Las cartografías emocionales de Luisa Duarte
La artista venezolana Luisa Duarte acaba de exponer en Houston como parte de la muestra "Four, After All" y su trabajo también se exhibe en el Ion District, en el antiguo Sears de la ciudad
La artista venezolana Luisa Duarte acaba de exponer en Houston como parte de la muestra "Four, After All" y su trabajo también se exhibe en el Ion District, en el antiguo Sears de la ciudad

Hay artistas que construyen desde la materia, y otros que lo hacen desde la memoria. La obra de Luisa Duarte parece habitar ambos territorios: un espacio donde la geometría deja de ser cálculo para convertirse en emoción, y donde cada trazo es, en realidad, una cartografía íntima.
Formada como arquitecta, Duarte no abandonó nunca la estructura: la transformó. Sus piezas —hechas de líneas, tensiones, transparencias y silencios— revelan un lenguaje que oscila entre el rigor y la intuición, entre lo medido y lo sentido. En ellas conviven el trópico y la ciudad, la memoria y el presente, la precisión y la fragilidad.
Una de sus obras más conocidas e icónicas está en el Ion District, un centro de innovación de 16 acres ubicado en Midtown, Houston, desarrollado por la Universidad Rice como parte de la reutilización adaptativa del emblemático edificio Sears sobre el cual fue construido el Ion. Las obras de Luisa Duarte en las vitrinas representan una oportunidad de reinterpretar las antiguas ventanas de exhibición de Sears y construir sobre la memoria colectiva del pasado, presente y futuro de este espacio.

En esta conversación, la artista reflexiona sobre su proceso creativo, su relación con el espacio y la huella profunda que deja la migración en la manera de mirar —y de construir— el mundo.
–Tu formación en arquitectura es muy clara en tu obra. ¿Qué tuviste que desaprender para poder crear con más libertad?
-Más bien diría que, en lugar de desaprender, me doy el permiso de liberarme del rigor de la medición y la precisión, que en la arquitectura son fundamentales.Al trabajar con el ser humano, creando espacios para habitar, es necesario hacerlo con medidas y cálculos precisos, sobre todo porque estamos diseñando estructuras que albergarán personas, y eso implica una gran responsabilidad.
El hecho de no medir ni calcular con precisión un área o una forma me permite una libertad que parte de esos principios estéticos y formales que he practicado como arquitecta. En lugar de crear espacios calculados, creo formas que viven en un mundo propio, regidas por la intuición.Trazar formas geométricas —fundamentales en mi obra— sin medidas predeterminadas, guiadas más bien por el sentimiento, genera una proporción cargada de sensibilidad. Es una sensación maravillosa.
Recuerdo una anécdota de mi relación entre arquitectura y arte: durante mucho tiempo pensé que tenía que elegir entre ser arquitecta o artista, e intenté ocultar mi formación en arquitectura. Hasta que, documentando un gran dibujo oblicuo hecho con hilo y alfileres —nacido completamente desde la intuición—, descubrí que el resultado era equilibrado y armónico.Al medirlo después, encontré una relación intensa entre sus partes y el todo. Ahí entendí que soy ambas cosas: artista y arquitecta.

-Trabajas con geometría, pero tus temas son muy emocionales. ¿Cómo logras traducir sentimientos en estructuras visuales?
-Al eliminar el rigor del cálculo, le asigno a las formas geométricas la energía del trazo intuitivo. Trabajo mayormente con la forma trapezoidal, que tiene un carácter simultáneamente estable e inestable. Esa dualidad me interesa porque me permite vincular la forma con historias, memorias y energías.Le doy al trabajo una carga emocional que me permite insinuar una historia sin necesidad denarrarla explícitamente.
Mi proceso es también una manera de transitar la vida, de procesar y entender lo que ocurre. Utilizo herramientas que he aprendido como profesional y como persona, y las canalizo a través del trazo, la forma y el color.Empiezo siempre con un lienzo, papel o pantalla en blanco y entro en una dimensión creativa donde las memorias y sensaciones me acompañan. Algunas toman protagonismo, otras se desvanecen. Así voy construyendo la obra.
Es fascinante ver cómo formas que podrían surgir del cálculo matemático nacen, en cambio, de la intuición, transformándose en emociones llenas de color y textura.
–Has hablado de “territorios emocionales”. ¿Cómo se representa un territorio que no es físico?
-Estas obras son, para mí, historias: cartografías emocionales. Son territorios construidos con formas y grabados, a los que incorporo elementos que remiten a la mensura, la cartografía y la delimitación del espacio.Pero no son espacios para ser habitados físicamente, sino emocionalmente.Son lugares que generan, al mismo tiempo, protección y fragilidad, delicadeza y rudeza, equilibrio y asimetría. Estas dualidades aparecen de manera muy sutil en mi trabajo.
En mis grabados y monotipos utilizo bordes precisos acompañados de planos virtuales elevados, creados con materiales frágiles —como hilos de algodón tensados con alfileres— que generan superficies a partir de la luz y la sombra.La fragilidad del límite es constante en este mundo caótico en el que vivimos. Por eso siento la necesidad de crear un mundo ideal, donde los límites sean casi imperceptibles, donde todo esté regido por el respeto y la gentileza.

–¿La repetición en tu obra es más meditativa o estructural?
-Más que un proceso repetitivo, lo que hay es el uso recurrente de formas geométricas que se transforman constantemente en tamaño, textura, proporción o material.Ese proceso de transformación es profundamente meditativo. La obra “me habla”: me pide color, posición, textura. Asítomodecisiones. Busco construir una armonía, un recorrido visual que genere una sensación de paz, refugio y tranquilidad.
-Como artista migrante, ¿tu relación con el espacio (hogar, ciudad, país) ha cambiado con el tiempo?
-El tiempo y el lugar te transforman. Migrar implica pasar de una realidad conocida a otra completamente distinta: otro idioma, otra cultura, otras formas de entender los afectos y el espacio.Mi relación con la casa, con los paisajes de mi infancia, ha cambiado con los años vividos en este país. He aprendido nuevos entornos, nuevas dinámicas.
Hoy construyo paisajes que combinan la memoria —el jardín de mi infancia, el Lago de Maracaibo, el bosque hacia Choroní— con nuevas imágenes, como las autopistas de Houston, que desde el aire parecen ríos.Ese cruce de mundos se ha convertido en una fuente esencial de inspiración.
–Houston tiene una estética urbana muy particular. ¿Ha influido en tu lenguaje visual?
-Sí, en algún momento influyó claramente: los edificios de vidrio, los reflejos fragmentados, la expansión urbana, las autopistas, los espacios verdes como islas dentro del concreto.Todo eso impactó mi forma de abordar el espacio y la composición.Hoy esa influencia es más híbrida:combinoreferencias de Houston con mis raíces venezolanas —el modernismo, el trópico, la exuberancia—.
–En tus instalaciones, el espectador a veces se siente contenido o protegido. ¿Es intencional?
-Sí. Mi intención es transformar el caos en un mundo imaginario donde el espectador pueda encontrar un momento de intimidad y protección.Si alguien logra sentirse contenido por la obra, siento que se ha producido una conexión profunda.

–En la reciente exposición “Four, After All”, ¿qué aportó tu obra al diálogo colectivo de la muestra?
-Presenté obras nuevas, resultado de exploraciones recientes. Son piezas directas, sin protección, donde los materiales se muestran tal como son. El concepto surge de la idea de excavación: revisar archivos y trabajos anteriores para transformarlos. Las obras funcionan como estratos de memoria: capas, fragmentos, huellas. Hay collages en tonos tierra, monotipos intervenidos, piezas que evocan secciones del suelo.
También presenté esculturas ligeras en aluminio —Devices–Things–Mosquitos— que funcionan como una nube de memorias en movimiento, casi como insectos que emergen de la selva. Es un diálogo entre lo visible y lo oculto, entre lo que permanece y lo que emerge.
-¿Te interesa que el espectador “entienda” la obra o que la experimente físicamente?
-Me interesa más que la sienta.Que cada persona encuentre sus propias conexiones, recuerdos o historias.
Mi trabajo nace desde la emoción, aunque esté construido sobre referencias claras —como el modernismo tropical venezolano o la arquitectura—.Prefiero que la obra conserve un espacio abierto. Y cuando alguien se conecta intuitivamente con ella, sin explicaciones, ocurre algo extraordinario.
–¿Qué buscas cuando empiezas una pieza: equilibrio, tensión o algo que aún no puedes nombrar?
-Es difícil decirlo. Cuando empiezo una obra, intento liberarme de cualquier expectativa.Entro en un estado distinto, casi suspendido, dondedejoafuera todo lo demás. No pienso racionalmente en equilibrio o tensión: juego, descubro,reacciono.Trabajo de forma intuitiva, dejándome sorprender por los materiales y sus comportamientos.Lo que realmente busco es conservar la capacidad de asombro: ese momento en que la obra también me revela algo mientras está siendo creada.