Estados Unidos y sus contrastes: el viaje fotográfico de Omar Mattar en "America"
En el fotolibro "America", Omar Mattar muestra un relato visual sobre Estados Unidos desde la calle, buscando revelar matices entre promesas y realidades que atraviesan la vida cotidiana
Omar Mattar reunió cuatro años de trabajo fotográfico en Estados Unidos en America, su segundo libro después London Point. Se trata de su intento de capturar a un país de migrantes con todos sus matices sociales, artísticos y de color, especialmente en el sur de este país.
America inició como un viaje que conllevó varios retornos y horas de carretera con el equipo de Long Distance Photo de Roberto Mata y luego en solitario. Fue su forma de transformar el ejercicio fotográfico en algo con mayor significado sobre el concepto del sueño americano y cómo se vive en distintas regiones.
—¿Por qué hacer un libro que muestre a Estados Unidos? ¿Por qué este lugar primero?
—Porque Estados Unidos es, nos guste o no, un espejo del mundo contemporáneo. Es un país que muchos han idealizado, pero que al caminarlo se revela lleno de fisuras, contradicciones y heridas abiertas. Como venezolano, yo crecí viendo a Estados Unidos como referencia, casi como una promesa; al fotografiarlo, me interesó más la distancia entre esa promesa y la realidad cotidiana.
Este lugar aparece primero porque es un laboratorio de extremos: riqueza y pobreza, innovación y abandono, inclusión y exclusión. Es un escenario donde se ve con mucha claridad lo que pasa, en distintas escalas, en otros países. Empezar por Estados Unidos es empezar por una especie de “síntesis de época”.
—¿Bajo qué circunstancia decidiste que este sería tu próximo libro?
—La decisión no fue de un día para otro. Empezó como un conjunto de viajes y de fotos sueltas: calles, trabajadores, vitrinas, supermercados, escenas muy ordinarias. Con el tiempo me di cuenta de que había un hilo que se repetía: el contraste entre el sueño americano y la rutina de quienes lo sostienen.
Hubo un punto, revisando los archivos, en el que sentí que ya no estaba viendo fotos de viaje, sino un relato más grande. Ahí entendí que este material pedía ser libro, que reclamaba una estructura, un texto, una lectura más profunda que la de una simple serie. Ese fue el momento en que dije: “Este será el próximo proyecto”.
– De todas las fotos, ¿cuál es la que más te conmovió o la que te remueve más?
—Hay una imagen que siempre vuelve: una escena aparentemente simple, un trabajador o una persona anónima en medio de un entorno muy marcado por el consumo o por la rutina. No es una foto “espectacular” en términos de luz o de paisaje, pero concentra lo que me interesa: la fragilidad de la persona frente a una estructura enorme, el costo humano del trabajo urbano.
Más allá de una foto específica, lo que más me conmueve es cuando veo una mirada cansada, un gesto mínimo, una postura del cuerpo que habla de agotamiento, de esperanza o de resignación. Su mirada es hacia adentro. No está mirando la calle ni a la cámara, sino el cigarrillo como excusa para pensar. Los ojos van ligeramente entrecerrados, el ceño un poco fruncido: es una mirada cansada, de alguien que repasa algo en la cabeza. Parece menos una pausa para fumar y más una pausa para rearmarse por dentro.
Esas pequeñas cosas son las que me remueven, porque me recuerdan que detrás de cada “escena de América” hay alguien que está intentando sostener su vida un día más.
– ¿Qué tienen estas fotografías que no tengan otras?
—No creo que mis fotografías “compitan” con otras, pero sí te diría que este trabajo tiene una mezcla particular de distancia y de afecto. No son fotos turísticas ni postales, pero tampoco son un ataque al país. Miran con ojo crítico, pero sin perder la empatía.
Creo que lo diferencial está en el foco: no me interesa la espectacularidad de los rascacielos, sino la vida que ocurre a ras de acera. No busco la caricatura del sueño americano, sino sus matices: la pausa del trabajador, el silencio del supermercado vacío, el gesto de alguien que cuida a otro. Son imágenes que intentan revelar lo que solemos pasar por alto
—¿Cuántos años de trabajo fotográfico están recopilados en este libro?
—Este libro reúne el trabajo de aproximadamente cuatro años fotografiando Estados Unidos. No es el resultado de un solo viaje, sino de un proceso: distintas visitas, diferentes estados, momentos personales y políticos muy distintos entre sí. Más que una línea de tiempo exacta, me interesa que se lea como un “tiempo acumulado”: años de observación que se condensan en un relato visual coherente. El libro toma esas experiencias dispersas y las organiza en una sola voz.
– ¿Cuál fue tu estado favorito para fotografiar y por qué?
Me marcaron especialmente dos experiencias. Por un lado, Mississippi y el sur profundo, donde la historia pesa en las calles: la pobreza, las heridas raciales, la sensación de olvido. Allí la cámara casi se vuelve un instrumento de escucha; uno siente que está caminando sobre capas de memoria.
Por otro lado, Manhattan, Nueva York —aunque sea ciudad y no estado—, porque concentra muchas de las contradicciones del libro: éxito y precariedad puerta con puerta, abundancia y soledad en la misma esquina. Me gusta fotografiar lugares donde la narrativa oficial se rompe, y en ambos casos eso ocurre todo el tiempo.
– Cuando hiciste esas fotos, ¿qué estabas buscando? ¿Había un concepto en tu cabeza?
—Al principio, estaba buscando entender. Más que un concepto cerrado, había una pregunta: ¿qué hay detrás del relato del sueño americano cuando lo miras de cerca, a nivel de calle?
Con el tiempo, ese impulso se fue convirtiendo en un eje más claro: trabajar los contrastes. Trabajo y consumo, esperanza y frustración, abundancia y carencia, pertenencia y exclusión. Yo no salía a “probar una teoría” con la cámara, salía a dejarme afectar por lo que veía. El concepto fue apareciendo después, al revisar las imágenes y escribir el texto del libro.
– ¿Cuál es el plan con este libro?
—El plan es que el libro circule en varios niveles. Por un lado, como objeto de fotografía: que pueda estar en librerías especializadas, ferias de fotolibros y espacios culturales. Por otro, como punto de partida para conversaciones: me interesa que se exhiba, que haya charlas, que genere diálogo sobre lo que estamos viendo en Estados Unidos y, por reflejo, en nuestros propios países.
No lo pienso solo como un cierre de proyecto, sino como una apertura: un libro que pueda viajar, proyectarse, acompañarse de conferencias, proyecciones y, ojalá, traducirse y dialogar con públicos distintos.
– ¿Crees que tu trabajo fotográfico busca dejar un precedente personal o social en Venezuela?
—Ambas cosas están presentes. En lo personal, la fotografía es una manera de ordenar lo que veo y lo que siento: es una forma de pensar el mundo, de hacerme preguntas.
En ese sentido, cada libro es también un mapa de mi propia mirada en un momento de la vida. Pero sí me interesa que tenga una dimensión social, sobre todo como venezolano. Venimos de un país atravesado por crisis, migraciones y promesas rotas. Mirar Estados Unidos desde esa experiencia es también una forma de hablar de nosotros, de nuestros sueños y desengaños.
Si mi trabajo deja algo, ojalá sea eso: una invitación a mirar con más profundidad las realidades que asumimos como “modelos” y a reflexionar sobre lo que queremos construir, tanto fuera como dentro de Venezuela.
¿Dónde conseguir America?
Para conocer más información sobre el trabajo de Omar Mattar, puedes visitar su página web. El libro se puede comprar bajo pedido a través del correo nomar.cabeza@grupocasonita.com o al celular 0412-612-63-81 (Nomar Cabeza).
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