Cinemanía

"El día de la revelación", el gran regreso de Spielberg a la ciencia ficción

Steven Spielberg estrena una película que mezcla paranoia tecnológica, ansiedad global y fascinación cósmica: un espectáculo ambicioso que mira al futuro mientras examina las grietas del presente. Pero sobre todo, nos recuerda que él es el director que define el cine tal y como lo conocemos en la actualidad

día de la revelación
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En “El día de la revelación” hay al menos dos escenas que pasarán a la historia del cine. Y lo harán por las mismas razones por las que lo hicieron el plano del tiburón emergiendo del agua para dar una dentellada en la película de 1975 y el paseo de Elliot con E.T. en la cestita de su bicicleta en 1982: la capacidad de captar la emoción de lo terrorífico y lo extraordinario en una sola imagen. Mucho más, de construir su propia versión de géneros establecidos.

Con “El día de la revelación” retoma un terreno que ayudó a definir durante buena parte de su carrera y lo hace en un momento especialmente oportuno: la vida extraterrestre o la posibilidad de su existencia, en todo caso.

Durante los últimos años, las conversaciones sobre el fenómeno OVNI y FANI han abandonado los márgenes de la cultura popular para mezclarse en debates políticos, mediáticos y científicos. Spielberg detecta con habilidad esa corriente cultural y la transforma en combustible narrativo. 

Mucho más, le agrega su propia percepción del tema y lo reconstruye para una audiencia que ha vivido los últimos treinta años en una conversación incesante sobre el terror alienígena. Por lo que “El día de la revelación” tiene mucho de pertinente, relevante, pero también, dolorosamente familiar.

El terror al otro lado de laventana

La historia, una especie de distopía que no pretende serlo, se desarrolla en una época marcada por la incertidumbre. El planeta observa con nerviosismo la posibilidad de un conflicto militar de escala global mientras millones de personas permanecen atentas a las plataformas para seguir el suceso en tiempo real. Nada sorprendente y que no resulte conocido. Pero que, en manos de Spielberg, analiza la inquietud contemporánea por el miedo al futuro.

La película plantea que el verdadero secreto no está relacionado con gobiernos enfrentados ni con armas nucleares. La amenaza, o quizás la revelación (y de ahí, el título), se encuentra enterrada bajo capas de información cuidadosamente protegidas. Daniel Kellner (Josh O’Connor), un especialista informático recién liberado de prisión, descubre algo demasiado grande como para permanecer oculto. 

A partir de ese momento se convierte en un fugitivo. Junto a Jane (Eve Hewson), una antigua religiosa cuya vida toma un rumbo inesperado, intenta mantenerse un paso por delante de Noah Scanlon (Colin Firth), el extravagante dirigente de una organización llamada Wardex, que se convierte en símbolo del enemigo gubernamental anónimo.

Spielberg deslumbra por la capacidad de enlazar todos esos escenarios con un virtuoso uso del ritmo y el tono. La revelación de qué es lo que realmente ocurre no llega pronto ni tampoco necesita hacerlo: lo realmente interesante de la cinta es su capacidad para modular la idea de la verdad.Para hacerla sostener un secreto cada vez más elaborado y sensible acerca de la naturaleza del conocimiento, la fe y el poder de la capacidad para entender el misterio. Puntos que Spielberg toca en una colección de espectros que van desde el asombro, el genuino terror y la emoción.

Una aventura extraordinaria

Lo interesante es que “El día de la revelación” evita construir su tensión únicamente a partir de persecuciones o conspiraciones. Spielberg y el guionista David Koepp logran demostrar que las mejores historias de ciencia ficción funcionan cuando los conceptos gigantescos aterrizan sobre personajes vulnerables.

Daniel no posee habilidades sobrehumanas ni una personalidad construida a partir de frases ingeniosas. Es alguien inteligente atrapado en circunstancias imposibles. Esto aporta una dimensión humana que permite que la película mantenga los pies en la tierra incluso cuando es evidente que está a punto de sufrir algo terrorífico o incluso, enfrentarse a la muerte.

Mientras Daniel intenta sobrevivir a la maquinaria de vigilancia que lo persigue, otra historia se desarrolla en paralelo. Margaret Fairchild (Emily Blunt), presentadora meteorológica de una cadena local, comienza a experimentar fenómenos imposibles de explicar. Durante sus emisiones en directo es capaz de hablar en idiomas desconocidos y por completo indescifrables. También desarrolla una capacidad inquietante para percibir pensamientos ajenos. 

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La situación provoca una fractura progresiva en su relación con Jackson (Wyatt Russell), un músico que lleva demasiado tiempo esperando una oportunidad profesional que nunca termina de llegar. Buena parte del éxito de “El día de la revelación” es justamente ensamblar capas de situaciones dolorosas. Tanto el sobrevivir día a día como ser humano, como enfrentar lo terrorífico que se esconde al borde de lo que consideramos real.

La estructura del relato alterna constantemente entre ambas líneas argumentales y va y viene, de una manera que los asiduos al director reconocerán de inmediato. Hay mucho de “E.T., el extraterrestre” y “La guerra de los mundos” en las pinceladas de vida cotidiana que terminan por ser escenarios de algo más extraordinario.

Daniel y Margaret permanecen separados durante buena parte de la película, pero la narrativa deja claro desde el principio que sus destinos están conectados. Y de hecho, es esa conexión la que permite entrever que todo lo que está ocurriendo son ángulos de algo más grande y cada vez más elaborado.

La figura encargada de enlazar ambos caminos es Hugo Wakefield (Colman Domingo), informante, intermediario y catalizador dramático. Hugo está convencido de que las experiencias de ambos contienen las piezas necesarias para revelar algo que transformará la comprensión humana del universo. Y además, que se convierte en paso liminal entre el asombro, el misterio.

David Koepp demuestra nuevamente una habilidad notable para combinar conceptos complejos con conflictos personales. Las cuestiones relacionadas con vigilancia tecnológica, manipulación informativa y libertad individual aparecen integradas dentro de la acción en lugar de convertirse en discursos evidentes. La película aborda asuntos espirituales, políticos y filosóficos sin detener el ritmo para impartir lecciones. Todo surge a través de decisiones, consecuencias y conflictos dramáticos. Esa naturalidad resulta fundamental para que una producción de casi dos horas y media mantenga la atención.

Fe y visitantes inesperados

Uno de los aspectos más llamativos de “El día de la revelación” es que rechaza el camino fácil de la nostalgia. Durante meses circularon especulaciones sobre una posible conexión directa con otras obras de Spielberg relacionadas con visitantes extraterrestres. La película juega ocasionalmente con esas expectativas, pero termina recorriendo una ruta propia.

Por supuesto, las referencias existen, aunque funcionan como ecos lejanos. El parentesco más evidente surge con trabajos como “Minority Report” y “A.I. Artificial Intelligence”, donde la ciencia ficción servía como herramienta para explorar cuestiones profundamente humanas.

Por lo que el equilibrio entre espectáculo y reflexión constituye uno de los mayores logros de la película. Spielberg construye un thriller que es simultáneamente, un relato conspirativo, aventura tecnológica y exploración espiritual. Son elementos difíciles de combinar, pero logra hacerlo al olvidar que, al final de todo, esta es una historia sobre el dolor, la belleza y la esperanza. Muchas producciones terminan inclinándose hacia uno de esos extremos y sacrifican los demás. Pero en “El día de la revelación” existe una armonía sorprendente.

La sensación constante es que el director trabaja con absoluta confianza, como alguien que ya no necesita demostrar nada. Spielberg, autor capaz de convertir el mainstream en obra de arte con un legado a celebrar, sigue siendo un artista con mucho que decir y expresar a través de su madurez artística.

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