A 200 años de Ayacucho: ¿independencia de España y guerra civil?
El próximo 9 de diciembre se cumplirán doscientos años de la batalla de Ayacucho, gesta clave para que finalizara la guerra de Independencia hispanoamericana. Sin embargo, es necesario revisar en su justa dimensión lo ocurrido en el continente americano durante esta sucesión de conflictos, opacados por versiones maniqueas entre bueno y malos
El próximo 9 de diciembre se cumplirán doscientos años de la batalla de Ayacucho, gesta que permitió que los insurgentes lograran el control del virreinato del Perú y con ello culminar la guerra de Independencia hispanoamericana.
El hecho histórico es que se independizaron los territorios españoles en América y su lugar fue tomado por quince nuevos Estados naciones: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay. Nos preguntamos: ¿qué fue lo que llevó a España a perder Hispanoamérica? ¿Cómo fue posible que, en apenas 48 años, de 1776 a 1824, las principales potencias de la época, británicos, españoles, franceses y portugueses, perdieran la inmensa mayoría de sus territorios americanos, dando paso a estos nuevos Estados naciones, así como a Estados Unidos, Canadá y Brasil?
Cada proceso histórico tuvo su particularidad, pero hay un factor común en ellos: la ruina económica ocasionada por la guerra de los Siete Años, conflictos acontecidos entre principios de 1756 y finales de 1763, cuyos principales protagonistas fueron Gran Bretaña, Francia, Prusia, Austria, Suecia, Rusia y España. Winston Churchill la calificó como la primera guerra mundial y sus consecuencias fueron tres hechos históricos: la Independencia de Estados Unidos, la Revolución francesa y la independencia de Hispanoamérica, modificando así el curso de la humanidad.
La crisis española nos afectó a todos
Analicemos el caso de nuestros países. Hispanoamérica fue parte integral de España, no fue una colonia. Se regía bajo las mismas bases jurídicas, recogidas en la recopilación de las leyes de los reinos de España y las Indias de 1680, y sus territorios estaban divididos en virreinatos y capitanías generales, gobernados indistintamente por hispanoamericanos o peninsulares.
En América no hubo genocidio por parte de los peninsulares, nunca hubo la intención de exterminar la población indígena. Sin duda hubo excesos y atrocidades de determinados conquistadores, pero ante ello la Corona dictó leyes que amparaban al pueblo indígena.
En 1519 el rey Carlos I dijo: “Considerando la fidelidad de nuestros vasallos y los trabajos que los descubridores y pobladores pasaron en su descubrimiento y población, para que tengan mayor certeza y confianza de que siempre estarán y permanecerán unidos a nuestra real corona, prometemos y damos fe y palabra real por nos y por los reyes, nuestros sucesores, que para siempre jamás no serán enajenados ni apartados en todo ni en parte, ni sus ciudadanos ni poblaciones por ninguna causa o razón, en favor de ninguna persona. Si nos o nuestros sucesores hiciéramos donación o enajenación contra lo susodicho será nula. Y por tal fin, declaramos, con la promulgación de esta Real Cédula”.
Entre 1492 y 1699 Hispanoamérica no paró de crecer, fueron dos siglos de prosperidad, paz, armonía y crecimiento sostenido. Se crearon instituciones, miles de ciudades, plazas, colegios, universidades, hospitales, iglesias, fortificaciones militares. Se creó un modelo de crecimiento económico, social y productivo muy eficiente que transformó la sociedad. Hispanoamérica se occidentalizó al tomar el idioma castellano y la religión católica, por lo que sus habitantes son legítimos herederos de la cultura grecorromana que caracteriza a los países europeos.
Entre 1492 y 1699 Hispanoamérica no paró de crecer, fueron dos siglos de prosperidad, paz, armonía y crecimiento sostenido. Se crearon instituciones, miles de ciudades, plazas, colegios, universidades, hospitales, iglesias, fortificaciones militares. Se creó un modelo de crecimiento económico, social y productivo muy eficiente que transformó la sociedad
En 1700 comienza la decadencia de España, el cambio de dinastía de la casa de Habsburgo a la de Borbón no fue bien recibido por las potencias europeas. La guerra de la Sucesión resultó devastadora para España y tras la firma del Tratado de Utrecht en 1713 pierde todos sus territorios en Europa con excepción de los que poseía en la Península Ibérica. Los incumplimientos de pago se hicieron frecuentes. Los españoles comenzaron a perder su calidad de vida precipitadamente.
En un intento desesperado por palear la situación se acometieron las llamadas reformas borbónicas, lo que generó protestas tanto en América como en la Península. Muy estudiadas fueron las gestas de Túpac Amaru II en el Perú, los comuneros en la Nueva Granada, la de Gual y España en Venezuela, así como el motín de Esquilache, en el que más de 30 mil madrileños salieron a las calles a protestar contra las medidas tomadas por el rey Carlos III.
Por si fueran pocos los desaciertos, el rey Carlos IV se une a las pretensiones militares de Napoleón Bonaparte. España y Francia hacen un frente común, pero fueron derrotados por los británicos en la famosa batalla de Trafalgar (1805), con lo que España pierde el control de los mares, quedando semiparalizado el comercio con sus territorios americanos. La crisis social, política y económica había llegado a niveles agobiantes.
Carlos IV llega a un nuevo acuerdo con Napoleón, Tratado de Fontainebleau (1807), en el que los franceses deciden tomar Portugal, para lo cual debían pasar por el territorio español con más de 100 mil soldados. Momentos antes de caer en manos de los franceses, la corte portuguesa, con Juan VI a la cabeza, huyó en noviembre de 1807 hacia Río de Janeiro, con lo que la sede del Imperio portugués quedó asentada en suelo americano.
El hasta entonces aliado francés decide dejar de serlo y toma posesión de España. Esta situación generó fricciones irreconciliables entre Carlos IV, rey de España, y el príncipe de Asturias, Fernando VII, sucesor en la línea dinástica, que llevó a aquel a abdicar en favor de su hijo.
Napoleón Bonaparte decide que su hermano será nuevo monarca de España, para lo que convoca a los dos reyes, el depuesto Carlos IV y a Fernando VII, a una reunión en Bayona en mayo de 1808. Fernando VII le devuelve la Corona a su padre y Carlos IV abdica en favor de José Bonaparte a cambio de un exilio dorado.
Coronación de Napoleón
Ante la crisis de legitimidad presentada por el desconocimiento por parte de los españoles de la autoridad de José I, hubo una inmediata reacción peninsular y americana. El 2 de mayo de 1808 comienza la guerra de Independencia de España al generarse protestas masivas en Madrid que fueron extendiéndose por todo el territorio.
Frente a un rey francés impuesto hubo una rebelión ideológica inmediata, comenzaron los cambios políticos al formarse juntas locales para gobernar en nombre del “secuestrado” Fernando VII. Los peninsulares consideraron que lo sucedido había sido una retroversión del poder al pueblo, ya que al no estar presente la autoridad legítima, la soberanía la debía ejercer el pueblo durante su ausencia, por lo que se rechazaban las abdicaciones de Bayona, el nombramiento de José I y los nuevos estatutos por ilegales e írritos.
De esa manera surgieron dos grandes movimientos rebeldes en el mundo hispánico: una serie de actos de violencia espontánea a través de guerrillas y una gran revolución política que pretendía asumir la soberanía en ausencia del rey, considerándose aptas para ejercer labores gubernativas. Fueron procesos simultáneos que influyeron uno sobre el otro, alternándose de diversas maneras, ninguno de los dos podría ser comprendido en forma separada. En la medida que crecía uno avanzaba el otro.
Surgieron dos grandes movimientos rebeldes en el mundo hispánico: una serie de actos de violencia espontánea a través de guerrillas y una gran revolución política que pretendía asumir la soberanía en ausencia del rey, considerándose aptas para ejercer labores gubernativas
Igualmente, los españoles americanos reaccionaron vehementemente ante la presencia francesa. El 20 de diciembre de 1810 los insurgentes publicaron en la ciudad de Guadalajara el primer número de El Despertador Americano, primer periódicode contenido rebelde novohispano, donde uno de los artículos dice: “Nosotros somos ahora los verdaderos españoles, defendiendo la nacionalidad española pérdida”.
El catedrático Jaime Edmundo Rodríguez Ordóñez señala: “Esta lealtad a la cultura hispánica no debe sorprendernos. Los españoles, los novohispanos y más adelante los mexicanos compartían la misma fe, el mismo lenguaje, las mismas instituciones, las mismas leyes y las mismas tradiciones sociales, literarias y culturales”.
La rebeldía española se fue organizando. El 24 de septiembre de 1810, en la ciudad de Cádiz, se inician las sesiones del primer sistema parlamentario de España, esencia fundamental del llamado liberalismo gaditano. Entre 1810 y 1814 participaron 702 diputados, cerca del 25% eran hispanoamericanos, entre los que destacan el maracucho José Domingo Rus y Ortega y el caraqueño Fermín de Clemente, hermano de Lino de Clemente, primer ministro de Defensa en Venezuela.
Las discusiones parlamentarias se centraron en el desmantelamiento del régimen absolutista, en la defensa de los derechos de Fernando VII, en la separación de poderes, en el parlamentarismo, en un nuevo régimen jurídico y en la implementación de ideas liberales. Todo este universo de ideas concluyó el 19 de marzo de 1812 con la aprobación de la Constitución de Cádiz, a través de la cual se crea el nuevo régimen español, un Estado nación monárquico constitucionalista.
Llegan las noticias a América, generando una confusión muy grande en los cuatro virreinatos y las cuatro capitanías generales. Las autoridades de la Capitanía General de Venezuela convocaron para el 17 de julio de 1808 un cabildo abierto, que decidió no tomar decisión alguna y encarcelar a todos aquellos que pidieran la conformación de gobiernos autonómicos. En Montevideo las decisiones fueron otras: en agosto de 1808 se conforma la primera Junta Gubernativa que defendía los intereses del rey Fernando VII presidida por el virrey Francisco Javier Elío. José de Iturrigaray, virrey de Nueva España, intentó la conformación de una junta de gobierno autónoma, pero fue impedido y el 15 de septiembre lo depusieron. Fue el primer golpe de Estado en Hispanoamérica.
Los americanos se barajaban entre cinco distintas opciones. La primera, ser fieles al absolutismo español, continuar el régimen que había funcionado por tres siglos, con la confianza de que Fernando VII recuperaría la Corona; la segunda, nombrar a la infanta Carlota Joaquina como monarca, esposa de Juan VI, príncipe de Braganza, y hermana de Fernando VII, por lo tanto era Borbón; la tercera, apoyar a José I aceptando a los Bonaparte como nueva dinastía monárquica; la cuarta, unirse a los planteamientos liberales emanados de las Cortes de Cádiz y la quinta, ir hacia un reformismo criollo novedoso, que bien podría ser republicano al estilo de lo sucedido en Estados Unidos y Francia. El camino a seguir no era sencillo.
En 1809 comienza otra fase del proceso revolucionario. De la pasividad producto de la lealtad se pasó a la creación de gobiernos autonómicos, tal y como estaba sucediendo en la Península. El 25 de mayo la Audiencia de la Plata, Alto Perú, da el primer paso, destituyen a su presidente y crean una Junta Gubernativa que organizó milicias para la defensa de la ciudad y tomó el control de la Caja Real. El 16 de julio sucedió lo mismo en la ciudad de La Paz. El 9 de agosto en la ciudad de Quito se nombró una Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII. En Caracas, el 19 de abril de 1810, se desconoce la autoridad del capitán general Vicente Emparan y su lugar es asumido por la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. En total se crearon 56 juntas de gobierno autonómicos en Hispanoamérica.
Ante la incapacidad de la España peninsular de enviar un ejército a América para controlar la situación, Hispanoamérica se volvió un caos generalizado. Hubo quienes aceptaron los cambios surgidos y otros no, por lo que entre finales de 1810 y 1811 la violencia se hizo presente, comienza la guerra civil que enfrenta a dos bandos: los llamados patriotas, con intenciones independentistas, contra los realistas, defensores de la continuidad y de mantenerse fieles a la Corona. En el caso venezolano la guerra civil comienza el 28 de noviembre de 1810 cuando el ejército de la Junta Suprema de la Provincias de Caracas, liderizada por el marqués del Toro, se enfrenta a las autoridades de la ciudad de Coro quienes desconocían las decisiones tomadas desde Caracas.
Ante la incapacidad de la España peninsular de enviar un ejército a América para controlar la situación, Hispanoamérica se volvió un caos generalizado. Hubo quienes aceptaron los cambios surgidos y otros no, por lo que entre finales de 1810 y 1811 la violencia se hizo presente, comienza la guerra civil que enfrenta a dos bandos: los llamados patriotas, con intenciones independentistas, contra los realistas, defensores de la continuidad y de mantenerse fieles a la Corona
El historiador Luis Castaño Zuloaga señala: “La población de españoles peninsulares en las provincias americanas a finales del siglo XVIII se estima en unas 150.000 personas, equivalente al 1% de la población total. El ejército borbónico propiamente dicho había desparecido de España en 1808, de manera que el llamado ejército realista no era ya el del antiguo imperio español. El ejército realista en América no pasó de ser más que un cuerpo armado improvisado en el que el elemento propiamente americano constituía más del 90%”.
De manera que partir de entonces hay que estudiar y comprender la historia de Hispanoamérica por regiones, cada una con sus particularidades. No fue un movimiento homogéneo, se rompió una estructura que duró tres siglos y que de pronto, sin planificación, se atomizó, iniciándose en cada región una guerra civil entre dos bandos encontrados, entre dos polos opuestos, en el que todos eran hermanos de la misma sangre. No fue una lucha de peninsulares contra americanos, fue una guerra civil entre hispanoamericanos.
Las familias hispanoamericanas también se dividieron. Los Bolívar Palacios, por ejemplo, se enfrentaron, por un lado Simón, el futuro Libertador, y por otro su hermana mayor María Antonia, quien fue realista y fiel a la Corona.
En 1814 concluye la guerra de Independencia de España, las tropas francesas se retiran y se restablece al rey Fernando VII en el cargo.
La gesta de la Independencia
Gran Bretaña entra en escena
A partir de 1815 el Reino Unido de la Gran Bretaña decide apoyar a los insurgentes hispanoamericanos dándole un vuelco total a la guerra. Simón Bolívar recibió unos 10 mil refuerzos, desde diversos lugares, que habían quedado cesantes luego de las guerras napoleónicas, así como ayuda económica, diplomática y logística. Lo mismo le sucedió al Libertador José de San Martín y otros líderes independentistas. Mientras los realistas se encontraban abandonados a su suerte por la inacción de España, los patriotas ganaban fuerza gracias al impulso dado por los británicos.
Fernando VII intenta la reconquista al enviar un ejército comandado por el general Pablo Morillo a Costa Firme en 1815, pero su accionar fue un total y completo desastre. En 1819 estaba acantonado un inmenso ejército español que buscaría la reconquista, sin embargo los planes son abortados el 1° de enero de 1820 cuando el oficial Rafael Del Riego da un golpe de Estado impidiendo la partida de la flota hacia las Indias y logrando que Fernando VII jurara la constitución de 1812, comenzando el Trienio Liberal.
Las nuevas autoridades decidieron retirarse definitivamente de América, para ello ordenan el cese inmediato de la lucha armada y que se llegara a acuerdos de paz con los insurgentes. Es así como entre el 25 y 26 de noviembre de 1820 los generales Pablo Morillo y Simón Bolívar firman el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra de Colombia. Con el camino libre, el 24 de junio de 1821 se realiza la batalla de Carabobo, donde se logra la independencia de Venezuela.
La guerra de Independencia de Hispanoamérica concluye el 9 de diciembre de 1824, día en que el Ejército Unido Libertador, bajo la conducción del cumanés Antonio José de Sucre, logra vencer en la batalla de Ayacucho al ejército Real del Perú comandado por el virrey José de la Serna.
Sin embargo la costosa y aniquiladora guerra civil se prolongó por unos 70 u 80 años más, dependiendo del territorio. En el caso venezolano concluye en diciembre de 1902, 78 años exactos después de la batalla de Ayacucho, cuando buques ingleses, italianos y alemanes bloquean los puertos del país, hecho que significó la culminación de la formación de la patria venezolana.
Muerte de Simón Bolívar
Lo que vendría después
Los nuevos quince Estados naciones se declararon repúblicas, con una brevísima excepción del primer Imperio mexicano. Estas nacieron atomizadas en medio de la miseria generalizada, sin instituciones, con una avanzada destrucción interna producto de la guerra civil continuada, con destrucción externa por costosas guerras territoriales con países vecinos, sin el debido reconocimiento internacional, con una inmensa carga financiera a causa de deudas asumidas con acreedores británicos que financiaron al bando patriota y que exigían el cobro inmediato creando una nefasta dependencia comercial y financiera.
Los principales actores de la gesta independentista hispanoamericana quedaron al margen. Los que defendieron la Corona y la institucionalidad española salieron de sus respectivos territorios. Los principales líderes insurgentes resultaron asesinados o desterrados: Simón Bolívar renunció a la presidencia de Colombia en abril de 1830. José de San Martín debe renunciar al Protectorado del Perú para no regresar nunca más a América, aunque lo intentó sin éxito en 1829. Antonio José de Sucre fue asesinado en las montañas de Berruecos en junio de 1830. José Miguel Carrera, de Chile, fue asesinado en el destierro en 1821. Los cuatro grandes líderes de la independencia mexicana: Miguel Hidalgo, José María Morelos, Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero fueron fusilados. Bernardo O´Higgins de Chile y Gervasio Artigas, del Uruguay, murieron en el exilio. En el caso de Venezuela el líder que asume las funciones de gobierno es José Antonio Páez, con rol protagónico durante la guerra de Independencia, fue uno de los pocos casos en Hispanoamérica.
Los principales actores de la gesta independentista hispanoamericana quedaron al margen. Los que defendieron la Corona y la institucionalidad española salieron de sus respectivos territorios. Los principales líderes insurgentes resultaron asesinados o desterrados: Simón Bolívar renunció a la presidencia de Colombia en abril de 1830
¿Quiénes llegaron al poder en los nuevos Estado naciones creados tras la culminación del proceso independentista? Los nuevos actores fueron los llamados caudillos, quienes por medio de la fuerza y el carisma personal ejercieron la soberanía en medio del caos generalizado. Estos no respetaron las instituciones, ni las leyes, ni las libertades, ejercieron el poder de forma autocrática.
El relato fundacional, que se ha mantenido a través del tiempo, es que la gesta realizada por los libertadores fue épica, concediéndole a los héroes cualidades de casi dioses, rindiéndoles homenajes diarios, ya que gracias a sus increíbles actuaciones se rompieron las cadenas opresoras del Imperio español, que había aniquilado y exterminado una cultura feliz y de avanzada, que se había apoderado de todas las riquezas sin dejar nada bueno ni edificar nada positivo. Se dice que fue la hazaña de unos santos héroes inmortales que lograron vencer a un gigante atroz y malvado. Se ha negado que fuera una guerra civil.
Ha llegado el momento de poner en su justa dimensión lo ocurrido en el continente americano durante su proceso independentista. Comprenderlo en su justa medida. Ya que sin lugar a dudas tuvo una repercusión para el mundo de considerable importancia y trascendencia.
Por Pedro Elías Aristeguieta*
*Licenciado en Ciencias Administrativas (Universidad Metropolitana, Caracas. Venezuela). Magister en Historia del Mundo Hispánico: Las independencias iberoamericanas (Universidad Jaume I, Castellón de la Plana, España). Diversos libros publicados. Actualmente es Presidente de Telares Los Andes, S.A.
La rabia histórica de los peruanos hacia los venezolanos tuvo su cumbre en la figura del "invasor" Simón Bolívar, quien impuso la independencia a Perú a la cabeza de un ejército formado principalmente por venezolanos, colombianos y ecuatorianos.
"Con Independencia o sin Independencia, terminamos llegando al mismo punto y es que parece que en nuestro caso, más que el efecto mariposa opera ´el defecto mariposa´: todo pequeño cambio en el sistema produce, al final, el mismo defecto. Celebremos, pues, el 5 de julio y mejor no hagamos futurología del pasado".
Es curiosa la maraña de interpretaciones que se da a la "libertad" en Estados Unidos. Carolina Jaimes Branger escribe sobre esto a propósito de la independencia y la reciente ola de atentados