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Año nuevo: Mi deseo para ti

Ricardo Adrianza habla de los rituales cada fin de año y resalta el más importante de todos: la transferencia de abrazos que se despliega cuando suenan las 12 campanadas

Año nuevo: Mi deseo para ti

Las reuniones de fin de año son particularmente especiales. Cada familia tiene sus rutinas, pero diría que lo que es realmente especial y no cambia nunca, es la transferencia de abrazos que se despliegan una vez el reloj aterriza en las doce y llega el año nuevo.

Los diversos rituales incluyen el uso de ropa interior de color amarillo que simboliza la buena suerte y dinero, y los más supersticiosos, la usan de color rojo para asegurar el amor en el próximo año.

Otro ritual muy practicado y que es utilizado para sacar las malas vibras es tirar un vaso de agua hacia fuera de la casa, que según la tradición aleja las lágrimas y las situaciones negativas. Los que desean ser más contundentes en sus deseos, suelen tirar un balde de agua.

Para asegurar la abundancia en el hogar, algunos colocan doce semillas de lentejas en el bolsillo de cada miembro de la familia, o bien las preparan y la ponen en el centro de la mesa a la espera de que cada comensal coma su cucharada.

Existe otra muy particular cuya acción se resumía en tomar una maleta y salir de la casa a dar una vuelta y así asegurar un viaje en el naciente año.

maleta 2021 Año nuevo

Foto Ketut Subiyanto / Pexels

Por último, uno para mí muy recordado – y diría el más practicado – es comerse las doce uvas al ritmo de las campanadas y con cada bocado pedir un deseo. Las doce uvas delante de cada comensal simbolizan los 12 meses del año. La última en comer debe coincidir con el último minuto de las 24 horas del 31 de diciembre. Además, una creencia popular señala que todos aquellos que se terminen las 12 uvas en los primeros 60 segundos del año nuevo tendrán buena suerte durante los siguientes 365 días.

uvas 2021

 Y así, un sinfín de rituales cuyo principal objetivo es engranar las fuerzas para encarar el nuevo año con la mejor disposición.

Puedo imaginar a millones de familias planificando el mejor ritual para despedir el año 2020, que será recordado por la inmensa mayoría como el año del coronavirus, de las mascarillas, el confinamiento y la suspensión de los abrazos.

No soy un promotor natural de los rituales comentados, pero en mi familia nunca fallan las 12 uvas dispuestas a cada integrante de la familia, que conscientemente se esmeran en reforzar su lista de deseos. De hecho, no como las uvas. Prefiero reemplazarlas por los abrazos que dispenso con la misma determinación y fuerza que los reparto a diario.

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En mi filosofía de vida, el abrazo es el mejor impulsor de los deseos, de la buena suerte y una fuente inagotable de cariño, respeto y amor.

Además del abrazo de fin de año, mi mejor ritual es poder recibirlo con quienes iluminan mi vida: esposa, hijas y ahora, con mis nietos. No hay mejor fuente de inspiración para enfrentar un nuevo año que despedir el que termina rodeado de la familia.

Tal vez esa práctica sea heredada de mis padres, pero la energía que nace cuando se hace realidad es indescriptible y estoy muy seguro de que todos los que me leen tienen la misma sensación.

En casa éramos todos varones y por esas cosas de la vida – y de las esposas – siempre nos juntábamos al día siguiente, pero siempre nos juntábamos.

Pasaba lo mismo cuando éramos zagaletones. Previo a las 12 hacíamos ronda en casa de los amigos o “marcábamos tarjeta” en casa de las novias; sin embargo, a las 12, era hora familiar. Era increíble divisar como todos coincidíamos en llegar al menos 5 minutos antes y poder abrazar a nuestros padres al ritmo de la famosa canción: Faltan cinco pa’ las doce.

El 2020 ha robado a muchos los abrazos y el encuentro familiar tan deseado. Incluso será recordado por la pérdida de seres queridos, pero lo que sí es indiscutible es que como generación hemos ganado en crecimiento personal, en amor y unión familiar a pesar de las distancias.

Soy –tal vez– uno de los pocos afortunados en poder cerrar este año con las constructoras de mi felicidad, esas quienes abrazan mis silencios. Mucho que agradecer mas que reprochar, y rogando, además –con todo mi ser– que las familias puedan reencontrarse muy pronto en un solo abrazo.

abrazo Año nuevo

Foto August de Richelieu / Pexels

Mi mayor deseo para ti, que me lees, es que el nuevo año te permita vivir más plenamente por dentro que por fuera, que disfrutes cada día como si fuera el último y que tu mirada sea más amplia y serena para atesorar cada emoción que llegue a tu vida, pero aún más importante:  que valores el aprendizaje que te quedará con cada experiencia vivida.

¡Gracias 2020. Bienvenido 2021!

 

 

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