Espectáculos

10 sorpresas que esconde la telenovela de TVES (parte 2)

Guerreras y centauros es una telenovela tajantemente dividida en buenos buenísimos y malos malísimos, los patriotas bolivarianos y los traidores paecistas.

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Foto: Tves

El contexto es el desmembramiento de la Gran Colombia luego de la batalla de Carabobo, pero qué nadie se engañe: la producción de época Guerreras y Centauros (TVES, 9:00 pm) se pliega fielmente a las invictas convenciones de la telenovela rosa, más fuertes que el odio. Uno de sus escritores es Carmelo Castro, experimentado guionista de piezas infantiles del circuito teatral comercial y de series de RCTV y Venevisión como La pandilla de los siete y Corazones extremos. Si a alguien le queda alguna duda, una escena de un tierno piquito de Simón Bolívar (actuación especial de Amado Zambrano) y Manuelita Sáenz luego del atentado de 1828 en Bogotá:

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Algunos de los hallazgos luego de dos semanas del estreno de la telenovela producida, dirigida y protagonizada (solo en el primer capítulo) por Henry Galué:

1. Anti-imperialismo oportuno. A pesar de que las grabaciones Guerreras y centauros comenzaron hace 8 años, Henry Galué no pudo estar más acertado con el timing noticioso de marzo de 2015, pues la telenovela incluye estadounidenses aliados con el paecismo que masacran indios por diversión y ya se refieren con familiaridad a la Doctrina Monroe, proclamada en 1823. También hay un italiano pícaro (Cesare, el actor Antonio Cuevas) que representa una forma colonialista un poco más benévola. Para estos personajes, se recurre a los subtítulos en español, no muy usual en el género rey de la televisión latinoamericana.

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 2. Coqueteo con el musical. Sí, es un lugar común en la telenovela venezolana, pero nuevamente se cumple en Guerreras y centauros: la “parejita juvenil” tiene más punch que los verdaderos protagonistas (vamos a estar claros, siempre hay más química cuando juntas a una chamita con un chamito). La mantuanita Ana Lucía López, como Remedios Domínguez, es uno de los aciertos del reparto, y hace buena pareja con el pata en el suelo Eneas, a pesar de que Iker Fernández confunde el acento del llanero con el del malandro caraqueño. Lamentablemente, según se indica en los créditos, ambos serán sustituidos más adelante (¿en la Guerra Federal?) por dos actores más creciditos, Laura de Sousa y Damián Genovese. Una de las sorpresas es que las escenas de Eneas coquetean con el musical folk, como se aprecia en la selección de este video que elaboramos:

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3. Doña Bárbara: el clásico de Rómulo Gallegos es, indiscutiblemente, una de las inspiraciones de Galué y su equipo de guionistas. Las acciones se desarrollan en los llanos apureños. El personaje principal, María Marta Guerrero (una Ana Karina Casanova bastante sobreactuada), es un extraño híbrido de la Devoradora de Hombres y Santos Luzardo: la endurecida viuda de un general muerto en la batalla de Carabobo, ascendida a generala por Bolívar, que tiene cuatro hijas solteras (una de ellas, Carmen Honoria, es la precursora de la Misión Robinson) y cuyas propiedades apureñas son pretendidas por los secuaces feudales de un lujurioso José Antonio Páez (Víctor Cámara). Se recomienda al televidente estar familiarizado con venezolanismos arcaicos como “ansina” (así), “aguaitar” (observar a la distancia), “taita” (papá), “malhaya”, etcétera.

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 4. ¿Villano multidimensional? Guerreras y centauros es una telenovela tajantemente dividida en buenos buenísimos y malos malísimos, los patriotas bolivarianos (María Marta, su peón Jacinto, Eneas y obviamente el propio Bolívar) y los traidores paecistas (el gobernador Esclusa, Drago, Abracadabra, Concepción y obviamente el propio Páez), aunque, llamativamente, el personaje de Páez es el villano con más matices (por ejemplo, se opone a las matanzas de indios de los gringos), quizás para no desaprovechar a un actor con el reconocimiento del eterno galán Víctor Cámara, fresco como una lechuga a los 55 años de edad.

5. “Quesudismo” exacerbado. Vinculado con el ítem anterior, en Guerreras y centauros (¿quizás por aquello de las Queseras del Medio?) se respira una atmósfera similar a la Axturias, aquel planeta de la película Acción mutante cuyos habitantes eran hombres que en su vida habían observado una mujer. Todos los personajes femeninos son objetos de deseo, baboseables presas en la mira de sujetos libidinosos y potenciales víctimas de violaciones en medio del monte (“Carne de la buena, carne para un buen banquete”, se refiere, por ejemplo, Adolfo Cubas, acerca de la Generala Guerrero y su prole). Quizás por ello, Dionisia, una de las cuatro hijas de María Marta, se harta y decide ser hombre.

6. La mascota oficial. Probablemente inspirada en Guaky, la mascota de la Copa América Venezuela 2007, Guerreras y centauros tiene su guacamaya oficial, “Mil Banderas”, vinculada a Obdulia (Vanessa Pallas), la hija de María Marta Guerrero que tiene la habilidad de predecir el futuro, y cuyas invocaciones están dirigidas a especie de entidad espiritual de los pueblos originarios denominada Tipirirí (¿?).

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7. La canción principal. Al César lo que es del César: el inusual tema musical “Flor Guerrera”, resulta sumamente contundente y pegajoso, a pesar de que es interpretado por una cantante lírica, Mairin Rodríguez. Algunos de sus versos, dedicados al Libertador: “Tu espíritu triunfó / Reencarnó en el Mismo Dios / La Patria reclamó tu herencia / Para erigir nueva conciencia / Tu pensamiento es mi trinchera”.

8. ¿Homofobia latente? Una de las polémicas para las que se prestará Guerreras y centauros es que uno de sus villanos es presuntamente un homosexual: Drago de la Peña (Ricardo Bianchi), especie de intrigante cortesano parisino suelto en pleno Apure y ambiguo secretario privado del gobernador paecista Remigio Esclusa (Félix Loreto, extremadamente parecido al Snape de la saga cinematográfica de Harry Potter). En una de las escenas, incluso, Páez le llama “gran dama”.

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9. Sombra. Precisamente uno de los highlights de la telenovela es el dúo de Ricardo Bianchi con su brazo ejecutor, el ex sargento realista Canelón, alias Abracadabra, alias Sombra: el inefable Adolfo Cubas, una especie de Zorro negativo que sale enmascarado de noche a cometer fechorías.

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10. Patrocinante privado. Aunque la mayoría de la publicidad que se transmite en los cortes de Guerreras y centauros es de organismos del Estado (se incluye un comunicado firmado por Winston Vallenilla acerca de los acontecimientos del momento), la telenovela de época ya tiene por lo menos un anunciante formal: Quick Press. TVES, por cierto, está haciendo promociones del Chapulín Colorado, que pronto se incorporará a su renovada programación.

 

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