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"The Fall of Diddy": ¿documental o explotación del escándalo?

El documental disponible en Max ordena de manera cronológica los hechos que llevaron a Puff Diddy a la cárcel mientras se investigan las denuncias. Los testimonios de las supuestas víctimas son aterradores. Pero en el fondo, al igual que otros trabajos que intentan perfilar a depredadores, la pregunta principal del caso no se responde

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The Fall of Diddy documental

Desde el pasado 28 de enero está disponible en Max el documental «The Fall of Diddy» («La caída de Diddy»); una recopilación de testimonios de personas que o bien fueron abusadas por Sean Combs o fueron testigos de cómo el rapero y productor musical usaba su poder para cometer los actos más despreciables por décadas.

Para tener contexto: se cree que al menos desde 2008, el magnate de la música Hip hop «abusó, amenazó y coaccionó a mujeres y otras personas, y llevó a cabo actos criminales para la trata de mujeres, trabajos forzados, secuestros, incendios, sobornos y obstrucción a la justicia, entre otros crímenes». Por ahora, son los cuatro casos federales abiertos, hay más pendientes porque existen denuncias en este 2025.

Los productores de «Quiet On Set: el lado oscuro de la fama infantil», Mary Robertson y Emma Schwartz, se embarcan en la ambiciosa carrera de concatenar las acusaciones y plantear una línea de tiempo que englobe lo sucedido. Si viste y te gustaron «Surviving R. Kelly» o «Allen v. Farrow», encontrarás el mismo enfoque en el ascenso y la caída de alias Diddy. Para quien escribe, sin embargo, esta docu-serie, como narración, se pierde luego de un inicio prometedor.

No hay duda, hasta para quienes conocen el caso o han leído sobre los actos denigrantes que protagonizó u ordenó el magnate de la música, los testimonios de las víctimas resultan aterradores. A muchos espectadores les tocará detener los capítulos y tomar aire para evitar el malestar estomacal y terminar la serie.

Por lo tanto, como testimonio, «The Fall of Diddy» cumple. Se le reconoce el aporte de conseguir tal cantidad de voces que delatan a un depredador poderoso. Al mismo tiempo, es admirable que las víctimas estén dispuestas a reabrir heridas tan profundas para graficar el nivel de depravación del empresario y denunciar a la vez el sistema que le protegía.

Recordemos que además de sus propios trabajos, Diddy produjo a nombres tan variados como Mariah Carey, Notorius B.I.G. o Jennifer Lopez, una de sus parejas entre 1999 y 2001. Se cree que su sello, Bad Boy Records, desde que fue creado en 1993 hasta ahora, ha vendido más de 500 millones de álbumes. Y el emporio del artista no se queda allí, recibió cifras incuantificables para asociarse con licores, además de crear una marca de ropa y unirse a grandes nombres de la moda.

Así las cosas, conocer los inicios de Diddy enriquece el relato. Son los momentos más interesantes del documental porque dan una idea sobre las carencias y traumas que pudieron haber incidido en la transformación del genio musical en un depredador, según las acusaciones acumuladas en la fiscalía. Sin embargo, la información de la niñez y adolescencia del caído en desgracia no se amplía, son pequeños brochazos para pasar a lo jugoso: los hechos más escabrosos.

En determinado punto, «The Fall of Diddy» no brinda información más allá de las acusaciones, los presuntos crímenes y el legado musical que ahora se hace complejo de escuchar y del que los artistas beneficiados ahora no quieren saber. Estos teman ya han sido trabajados en diferentes medios de comunicación, incluido Rolling Stone, revista que copartícipa en la creación del documental.

De nuevo: que hoy el multimillonario cantante y productor esté en una celda en Brooklyn, revaloriza los testimonios de aquellas que tuvieron la valentía de alzar la voz en su momento, a pesar de la popularidad del artista. Como por ejemplo Natania Reuben, quien siempre aseguró que Combs le disparó en una discoteca. Si bien la disputa se resolvió fuera de tribunales, el impacto fue obvio porque tras este caso el rapero se cambió el nombre a P. Diddy.

Otro tanto sucedió con Casandra Ventura, quien lo demandó el 16 de noviembre de 2023 por lo civil. Cassie, como se le conoce en el mundo artístico, mantuvo una relación con Diddy entre 2005 y 2018. Es ella la que aparece en el infame video que precipitó el derrumbe del artista criado en Harlem. Las cámaras de seguridad del Hotel InterContinental de Los Angeles lo grabaron cuando pateaba a la joven cantante y modelo. El 17 de mayo de 2024, CNN lo hizo público.

La historia de violencia que sufrió Cassie parece sacada de una película de Pascal Laugier («Martyrs»). Se conocieron cuando ella tenía 19 años y él 35. Desde entonces, según la demanda, fue drogada, violada y obligada a tener relaciones con otras personas en las mansiones del artista o habitaciones de hotel. Todo esto, además fue grabado según testigos, una constante en las reuniones privadas y orgías que Diddy organizaba.

Si bien estas actuaciones son atroces y los testimonios desgarradores, el gran público las conoce hace un buen tiempo. Por lo tanto, más que proporcionar nueva información, «The Fall of Diddy» simplemente ordena de manera cronológica los momentos clave en el ascenso y caída del talentoso productor musical. Poco más.

La premura por sacar contenidos referidos a crímenes, que son tan redituables para los servicios de streaming, generan este problema: impiden que la información se macere lo suficiente para que la investigación tenga contenido. Desde que Combs fue detenido en septiembre de 2024 se anunciaron al menos nueve proyectos audiovisuales con su nombre. Es natural que en esta vorágine de programas, catalogada como el «Multiverso de Diddy» por los medios estadounidenses, prive el sensacionalismo (lo de las botellas de aceite de bebé encontradas se ha convertido en un meme).

Y esa premura influye en la calidad. El quinto y último episodio de «The Fall of Diddy» parece de relleno. Por supuesto que tiene cabida en esta ola de denuncias que se repiten episodio tras episodio, pero la estética y la manera en la que encajan el testimonio del asistente Phil Pines con toda la serie, luce forzada. Tiene aires de un capítulo extendido o añadido de última hora, de ninguna manera es un cierre orgánico de la primera temporada (porque suponemos que esto no terminará aquí).

Aunque el equipo de defensa de quien fuera el rey Midas del Hip hop insiste en su inocencia y asegura que durante el juicio se aclarará lo que ellos consideran que no son más que «infamias» o intentos de «aprovecharse» de Combs, todo indica que su futuro está más cerca de parecerse al de otro genio de la música, Phil Spector, quien murió en la cárcel tras ser encontrado culpable de la muerte de Lana Clarkson.

A pesar de que el documental apunta a que es casi imposible que Diddy escape de la ley (ha salido ileso en innumerable de oportunidades), hay una pregunta clave que la producción no responde: ¿por qué se convirtió en este monstruo? Se podría concluir que el mismo sistema lo encumbró, haciendo caso omiso de la violencia que se incrementaba proporcionalmente al poder del empresario, mas no es suficiente.

Todas estas estrellas que compartieron con él y le acompañaron en las famosas fiestas blancas, desde los jóvenes Ashton Kutcher y Paris Hilton, hasta personalidades variopintas como Kevin Costner, Muhammad Ali, Sarah Ferguson y el entonces empresario Donald Trump, no hablan en los documentales. Se sabe que al poder que otorga y celebra el poder no se le interpela. Ese sería un ángulo novedoso que nos encantaría por ver. La pregunta es si el star system de Estados Unidos está dispuesto a ser interrogado. O si un documentalista puede conseguirlo.

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