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Rogelio Altez: la memoria colectiva se olvidó de la gripe española

El antropólogo e historiador Rogelio Altez analiza las razones del olvido de la mayor pandemia de la humanidad. Una gripe surgida en un campamento militar de Estados Unidos que mató a más de 50 millones de personas y que fue tapizada por el fin de la Primera Guerra Mundial. Su omisión en la memoria colectiva contribuyó a la poca prevención ante el desastre actual para el que no estamos preparados y que abre el siglo XXI

La historia no se repite. Y a estas alturas de la profesión, esa idea ya está bastante asentada en la historiografía, y comprendida por los estudiosos del pasado que despejan el oficio de las leyes y las fórmulas de otros saberes. La historia es una ciencia social, sí. Pero también tiene cualidades humanísticas que la hacen indescifrable e impredecible. Por lo tanto, las historias cíclicas no tienen cabida dentro del mundo académico. Los historiadores no son profetas, ni ven el futuro con bolas de cristal. Su labor es pesquisar en el pasado.

Pero esa premisa no es muy conocida fuera del claustro ni es popular en las redes sociales, pues desde el anuncio de la propagación del Covid–19, han circulado información y memes contrarios al mantra de los historiadores. Todos expresan la llegada del apocalipsis bíblico, el inicio de las distopías de ciencia ficción o aquella vaga idea de que las pandemias aparecen cada siglo, siempre al comienzo de los años veinte. Para eso refieren a la peste negra medieval y a la misma gripe española que mató a más de 50 millones en todo el mundo hace una centuria.

El impacto social de la pandemia del coronavirus refleja lo poco aprendido de las lecciones del pasado. Un fenómeno que trasciende las cifras de mortalidad.

«Los desastres también se administran. Eso significa que sobre el desorden aparente que cada catástrofe genera, se puede crear un orden subyacente, bien para administrar ese desorden en beneficio de la población, o bien en beneficio de ciertos intereses»

El antropólogo e historiador Rogelio Altez, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela, comenta al respecto de las comparaciones con la gripe española: “Las pandemias del pasado no tienen nada que ver con la ocurrencia de una nueva en este año 2020. Eso es realmente absurdo, es una forma de establecer una creencia sobre algo que no tiene nada que ver con la realidad”.

Altez ha publicado libros sobre el impacto social que traen consigo las catástrofes. Uno de ellos es Si la naturaleza se opone… Terremotos, historia y sociedad en Venezuela, aporte a la historiografía que permite comprender el alcance de los imprevistos de la naturaleza en la sociedad venezolana y su desarrollo y tratamiento historiográfico, más allá de las cifras, de la medicina, de los estudios demográficos y puramente científicos.

¿Nos enseñó algo la gripe española?

“Los procesos naturales sean cuales sean –los ciclos climáticos, los movimientos de la tierra, incluso los movimientos de virus y bacterias– no tienen nada que ver con el calendario humano. La forma de percibir el tiempo está asentada en regularidades que establecemos de forma arbitraria según cada cultura. Nuestra cultura occidental mira los años de esta manera, desde hace milenios. Debemos entender que, porque lo veamos así no significa que la naturaleza está ajustada a ese calendario”.

—La gripe española es la más reciente pandemia en la historia contemporánea, ocurrió hace 100 años. ¿Qué impacto social tuvo para la humanidad más allá de la mortalidad?

La mortalidad fue un impacto fundamental, sobre todo por la inmensa cantidad de personas fallecidas y porque no se ha establecido exactamente cuál es el número. Actualmente es casi imposible determinarlo debido a la inexistencia de cifras confiables por cada país; y a partir, también, de una importante cantidad de muertes que fueron el resultado de otras complicaciones inducidas por el contagio y que están registradas estadísticamente como otro tipo de enfermedad, pero que fueron originadas por la influenza. Este impacto debería haber dejado una memoria importante al respecto y no necesariamente ha sido así.

gripe española pandemia

Las memorias colectivas son el resultado de procesos de poder que producen una interpretación del pasado según sus intereses. Y las cosas que pasaron un siglo atrás, si no estuvieron vinculadas a hechos políticos o de mayor atención para la historiografía o para los titulares, realmente pasan al olvido. Y como sucede con casi todos los desastres, el de la pandemia de la gripe española en 1918 ha ido más bien a dar al olvido que a una memoria que lo tenga presente.

—¿Otra razón por la que pudo haber quedado tapizada en el olvido no pudiera ser que la gripe española coincidió justamente con el fin de la Primera Guerra Mundial?

—Sí, sin duda. La Primera Guerra Mundial, de hecho, se llevó todos los titulares del mundo para el momento, la mayor atención, y la gripe quedó subsumida allí. Fue a dar a un segundo plano. No obstante, es cierto que cuando la pandemia golpeó fuertemente en cada país se le prestó atención. En el caso de Venezuela, donde empezó en octubre del 1918, hay muchísima información entre ese mes y diciembre, seguramente por haber impactado más a Caracas. Ya luego en 1919, cuando afecta con mayor rudeza al resto del país, las noticias van quedando relegadas. No fue tomada en cuenta del mismo modo que cuando afectó a la capital.

—¿Aquella pandemia nos dejó algún aprendizaje?

—Para la vida cotidiana, al no estar asentada en la memoria colectiva como debería, pues muy poco. Buscar aprendizajes, efectos positivos o negativos, inclusive, nos resulta muy difícil. De hecho, no existe una memoria clara sobre esa pandemia, sobre lo que significó. Aparece ahora porque evidentemente ha sido recuperada a través de algunos medios.

Sin embargo, aparentemente la costumbre de lavarse las manos con regularidad parece haber sido uno de sus mayores efectos. Si hurgamos en la memoria de nuestros abuelos seguramente podrían decir que ese hábito quedó asentado a partir de ese contexto, y no desde que se inició la higiene de las manos para comer, por ejemplo, a mediados del siglo XIX. Ese es un efecto que considero tan importante como desapercibido en la memoria colectiva.

«Un Estado está compuesto por ciertas instituciones que deben atender los asuntos públicos. Si esas instituciones no tienen herramientas para enfrentar una contingencia que ponga en riesgo a su sociedad, evidentemente el resultado es que ante esa contingencia habrá un desastre»

—¿Y en Venezuela la gripe española también pasó al olvido?

—En el caso de Caracas, puntualmente, pudiésemos pensar que en el Cementerio General del Sur quedó moviéndose “La Peste” en el sector donde se enterraron a los fallecidos de aquellos meses finales de 1918, cuando las muertes fueron masivas. Ese nombre de “La Peste” está vinculado al Cuerpo 6°, Sección 1a Sur del cementerio. Pero también se ha olvidado y ahora se le llama “Peste vieja”, porque el sector conocido hoy como “La Peste” es aquel a donde fueron a dar los cadáveres no identificados del Caracazo.

—Entonces el país vivía la dictadura gomecista. ¿Estábamos mejor o peor preparados que ahora?

—Cualquiera de las dos pandemias sorprende al país sin preparación. No obstante, hay que destacar que la respuesta que se dio en aquella época a la pandemia resultó muy sistemática, conducida por médicos e investigadores del momento, incluyendo el hecho de que muchos de ellos no sabían exactamente a qué se estaban enfrentando. Hicieron un grandísimo esfuerzo por atender el problema de forma organizada y científica para dar una respuesta ordenada ante el asunto.

Hay que destacar también que al menos cuando la pandemia golpeó a Caracas, hubo muchísima información oficial y de buena calidad, con estadísticas y muchas cifras, plena de detalles sobre qué hacer, con publicaciones de decretos y disposiciones que ponían en orden la situación frente al problema, incluyendo cuarentenas, suspensión de clases y de actos públicos. Y en ese sentido yo creo que operaron con suficiente responsabilidad.

gripe española

—Ambas pandemias nos tomaron desprevenidos, ¿por qué no podemos estar preparados?

—Ambos eventos califican como desastres. ¿Por qué? Por tratarse de sociedades que no se hallaban preparadas para enfrentar una amenaza por el estilo y se ven superadas en su capacidad de respuesta cuando esa amenaza se manifiesta. Es decir, no existe la capacidad hospitalaria ni sanitaria para atender a una gran cantidad de pacientes en estado crítico, y tampoco la preparación para tratar muertes masivas ni lidiar con los cadáveres infectados.

No existe tampoco una respuesta institucional preparada, que ya tuviese recursos al respecto antes de que llegase el problema. Y no porque al aparecer en China y verlo en los titulares haya que salir a las carreras a buscar recursos para estarlo, sino porque independientemente de que la amenaza no se manifieste a diario, tenemos que estar preparados. Prevenir es anticipar algo que puede pasar.

«No existe la capacidad hospitalaria ni sanitaria para atender a una gran cantidad de pacientes en estado crítico, y tampoco la preparación para tratar muertes masivas ni lidiar con los cadáveres infectados»

¿El fin de qué?

—Varios ya califican a la democracia como posible víctima. ¿Podría haber un impacto en el devenir político?

—El asunto no está en el sistema político, sino en la preparación. Un Estado está compuesto por ciertas instituciones que deben atender los asuntos públicos. Si esas instituciones no tienen herramientas para enfrentar una contingencia que ponga en riesgo a su sociedad, evidentemente el resultado es que ante esa contingencia habrá un desastre. Entonces, poco importan las formas políticas sobre las que se organice una sociedad, pues debe hallarse preparada, ya sea una dictadura o una democracia. Si no hay preparación, la contingencia le pasa por encima y se convierte en un desastre.

Pongamos como ejemplo a China, hoy vanagloriada por resolver su epidemia -lo cual es una irresponsabilidad luego de haber sido el epicentro del problema-. Ha tenido, ciertamente, mayor eficacia en el control de la amenaza que la mayoría de los estados europeos. No obstante, China se apoya sobre un autoritarismo tradicional. Su sociedad está acostumbrada a la obediencia, forma parte de su cultura.

Sin embargo, ¿pudiésemos decir que los autoritarismos son más eficientes que las democracias ante este tipo de problemas? No necesariamente. Se trata de la preparación que el Estado pueda tener ante una contingencia de esta magnitud. Comparar formas políticas a través de la preparación ante las amenazas no tiene ningún sentido.

gripe española

—Otros van más allá. Slavoj Žižek dijo, por ejemplo, que es el fin del capitalismo…

—De ninguna manera. Los desastres también se administran. Eso significa que sobre el desorden aparente que cada catástrofe genera, se puede crear un orden subyacente, bien para administrar ese desorden en beneficio de la población, o bien en beneficio de ciertos intereses.

En este momento, los intereses del capital a nivel global están moviéndose, persiguiendo sus objetivos, aunque no percibamos ese movimiento. El capitalismo no tiene nacionalidad ni ideología, y no va a desaparecer, mucho menos por el decreto de algunos pensadores. Posee diferentes formas, no se trata de uno solo; se ha transformado históricamente desde su origen, redesplegándose sobre sí mismo, precisamente, a partir de crisis extremas como la que estamos viviendo ahora.

China es un país que vive del capitalismo, por ejemplo, pero ejecutado políticamente a su manera. En este momento los chinos están avanzando sobre el mundo y ya lo estaban haciendo desde hace un par de décadas; ahora están aprovechando la coyuntura para beneficiarse de la caída de las bolsas, entre otras cosas.

«Es cierto que cuando la gripe española golpeó fuertemente en cada país se le prestó atención. En el caso de Venezuela, donde empezó en octubre del 1918, hay muchísima información entre ese mes y diciembre»

Rusia, también capitalista y con su propia forma de vivir del capital, se adelanta en el mercado petrolero a partir de su guerra con Arabia Saudita, la cual hoy nos perjudica directamente. Cada imperio, como los del pasado, persigue prolongar su poder por encima de coyunturas desastrosas. Lo hizo Estados Unidos después del crack de 1929 y lo hizo Europa después de las guerras mundiales. El capitalismo avanza a zarpazos, algunos más brutales que otros, y seguirá su curso tranquilamente después de la pandemia.