 de julio nos presentamos en el “Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo” y nos dirigió Andrés David. Duramos cuatro horas tocando el concierto completo porque era un repertorio muy largo: «Short Ride in a Fast Machine» de John Adams, la «Sinfonía No. 5» de Shostakovich, «Mediodía en el Llano» de Antonio Estévez y las «Danzas del ballet La Estancia» de Alberto Ginastera. Yo pienso que lo hicimos muy bien porque el público aplaudió muchísimo.
De Bogotá seguimos a Los Ángeles; un grupo se fue por Miami y otro por Houston. Íbamos a participar en el “Festival de la Juventud YOLA (Youth Orchestra Los Angeles)”. Yo estaba demasiado emocionada, no dejaba de mirar por la ventanilla. Cuando aterrizamos y vi por primera vez la bandera de Estados Unidos, sentí ganas de llorar. Nos quedamos en los dormitorios de la Universidad del Estado de California y al día siguiente pasó algo inolvidable: conocí a Gustavo Dudamel. Fue durante el primer ensayo en el “Beckman YOLA Center”, que es la sede principal de YOLA. Llegó vestido de negro y sonriendo, nos saludó y habló muy bonito. Yo quería tomarle una foto para que mi papá la viera, pero no podía. Algunos ya lo conocían porque en 2022 había venido a Venezuela a dirigir la Orquesta Nacional Infantil. Yo tenía muchas ganas de llorar porque había viajado desde mi comunidad, desde Canaima hasta Estados Unidos, para conocerlo.
Al terminar el ensayo, él salió y nadie pudo tomarse fotos. Yo salí de última y me encontré a Andrés David; le dije que quería una foto con Gustavo y me dijo: «Vamos a ver», porque él estaba en ese momento en una reunión. Pero cuando yo pasé, lo vi sentado hablando con el profesor Ulyses a través de una ventana transparente. Aproveché y saludé a Ulyses, y él me hizo una seña para que entrara. Sentí lágrimas cuando vi a Gustavo Dudamel tan cerca. Ulyses le dijo: “Ella es Jasmín, viene de Canaima”. Estaba tan emocionada que no podía hablar, solo pensaba en mi papá y en tomarme una foto para enviársela. Entonces Gustavo dijo: “¡Ah, de Canaima! Algún día, cuando tenga tiempo, voy a ir”. Nos tomamos dos fotos y se las mandé a mi papá. Cuando las vio, me dijo que estaba orgulloso de mí y de mi esfuerzo y que se las iba a enseñar a los niños del núcleo de Canaima. Fue el día más feliz de toda la gira.
El próximo día ensayamos en el Walt Disney Concert Hall y después fue el concierto que dirigió Gustavo. ¡Estabafull! Tocamos nuestro repertorio y también tocamos con la orquesta de YOLA la “Fanfarria Olímpica” de John Williams y la “Marcha Húngara” de Brahms. Como último tema presentamos el “Mambo” y fue muy emocionante porque en ese momento la concertina (bueno, en realidad son cuatro y se rotan) le entregó su violín al maestro Gustavo y él tocó con nosotros mientras ella dirigía; la gente se emocionó mucho y empezó a gritar y a aplaudir.
En Los Ángeles nos llevaron a Hollywood; yo quería conocerlo para tomarle una foto al cerro que dice “Hollywood”. En la tarde fuimos al Hollywood Bowl y me impresionó porque era grandísimo; estaba tocando la Filarmónica de Los Ángeles. Mi artista favorita es Billie Eilish y ella, en 2021, cantó ahí con Gustavo Dudamel su álbum Happier than ever; no podía creer que yo ahora, en 2024, estaba en ese mismo escenario. Otro día fuimos a Universal Studios; todavía tengo guardada como recuerdo la bandita que nos pusieron en la muñeca para entrar; fue el día que más gozamos. En la tienda de Nintendo y de Minions compré peluches y cositas así. Nos montamos en varias atracciones, pero la única que me dio un poco de miedo fue la de Harry Potter.
La próxima ciudad fue Nueva York. El vuelo fue largo, pero no pude descansar pensando que pronto se iba a cumplir mi gran sueño de conocer esa ciudad. Al llegar, yo me emocioné mucho viendo las casas y los rascacielos como los de las películas. Eso me impresionó porque pensaba en Canaima, aquí no hay edificios y todas las casas son de un solo piso. Nos quedamos en el campus de la Universidad del Estado de Nueva York, que tenía su propio teatro, y lo usamos para el primer ensayo. Le pregunté a Gustavo si podía grabar un video para mandar saludos a los niños del núcleo de Canaima, y él dijo que claro que sí. Entonces lo hicimos y se lo envié a mi papá, que se lo mostró a todos aquí.
Al otro día, dos de agosto, era nuestro concierto en el Carnegie Hall. Estábamos participando en un festival que se llamaba “World Orchestra Week” y había orquestas de Europa, África, Afganistán y Beijing. Me sentí muy orgullosa al entrar porque nunca había estado en un teatro tan elegante y hermoso; la gente era muy estricta.
Primero presenciamos a una orquesta de Nueva York (desde el público) y después, en la noche, tocamos nosotros. Aunque siempre tenemos que estar bien vestidos para los conciertos y las guías nos ayudan a arreglarnos, esa noche yo traté de que toda mi ropa estuviera perfecta. En el Carnegie Hall fue donde más me inspiré, disfruté de la música como nunca lo había sentido porque como éramos muchos, sonaba muy profesional, además de que era Gustavo Dudamel quien nos estaba dirigiendo.
Primero cantamos “Madrigal” del maestro Abreu, después tocamos “Mediodía en el Llano”, las cuatro danzas de La Estancia, la Quinta Sinfonía de Shostakovich y terminamos con el “Mambo”. Yo estaba preocupada porque la Quinta de Shostakovich es muy larga, tiene cuatro movimientos y el concierto solo podía durar tres horas porque si no, nos cobraban más de 1.000 dólares. Yo estaba pensando en eso, pero al final nos quedaron diez minutos y pudimos tocar el Mambo y salir súper rápido.
Al día siguiente era libre. Yo creía que iríamos a Central Park o Times Square, pero no fue así. Salimos al mediodía en bus (el maestro Dudamel no vino con nosotros) y llegamos al río; ahí ya me imaginé que iríamos a ver la Estatua de la Libertad, que era otro de mis sueños. Hacía calor, era un día soleado y había mucha gente. Nos montamos en un barco con otras personas y empezamos a navegar. De lejos se podía ver la estatua, los puentes y hasta Brooklyn. Le pasamos muy cerca y, aunque no nos bajamos, yo igual me emocioné. Otra cosa que me gustó ese día fue que almorzamos en el barco.
De Nueva York nos fuimos a Chicago; tocamos en el “Ravinia Festival”. Solo nos quedamos dos días, por lo que no dio tiempo de salir a conocer. La próxima parada fue Boston, pero no la propia ciudad, sino en Berkshire, que es en donde se hace el festival de “Tanglewood”. Ese era nuestra última presentación de la gira. Algo muy especial fue que en todos los conciertos tocamos “Fuga con Pajarillo” porque a la gira también vinieron algunos miembros de la Orquesta Alma Llanera; como la mayoría del público era venezolano, sacaban banderas y la gente gritaba “¡Viva Venezuela!”.
En Massachusetts nos hospedaron en el campus del Bard College. No había edificios, sino casas muy bonitas ordenadas como en una comunidad y muchos bosques. A mí me tocó dormir sola y me daba miedo porque el ambiente se parecía a las películas de terror: mucho silencio, solo, oscuro y si te asomabas por la ventana no se veía nada. Además, los árboles eran altísimos, gigantes. Comíamos casi siempre en losbuffets; servían hamburguesas, pizzas y muchas cosas fritas, pero yo, hacia los últimos días, ya extrañaba la comida de mi casa.
¿Qué fue lo que más me gustó de toda la gira? Es una pregunta difícil. Donde más disfruté tocar fue en Nueva York porque me sentí muy profesional; las ciudades que más me gustaron fueron Los Ángeles, porque hicimos muchas actividades aparte de la música, y Nueva York porque era muy bonita y grande. Tú sabes que para entrar a la Orquesta Nacional Infantil hay que estudiar mucho; solo escogen a los mejores mediante audiciones. Yo lo que más quería era que mi papá se sintiera orgulloso de mí porque él es mi profesor y se esforzó mucho para que yo pudiera ser admitida a la orquesta y tener oportunidades como esta de participar en una gira por otros países. Nunca pensé conocer los teatros más importantes del mundo y menos aún al maestro Gustavo Dudamel.
Regresamos a Canaima el 15 de agosto. En el aeropuerto me esperaban mi papá, mi mamá y mis compañeros del núcleo; tenían globos y letreros para darnos la bienvenida. Cuando se abrió la puerta del avión y los vi, sentí ganas de llorar de la emoción. Pero también sentí mucho orgullo porque con mi violín, con mi música, había dejado en alto el nombre de la comunidad de Canaima.