Opinión

Nicaragua bate récords: tres embajadores en cuatro meses en Venezuela

Después de lo ocurrido el 3 de enero en Caracas, el régimen de la pareja presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha quedado en estado de paranoia, según periodistas nicaragüenses exiliados. Esta sería la razón de peso para la cadena de nombramientos fallidos de embajadores del país centroamericano en Venezuela

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Embajadores Nicaragua

El Diario Oficial La Gaceta publicó este martes 5 de mayo, en Managua, un escueto acuerdo presidencial: el cese inmediato de Isidro Antonio Rivera Guadamuz como embajador de Nicaragua en Venezuela. Sin explicaciones, sin justificaciones públicas. Rivera Guadamuz, designado el 26 de febrero, apenas duró dos meses y medio en el cargo.

Pasó a ser, de esta manera, el tercer ex embajador nicaragüense en Caracas desde la captura y extracción de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026. En apenas cuatro meses, Managua ha batido un récord diplomático propio: tres rotaciones exprés en una embajada que simbolizaba una alianza a tres bandas: Caracas-Managua-La Habana.

Para analistas independientes nicaragüenses en el exilio, estos cambios reflejan algo más profundo: la parálisis, la desconfianza y la paranoia que se han apoderado del círculo íntimo de Daniel Ortega y Rosario Murillo tras la actuación de la administración de Donald Trump en Caracas al inicio de este 2026.

Aunque sin la dependencia de Venezuela que tuvo Cuba, el régimen sandinista se alineó las dos últimas décadas con sus pares de Caracas y La Habana. No es fortuito que los únicos jefes de Estado presentes en la capital venezolana en enero de 2025, para la toma de posesión de Maduro hayan sido justamente Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel.

Hasta antes de la captura de Maduro, la embajadora nica era Daysi Ivette Torres, exalcaldesa de Managua, quien ocupó el puesto desde el 21 de marzo de 2023. Su salida fue discreta pero coincidió con el terremoto político de enero. Poco después, unas cuatro semanas tras la operación militar estadounidense en la capital venezolana, fue designada Valezka Fiorella López Herrera. Duró menos de un mes.

A López Herrera le sustituyó Rivera Guadamuz, un diplomático de carrera cuya remoción, publicada el 5 de mayo, deja nuevamente la sede vacía o en manos de un encargado de negocios.

Tres embajadores en cuatro meses. Ningún comunicado oficial explica los motivos. En La Gaceta solo se lee la fórmula ritual: “el presente acuerdo surte efectos a partir de esta fecha”. El silencio oficial contrasta con el ruido que genera en los círculos diplomáticos y en los medios independientes

Para Carlos Fernando Chamorro, director del portal Confidencial y uno de los periodistas nicaragüenses más respetados en el exilio, estos cambios rápidos no son errores administrativos, sino síntomas de una crisis de orientación estratégica. En varias intervenciones públicas recientes, Chamorro ha descrito el estado anímico del régimen como un “estado de paranoia”, tras la captura y extracción de Maduro y de su esposa Cilia Flores.

Ortega y Murillo, según su análisis, entienden que Donald Trump es impredecible y que, si Washington decidió actuar contra Maduro pese a los riesgos, nada garantiza que no lo haga contra ellos. “No hay ningún aliado internacional —ni China, ni Rusia— que vaya a protegerlos”, ha señalado este periodista.

El paisaje político venezolano ya no es el mismo

El problema de fondo para Managua es que el Gobierno venezolano ya no es el mismo. Tras la captura de Maduro y Cilia Flores, el poder recayó en Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta encargada con el aval explícito de Washington. Fuentes diplomáticas y analistas coinciden en que la exvicepresidenta representa una continuidad formal del chavismo —mantuvo el control del aparato militar y petrolero—, pero con una pragmática apertura hacia Estados Unidos que Maduro nunca aceptó.

La alianza ideológica que sustentaba la legitimidad interna del sandinismo —“somos parte del eje de la resistencia bolivariana”— se ha fracturado.

Chamorro y otros columnistas de Confidencial sostienen que ahora entre Caracas y Managua priva la desconfianza mutua, después del 3E. El nuevo gobierno venezolano, consciente de su dependencia de la estabilidad que le garantiza Washington, evita cualquier gesto que pueda interpretarse como respaldo a Ortega (o a Díaz-Canel). Las señales que emite la diplomacia venezolana del “nuevo momento político” indican que Caracas prioriza la normalización con Colombia, Brasil y Estados Unidos antes que reforzar lazos con un régimen tan aislado como el nicaragüense.

Medios independientes nicaragüenses en el exilio —Confidencial, Artículo 66, Divergentes, Nicaragua Investiga— coinciden en interpretar la crisis diplomática como un síntoma de un mal mayor: la incapacidad del régimen de Ortega y Murillo de procesar que el tablero latinoamericano cambió tras la caída de Maduro.

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