La temporada de premiaciones 2025 será recordada por ser atípica, controversial e impredecible. De un escándalo de reputación que derribó a la gran favorita, a sorpresas gremiales que rompieron apuestas y uno que otro nombre sorprendente, lo cierto es que a varios días de la ceremonia, nada está claro. Mucho más singular: la situación parece volverse cada vez más confusa. En especial, porque por primera vez en la década, no hay una triunfadora clara ni una favorita evidente. Algo que convierte a la noche del 2 de marzo en una gran incógnita.
Se trata de un fenómeno poco frecuente y que se debe a varios factores en conjunto. Por un lado, se encuentra el hecho de que para el 23 de enero, fecha del anuncio de las nominaciones, el cuadro de posibles ganadoras parecía si no claro, al menos con dos posibles títulos que parecían destinados a convertirse en el gran triunfador de la temporada de premios. El más evidente, el ya conocido suceso de crítica de “Emilia Pérez” (2024), que, a pesar del agrio revuelo en redes sociales a su alrededor, descontento de espectadores y debate público acerca de su punto de vista superficial, acumuló 13 nominaciones. Un récord para una película de habla no inglesa y apenas a una categoría del absoluto en cualquier película de la historia de la Academia.
Al otro extremo, se encontraba The Brutalist (2024), que encajaba en la visión más o menos estándar de una cinta capaz de conquistar a los votantes del Oscar. Monumental, dramática y con un trasfondo histórico, la producción dirigida por Brady Corbet de casi cuatro horas, era una especie de híbrido entre una epopeya sentimental y un logro técnico. Con diez nominaciones, era más que evidente, jugaba con ventaja. En particular, con respecto al sobrio y moderado gusto que la Academia suele mostrar al momento de premiar.
Por lo que tanto la una como la otra, parecían ser el centro de la venidera campaña de seis semanas y posterior premiación. Al menos, se trataba además, de un cálculo sencillo. “Emilia Pérez” llegó a la puerta de los Oscar con una ovación de diez minutos en Cannes, cuatro Globo de Oro y una buena parte de la prensa especializada, alabando la audacia de la obra de Jacques Audiard. La notoria falta de votantes latinos en Cannes y más adelante en el circuito de festivales, se concentró en los logros experimentales de la producción, antes que en detalles como apropiación cultural o reflexión banal sobre temas álgidos. Desde el punto de vista de Hollywood, la cinta era necesaria, por su temática, visibilidad y controversia y sin duda, material de Oscar.
Con “The Brutalist” pasaba otro tanto. La sobria elegía sobre la redención de un desventurado arquitecto judío; parecía adecuada y políticamente perfecta para la Academia. Difícilmente el romance trágico de “Anora”, la osadía visual de “Dune: parte 2” o el encanto de “Wicked” tenían tanto significado con la historia de un emigrante que logra triunfar y dejar un largo legado de amor, devoción. Así las cosas, las siguientes semanas luego del anuncio de las nominaciones no anunciaban nada en especial significativo.
Hasta que, llegó el escándalo
Poco se puede añadir a lo que ya se sabe. “Emilia Pérez” naufragó, en medio de posiblemente, la gira de prensa más accidentada, complicada y delirante que se recuerde. La huella digital de Sofía Karla Gascón sepultó sus posibilidades de ganar — y a ella misma del mapa de la alfombra roja — casi de inmediato que comenzó la campaña. Todo mientras el director Jacques Audiard insistía en que el español era un idioma de “países pobres y emergentes” y el resto del elenco evitaba cualquier mención a los escándalos.
De pronto, la gran favorita no solo implosionó: dinamitó sus opciones hasta reducirlas a enfocar todas las energías en la posibilidad de que Zoe Saldaña lograra aferrarse a su escasa buena prensa y discreción. Pero a afectos de la Academia, la película era ahora un peso incómodo en el ala de una premiación que, por años, ha intentado mostrarse más inclusiva y progresista.
Más inesperado todavía, fue la caída en desgracia de “The Brutalist”. El uso no especificado en su extensión de inteligencia artificial hizo levantar una que otra ceja entre los expertos. Sin embargo, fue la admisión que se había usado un programa para depurar y mejorar el acento húngaro de los personajes, la que desató la controversia. Ya la cinta no parecía un logro único, parte de un mítico esfuerzo colectivo de su equipo sino una trampa cazabobos que provocó que la Academia anunciara revisaría, a futuro, el uso de la IA generativa en las posibles nominadas de los años siguientes.
Con las dos favoritas heridas de muerte, el resto del cuadro de las nominadas cobró vigor. Y en medio de las ceremonias del Critics’ Choice Movie Award, el Writers Guild of America (WGA) Awards, el BAFTA (British Academy Film Awards) y el SAG Awars se sucedieron unas a otras, el panorama se volvió confuso. “Anora” recuperó casillas y su director Sean Baker — haciendo equilibrios para evitar un escándalo debido a sus simpatías políticas — se transformó en un sorpresivo ganador.
Pero más sorprendente fue el rápido ascenso del drama político “Cónclave” de Edward Berger, una propuesta brillante pero discreta, que pronto pareció ganar adeptos. Algo que indicó lo obvio: con las dos favoritas luchando por mantener a flote, la atención de los gremios votantes se enfocó en el resto de las propuestas del cuadro de nominadas. Un fenómeno que por supuesto, lleva al cuadro menos claro y más impredecible que se recuerde en décadas.
Y el Oscar va para…
Antes de leer nuestras predicciones, ten en cuenta tres cosas imprescindibles para entender la dinámica interna del premio de la Academia. La primera: los gremios votan por separado en categorías únicas. Lo que viene a significar que los actores emiten opinión entre los rubros de actuación y así sucesivamente.
Ahora bien, solo una categoría permite votos de todos los miembros de la Academia en conjunto: la de mejor película. Y por último, los mismos votantes de diversas ceremonias son los mismos que los gremiales para el Oscar. En otras palabras, el sindicato de actores — que otorga el SAG Awars — cuenta con los mismos votantes para rubros de mejor actriz y actor, principal y de reparto.
Aclarado lo anterior, nuestras predicciones quedan como sigue:
Mejor película ydirector
Con “Emilia Pérez” descartada y “The Brutalist” poniendo a prueba la paciencia de los votantes — además del uso de AI, se quejan de su duración — la balanza se inclina por “Anora” y “Cónclave”. La primera, remontó el relativo desánimo que le acompañó después del Globo de Oro y logró obtener algunos premios de importancia. Primero, el premio del Sindicato de Productores como mejor película, el premio del Sindicato de directores para Sean Baker y el premio Satélite a la mejor película de 2025. Algo que le aseguraría, al menos, un Oscar para el director.
Por otro lado, “Cónclave” pasó de menos a más, logrando triunfar en el BAFTA y el SAG Awars. Algo que pone a la cinta más cerca que nunca de ser la gran sorpresa en la noche de premiación de los premios Oscar. No obstante, Edward Berger ha pasado prácticamente desapercibido durante la temporada de premios y a pesar de la nominación, sus posibilidades de alzarse con la estatuilla son escasas.
Por lo que, lo más probable, es que “Cónclave” se convierta en la mejor película del año y Sean Baker en el mejor director, gracias a su trabajo en “Anora”.
Mejor actor y actriz principal
En mejor actriz principal, todo parece indicar que Demi Moore logrará completar su casi perfecta travesía en la temporada de premios. A excepción del BAFTA (que obtuvo Mikey Madison), la protagonista de “La sustancia” ha logrado alzarse con todas las estatuillas a las que ha estado nominada. ¿La más importante? La del gremio de actores, que comparten votantes por la categoría en el Oscar. ¿Una sorpresa para Fernanda Torres o Mikey Madison? La posibilidad luce remota, si se toma en cuenta que ambas solo consiguieron un premio entre las ceremonias más significativas.
Por el lado de los actores, hasta el domingo pasado todo parecía indicar que Adrien Brody cumpliría una trayectoria perfecta para alzarse con el premio Oscar. Pero el triunfo de Timothée Chalamet en el SAG Awars, podría indicar que la tendencia de premiar a un actor que jamás ha ganado un Oscar, podría imponerse.
En especial, porque durante los últimos días, una serie de artículos acerca de la forma en que la votación se ve afectada por la opinión de los votantes sobre la carrera y trascendencia de los nominados, demuestra que un galardón previo, puede tener su peso al momento de la decisión.
Aun así, en ambas categorías, la tendencia de la temporada podría imponerse, brindando un triunfo contundente a Adrien Brody y a Demi Moore.
Mejor actor y actriz dereparto
A pesar de la polémica alrededor de “Emilia Pérez”, todo parece indicar que Zoe Saldaña se benefició de la agresiva campaña de Lisa Talack de Netflix, para obtener el galardón a mejor actriz. Desde el hecho que se alejó con cuidado de todo comentario polémico, hasta las simpatías que ha cosechado su presencia discreta y emotiva en las premiaciones, lo cierto es que es bastante improbable que cualquier otra candidata pueda triunfar por encima de su trabajo.
Lo mismo ocurre con Kieran Culkin por su actuación en “A Real Pain”, que logró ganar con relativa facilidad los principales premios de la temporada. ¿Una sorpresa por parte de Jeremy Strong por su durísimo papel en “El Aprendiz”? Aunque hay rumores de un súbito favoritismo a su favor, nada de eso se ha traducido en un galardón a lo largo de la temporada.