Alegría

Ignacio Benedetti: Chile. Su triunfo fue netamente futbolístico. Aún ante un rival que asusta sólo por los nombres (Gerardo Martino no ha mostrado mayores cambios que la simple entrada de Pastore), el equipo de Sampaoli se mostró como un gran defensor de su propia idea, y más aún, como un conjunto que ha entendido que el fútbol moderno pasa por el estudio, el ensayo y la búsqueda de soluciones a las situaciones ofensivas, esas que para muchos entrenadores en esta parte del globo deben ser enfrentadas sólo con la inspiración y el talento. Este Chile supo resolver situaciones de ataque posicional; sacó su chapa de equipo veloz en los contragolpes, y además se dio el lujo de recordar que defender no es arroparse contra su propio arco sino atacar el ataque del rival.
Alexis Correia: en el clima extremo de Manaos, en el Mundial Brasil 2014, hubo un partido divertidísimo entre dos selecciones que no llegaron a nada, Italia-Inglaterra. Sentí algo parecido con el Brasil-Perú (2-1) en Temuco. También me regocijaron la presencia de “Lobito” Guerra y Ronald Vargas en el once inicial de la Vinotinto ante Colombia; la mentalidad kamikaze del defensa argentino Marcos Rojo, aunque la despreocupación le duró hasta una final en la que Chile le convirtió en prisionero; Paolo Guerrero solo contra el mundo; la actitud filosofal tipo Yoda del “Tigre” Gareca, especie de digno Rolling Stone envejecido, un entrenador más allá de la polémica chiquita; y el peruano Cristian Cueva, una de las poquísimas apariciones en una Copa América de puras barajitas repetidas.
Jovan Pulgarín: que equipos identificados como “pequeños” hayan dado un pasito (Bolivia) o un pasote (Perú), en un subcontinente que siempre tendrá a Brasil y a Argentina como padrinos. En el caso del equipo que dirige Ricardo Gareca hay una razón más para sonreír: porque lo ha hace con buen fútbol. Sin nombres de impacto en Europa, fue un placer verlo ejecutar una propuesta de antaño, sin el aparataje esquemático que hoy todos parecen promulgar tras la revolución de Guardiola y Bielsa. Luis Advíncula me pareció el mejor jugador de la Copa y Paolo Guerrero un delantero extraordinario capaz de motivar al resto. Es el tipo de alegría que sucede cuando no esperas absolutamente nada de una salida y la chica más guapa termina dándote el whatsaap.
Tristeza

Ignacio Benedetti: Argentina y Brasil. Los eternos gigantes del continente parecen ser los abanderados de la involución que aqueja al fútbol de nuestra región. No apuestan a proyectos ni a ideas de juego coherentes con las cualidades de sus futbolistas. Messi y Neymar no cuentan con socios sino con futbolistas disminuidos por el peso de la responsabilidad de su propia historia y de su actualidad en los clubes que militan. Mientras sus divisiones inferiores se mantengan aplicando métodos que prioricen el tamaño, los kilómetros o la “fuerza”, estos monstruos seguirán sumando frustraciones.
Alexis Correia: por supuesto, la eliminación de la Vinotinto y la certeza contemporánea de que casi nunca la final de un gran torneo es futbolísticamente memorable. Pero confieso que la mayor sensación de desolación me la dejó el Chile-Uruguay de cuartos de final. El anfitrión fue un justo campeón, y la celeste, un monarca defensor muy disminuido y sin generación de relevo. Pero esa noche la resistencia del equipo de Tabárez fue heroica. Toda mi vida admiraré la capacidad uruguaya para aferrarse a las más microscópicas posibilidades de supervivencia.
Jovan Pulgarín: Messi. Aún hay quien cree que Maradona ganó solo un Mundial. No recuerdan a los extraordinarios jugadores que tenía al lado: Batista, Brown, Valdano, Burruchaga, Ruggeri, Pasarella y así… A Lionel le perseguirá ese fantasma toda la vida. No será el primero ni el último crack que podría retirarse sin ganar un Mundial o una Copa América. No obstante, es cierto que lo que ha ganado con Barcelona permea el análisis de lo que ha dejado de ganar con la selección. Estamos ante un futbolista completamente diferente a sus predecesores. Habrá un antes y un después de Messi. Lamentablemente siempre tendrá el asterisco de las finales perdidas ante Alemania y Chile. Su exquisito fútbol merece una mejor suerte.
Ira

Ignacio Benedetti: El periodismo. No se discuten ideas ni se promueven disertaciones que valoren lo futbolístico; ya hemos cruzado una línea de la que no se vuelve jamás: creer que se es parte de un show y que más suman los gritos y las emociones que la reflexión. Todos bailan y todos cantan; más importa el corte de cabello del periodista que la recuperación de Valdivia para generar el segundo gol. La batalla está perdida, pero el futuro, si es que existe algo así, asusta porque esto es una avalancha que ensucia y destruye cualquier intento de explicar el juego desde una esquina más pensante que reaccionaria.
Alexis Correia: sostengo que el nivel del arbitraje siempre nos parece malo en toda competencia futbolística. Ni entraré a discutir eso, sino lo poco que duran las intenciones de la banderita de Fair Play que se despliega antes de cada juego. Hubo espectáculos realmente grotescos como la tángana al final del Brasil-Colombia, por no hablar del despreciable masaje prostático de Gonzalo Jara. Mal los árbitros, sí, pero también mal unos cuantos jugadores barriobajeros que usan más las manos y los codos que los pies. En lo estrictamente deportivo, el primer tiempo de Venezuela ante Brasil y el segundo tiempo de Argentina ante Jamaica.
Jovan Pulgarín: el fútbol es el único deporte que le teme a la tecnología. Ya hemos visto que el juez detrás del arco no funciona. La Conmebol continúa ayudando a los locales y a los organizadores. Chile es un digno campeón, pero fue empujado por una fuerza extra innegable. Es necesario adecentar el presente del balompié tras descubrirse muchas irregularidades por apuestas y corrupción en la FIFA. Que se falle tanto en un torneo corto y siempre para desfavorecer a los equipos “pequeños” no es un accidente. Tampoco hay una administración justa al evaluar una falta como la de Amorebieta con la explosión de Neymar o el dedo de Jara contra Cavani. Fue esta última la que motiva mi emoción de “furia”. La necesidad de quedar campeón en casa no debe justificar acciones tan viles como esa.
Miedo:

Ignacio Benedetti: Venezuela. La actuación de la Vinotinto debe ser evaluada con mucho cuidado. El partido ante Colombia demostró de qué son capaces estos futbolistas, pero luego quedó en evidencia que no se preparó adecuadamente a la selección. Es necesario que la dirigencia abandone el guayabo y mueva cielo y tierra para conseguir partidos amistosos que le permitan a Sanvicente y los suyos foguearse con los mejores. De nada vale ganarle 2-0 a una selección que no obligue a los nuestros a mejorar sus cuotas competitivas. Es impostergable el estudio de la evolución de la selección chilena para formular un plan inmediato.
Alexis Correia: por supuesto que las posibilidades reales de Venezuela de ir a Rusia 2018, ante el ascenso de rivales regionales como Chile, Perú o Paraguay. No sé si peco de defensor de la godarria, pero siempre me asusta el ocaso de los poderosos, y hablo por nuestra región en general. En teoría, Argentina y Brasil son nuestras principales cartas ante Europa, y en Chile 2015, mostraron una preocupante superficialidad de recursos ofensivos cuando fallaron o faltaron los titulares. De los banquillos no llegó ni una gota de agua. ¿Hubo algo de mediocampo hacia arriba en el equipo de Dunga, además de Neymar o Willian? Puro Gasparín.
Jovan Pulgarín: Venezuela. Es un temor que se mueve desde las entrañas. Es palpable observar la evolución del resto de selecciones e incluso el nacimiento de nuevas generaciones que pueden llevar a buen puerto los experimentos de sus técnicos. En la Vinotinto es otra cosa. Siempre es un querer y no poder. Con el envejecimiento de sus principales figuras –entre ellas Juan Arango, el mejor jugador de su historia- pareciera que se perdió una suma de nombres brillantes para conseguir resultados históricos, como clasificar a un Mundial o asistir a una final de la Copa América.
Desagrado:

Ignacio Benedetti: El arbitraje. En cada competición sudamericana queda demostrado que la Comisión Arbitral de Conmebol es una mentira. El nivel del arbitraje es paupérrimo y los cursitos que dictan no sirven para mucho. Es hora de que se obligue a cada federación a encontrarle solución al amateurismo del referato para que quienes ejerzan ese puesto puedan vivir del mismo, y como consecuencia de ello, puedan prepararse todos los días para evolucionar en la difícil tarea de impartir justicia. Mientas no se tomen medidas de esa naturaleza, cada competición, cada torneo, será visto con los ojos de la sospecha.
Alexis Correia: felicito al pueblo chileno por su primer título, el fervor de su público y la organización en general de la Copa, pero llegó un momento en que no toleraba ya el cántico en las gradas de “Chi-Chi-Chi-Le-Le-Le”. Pedirle colorido extrafutbolístico a la disciplinada nación austral es quizás una petición desproporcionada. Desagradable también es quedarse con la sensación de no saber qué hubiera pasado si no hubieran ocurrido las expulsiones de Fernando Amorebieta (Venezuela) y Carlos Zambrano (Perú) o la lesión de Ángel Di María (Argentina).
Jovan Pulgarín: el miedo a perder. Los técnicos no buscan soluciones atrevidas y no sienten el menor rubor si deben reventar los balones durante 45 minutos para conseguir un resultado que no les coloque en una situación complicada de cara a la eliminatorias ante la opinión pública y las Federaciones. Nada nuevo bajo el sol en la Copa América: dobles marcas, muchos volantes de corte y demasiada preocupación por lo que hace el rival antes que confiar en el material propio. Fue un pobre torneo en calidad.