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Christian Santos: Un guerrero sin suerte

¿Por qué el delantero venezolano no ha terminado de establecerse en la Vinotinto y Europa? Aquí algunas teorías

Christian Santos: Un guerrero sin suerte

¿La suerte es un elemento que tiene que ser tomado en cuenta en algún análisis? Resulta a veces hasta irresponsable argumentar cualquier asunto con algo tan subjetivo, intangible y enigmático como la suerte. Es que hasta hay dudas si la suerte existe o no. Sin embargo, hay casos en los que no encuentras otra razón para explicar el porqué de una situación y sólo pareciera que la tan antipática suerte tuviera la respuesta.

Sucede con el atacante venezolano Christian Santos, quien el pasado fin de semana hizo que su nombre retornara de las catacumbas cuando marcó un golazo de chilena con su equipo, el Deportivo La Coruña.

Desde que reventó las redes (sociales y de los arcos rivales) en 2015 cuando hacía vida en el NEC Nimega neerlandés, la carrera del nacido en Puerto Ordaz (con físico nórdico) ha sido protagonista de un vaivén de situaciones en las que su apellido no terminó de asentarse como indiscutible allá dónde fue.

Es un goleador que no hace goles, es una máquina de trabajo que recibe pocas oportunidades, es una estupenda persona y no se explica qué más debe hacer para ser tomado en cuenta. ¿Cómo se declara su situación?

En la órbita primero de César Farías, el que terminó por llamarlo a la selección nacional fue Noel Sanvicente, quien lo hizo debutar en un encuentro amistoso contra Jamaica. Fue titular aquel día y ofreció muy poco para evaluar. Desde entonces, fue parte del breve proceso del seleccionador guayanés, pero nunca se asentó en el once inicial. ¿Por qué?

Varias razones se esgrimen. En el camerino rápidamente se convirtió en un jugador que el grupo aceptó, sin embargo en el mar de dudas que en cuanto a juego mostró aquel combinado de Sanvicente, no encontró un sitio ideal para él, ni en el campo ni en el once titular. Eran tiempos en los que Salomón Rondón se ganaba su llegada a la Premier League y se le buscaba un escudero en el ataque de garantías en la Vinotinto.

A Christian le tocó junto con Josef Martínez, Mario Rondón, Juan Falcón, Miku y Fernando Aristeguieta, pasar por posiciones distintas, en esquemas distintos, como compañeros de Salomón. Santos, pocas veces, ni con Sanvicente primero ni Dudamel luego, pudo jugar como mejor sabe: como delantero centro.

“Se notaba que no se encontraba cómodo en el campo”, decía algún miembro del cuerpo técnico de Sanvicente, sin menospreciar su capacidad de trabajo y su esfuerzo en cada entrenamiento. Cuando fichó por Deportivo La Coruña, el director deportivo del equipo herculino lo describió: “Es un rematador puro. Un especialista en el área, tiene mucho gol, remata muy bien con la izquierda, pero también con la derecha. Buen cabeceador”. Entonces, ¿cómo un jugador de sus características, que estuvo a punto de ser goleador de la Eredivisie, no termina de ser lo que de él creemos que es?

Ya en la liga española y con Rafael Dudamel como seleccionador, Christian Santos comenzó a apagarse. Con una continuidad muy modesta en sus cuatro años entre Alavés y Deportivo La Coruña, un “hombre gol” como él no ha hecho lo que mejor debe hacer: apenas 24 titularidades y 13 goles.

Las lesiones en algún momento y la determinación de Dudamel de utilizar un único punta en su esquema de la Vinotinto, lo fue excluyendo de la órbita de la selección. Jugó un partido de la Copa América Centenario (contra México, cuando ya se estaba clasificado) y luego tuvo apariciones fugases (el gol contra Brasil en la eliminatoria de Rusia fue el único que ha marcado vestido con la casaca Vinotinto). ¿Sus números? 518 minutos, 12 partidos, ocho titularidades y un gol. Muy poco bagaje para un atacante que hace vida en un campeonato tan importante como el español.

Su última aparición con Venezuela fue en el amistoso que se le ganó a Panamá en el istmo (0-2) en septiembre de 2018. En aquella oportunidad, fue titular, siendo sustituido por Salomón Rondón, quien precisamente fabricara los dos goles de aquella victoria. Luego, desapareció de las convocatorias. Nadie le recordaba: Salomón rumbo a ser el goleador histórico de la selección y Josef Martínez reventando récords en EEUU.

Borja Valle, su compañero en La Coruña, declaró una vez luego que Santos se reencontrara con las redes que “al que trabaja y es constante el fútbol te premia y todo el mundo está feliz por él, que se lo merece más que nadie”, una demostración del reconocimiento que tiene su entorno por lo trabajador y luchador que es, aunque parece que eso no basta. ¿Qué le falta?

El golazo al Huesca no fue lo primero que haya hecho Christian Santos recientemente para que en Venezuela volvamos a poner los ojos sobre él. En una entrevista al diario Meridiano, el actual seleccionador José Peseiro manifestó que conversó con el atacante de 32 años, más allá que no lo haya incluido en la lista preliminar de 39 futbolistas para el inicio de las eliminatorias, luego suspendido por la pandemia. Comparando su situación con la actualidad de los cinco atacantes incluidos en esa convocatoria, Santos es el que mejor anda, en cuanto a ritmo y goles, porque el pasado miércoles volvió a entrar desde el banquillo en la derrota de su club ante el Málaga.

Sin tener nada claro acerca de la fecha para el reinicio de las eliminatorias (septiembre y en Europa son los rumores que rondan en Conmebol), no sería descabellado verlo incluido en la lista de Peseiro. Por lo pronto, el guayanés trata de aportar lo suyo para garantizar la permanencia del Depor en Segunda División, ganarse la confianza de Fernando Vázquez en la recta final del campeonato marcando goles y ganarse la renovación.

Para ello, durante la cuarentena, el bueno de Christian armó una máquina casera de lanzar balones, montó una arquería con tubos de PVC y trabajó la definición en la finca que tiene en su casa. Ojalá pueda lograr lo que se propone porque como dijo Borja Valle, lo merece. Está maduro ya (32 años) y el tren de su carrera seguro es el último que está pasando.

Ojalá la suerte también le acompañe.

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