Economía

Inconsistencias económicas y más desplome en Venezuela

Hay decisiones contradictorias a los ojos de unos, pero que tienen su explicación bastante lógica con los juicios de otros. Detrás de cada decisión hay un propósito, pero detrás de cada decisión absurda siempre se está cocinando algo bueno para pocos. Es lo que podría deducirse de las importaciones que ordena la administración estatal, para distribuir a cada familia aceptada una caja con alimentos básicos racionados, que denominan “CLAP” (acrónimo de Comités Locales de Abastecimiento y Producción).

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Por Oscar Morales, Economista

¿Por qué resulta paradójica esta política? Simplemente, porque esos productos que distribuyen son manufacturados por empresas privadas mexicanas. Ni hablar de la empresa privada brasileña JBS, de la cual importamos la mayor cantidad de carne que consumimos, y le pagamos hace poco 2.000 millones de dólares en esas importaciones. Entonces, menosprecian el emprendimiento nacional, pero financian el desarrollo empresarial extranjero. Muestra mucha incoherencia cómo satanizan la iniciativa privada local, pero contribuyen al crecimiento de las empresas foráneas.

Otro alegato absurdo es ese que intenta ignorar la grave situación financiera de Pdvsa -aunque no sé si sea con intención u omisión-. Pues, declarar que aumentarán en un año la producción petrolera en un millón de barriles diarios es la prueba más evidente de que no conocen qué significa la cifra y mucho menos han evaluado cómo se logrará eso.

En palabras del experto petrolero, Rafael Quiroz, se tiene un diagnóstico bien explicativo: “Incrementar la producción petrolera vía Faja del Orinoco en un millón de barriles por día (bpd) significa tener que invertir $125.000 millones (MMU$) en cinco mejoradores (200 mil barriles diarios por mejorador), pues la construcción de cada mejorador tiene un costo de 25.000 MMU$; y si se pretende aumentar un millón/día vía crudos convencionales, tendrá que disponerse de no menos de 15.000 MMU$”. Esto no lo tiene Pdvsa, tampoco el mágico Banco Central y menos aún la hacienda pública.

Igualmente, quieren promover una moneda virtual. ¡Perfecto! Es una buena alternativa para superar las sanciones financieras que sufre el país. Además, da un tinte de modernidad y nos pone a correr a buen ritmo junto a las innovaciones tecnológicas financieras de vanguardia. Pero, (¡bendito pero!) ¿Cómo será exitoso un sistema que se ampara en el mercado libre si quienes lo promueven no creen en eso? ¿Cómo será viable una estructura de pago digital donde el primer requisito es confianza y eso es lo menos que podemos brindarle?

Venezuela sufre de una sequía financiera mayúscula, en eso hay consenso. Ahora bien, sería imposible resolver la escasez, la hiperinflación, las distorsiones cambiarias y todos los desequilibrios macroeconómicos sin reestructurar la deuda, solicitar financiamiento internacional cuanto antes, restituir las libertades económicas, abrir canal humanitario y diseñar las compensaciones sociales que consistan en transferencias directas a las personas vulnerables.

Si no se toman esas medidas, no habrá estímulos para producir ni un clavo y la utilidad que le quedará al gobierno sólo será para centralizar la administración de la escasez y la repartición de la ruina.

El plan totalitario avanza. Hoy fue la imposición de la Asamblea Nacional Constituyente (que hasta sirve para destituir presidentes electos), mañana será la eliminación de los concejos municipales y los consejos legislativos. Es muy probable que estén acariciando esa propuesta. ¿Quién dice: “no, vale, yo no creo”?

Pareciera que su intención es convertir en realidad la frase de Dante, en su obra magistral “La Divina Comedia”, cuando en el canto tercero antes de entrar al Infierno se lee en la puerta: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”. Si es así, no permitamos que nos ganen esa partida, no permitamos que la desesperanza nos infecte. Ya sabemos que la desmoralización nunca

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