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Edgar Jorge Baralt, un cineasta venezolano que compite en la Berlinale - Entrevista

Con su filme “Ventana”, vanguardista y expresión de un nuevo lenguaje cinematográfico, el realizador venezolano radicado en Estados Unidos Edgar Jorge Baralt competirá junto a otras 19 producciones en la sección de cortometrajes del Festival de Berlín, a iniciarse la próxima semana.

Edgar Jorge Baralt, un cineasta venezolano que compite en la Berlinale - Entrevista

Un filme de un venezolano, Edgar Jorge Baralt, competirá junto a otras 19 cintas, provenientes de 16 países, por el Oso de Oro en la sección de cortos de la próxima Berlinale, que este año se celebrará en formato híbrido, con una cita virtual en marzo, para la industria, y otra abierta al público, en junio, de acuerdo a lo que resolvió la organización del evento, ciñéndose a las restricciones surgidas por la pandemia del coronavirus a nivel global.

Nacido en 1988 y residenciado en Estados Unidos desde que llegó con sus padres cuando contaba 15 años de edad, este realizador hace cine de arte, de vanguardia, experimental. Ventana, que es el nombre del corto de 11 minutos con el cual competirá en Berlín, es una producción novedosa en su concepto, inclusive en la manera como la hizo.

Él mismo la escribió, la dirigió y la pensó. Es una idea enteramente suya, que rodó el año pasado después de iniciarse la cuarentena del coronavirus, en su casa, con su esposa -que también es cineasta y lo apoyó con el audio, la coproducción y en una de las escenas. Lo que se propone con este, su quinto cortometraje, es mostrar cómo el cine es capaz de buscar renovadas expresiones en una nueva narrativa, algo que lo obsesiona desde su época de estudiante de cine, de acuerdo a lo que destaca en nuestra conversación.

Fotograma de «Ventana», el corto de Baralt en competencia en el festival Berlinale de 2021

– Cuatro meses después de una orden para mantenernos seguros en casa, debido a la pandemia, comencé a digitalizar viejos álbumes de fotografías familiares y encontré una foto de la ventana de la sala del apartamento donde crecí en Caracas, en la urbanización La Boyera. Por lo general, esta actividad suscita emociones nostálgicas; pero descubrí que era, además, un punto de vista privilegiado para mirar la inestabilidad del presente: un momento de crisis y promesa. En lugar de tener simplemente el anhelo de revivir el pasado, eso me hizo estar extremadamente consciente del malestar contemporáneo.

Ventana replantea esta experiencia a través de la imaginación de un niño que pasa tiempo libre junto a la ventana descrita. La película establece el paralelismo entre el pasado y el presente, al “recrear” la ventana en mi apartamento de Los Ángeles utilizando pantallas digitales que muestran los colores de los vitrales originales. Es una recreación imposible que nos exige llenar las lagunas mediante la imaginación, de la misma manera que el niño y la audiencia pueden visualizar el futuro por venir.

-¿Cómo llega a competir en la Berlinale?

-Me inscribí por el proceso común. No conozco a nadie que forme parte del comité de selección, a mí no me contactaron. Ocurre que yo trabajo en una universidad aquí en Los Ángeles, que se llama California Institute of the Arts, que como la mayoría de las escuelas de cine tiene ciertos vínculos con los festivales para que a los aspirantes a competir les den un descuento por la aplicación. En este caso creo que cuesta 100 euros y a mí nada más me costó 40 euros. Eso fue lo único distinto a cualquier otra persona que quiso aplicar. Yo no conocía a nadie de los que hicieron esa selección. Ya en enero me avisaron que había sido preseleccionado y poco después me confirmaron que quedé en la final.

Cabe resaltar que los 20 cortometrajes de la competencia fueron seleccionados de un universo de cuatro mil aspirantes. En ediciones pasadas solían escoger de 25 a 30, pero este año los redujeron a una veintena.

-Por el tema del Covid, el Festival de Berlín se realizará este año en dos partes -explica el cineasta-. La primera semana de marzo, del 1 al 5, harán una exhibición para la prensa y los profesionales del mercado de cine. Allí se escogerán a los ganadores de los diferentes rubros del festival. La segunda parte serán las exhibiciones públicas, a realizarse del 9 al 20 de junio. Ellos esperan que para ese mes se puedan abrir los cines y hacer exhibiciones al aire libre en Berlín.

-¿Será esta vez a la inversa? ¿Escogerán primero a las películas ganadoras y tres meses después las presentarán al público?

-Los ganadores de las competencias se anunciarán el 4 de marzo. Es muy raro eso, pero me imagino que es porque quieren mantener ese aspecto de la premiére. Como habrá otros festivales de aquí a junio, el anunciar los premios en marzo quiere decir que esa película ya pasó por Berlín porque ahí fue donde se estrenó.

-¿Cómo le surgió la inspiración para rodar un corto de las características del que presentará en el Festival de Berlín?

-El corto lo filmé a finales de agosto o comienzos de septiembre de 2020. Ya habían transcurrido 5 o 6 meses de pandemia, pero en ese momento se produjo una resurgencia en Los Ángeles del Covid, estábamos en casa y no podíamos salir. Quise investigar entonces qué tipo de cine podía hacer en esa circunstancia, sin salir de casa, sin tener club de producción y sin actores profesionales. También tuve la inspiración de que yo estaba escaneando fotos del álbum de familia y allí conseguí una del apartamento en donde vivíamos en Caracas, al cual no he regresado desde que me vine.

-La foto era la de una ventana con unos vitrales de colores, y en esa nostalgia de ver la foto, me empecé a dar cuenta del transcurrir del tiempo, de lo distintas que son las circunstancias, de cómo han cambiado las cosas y quise tomarla como punto de partida para hacer este cortometraje, que me movió a investigar el tipo de cine que quería hacer en esta circunstancia: en la casa, sin acceso a muchas cosas. Se puede decir de cierta manera que es una película generada por la pandemia.

-¿Cómo fue haciendo la película dentro de las limitaciones de la cuarentena?

-Fue un proceso de adaptabilidad a las circunstancias que ataron ese proceso de producción. Por ejemplo, no podía usar actores profesionales y entonces los actores fuimos Christina mi esposa y yo; y la locación fue mi apartamento y allí busqué la forma de pensar ese espacio que yo conozco muy  bien, un espacio muy cómodo, pero había que verlo de manera distinta. Fue para mí todo un proceso creativo. Una vez que conseguí la foto, escribí la narración, con un voice over que narra mis pensamientos y eso sí lo grabé también en casa. Fue una de las primeras cosas que hice y ya cuando terminé la traducción me dediqué a conseguir los ángulos, los puntos de vista, las tomas. Ya tenía algunas tomas en mente, pero cuando filmaba de repente me venía la idea de filmar otra cosa y así poco a poco se iba construyendo la película.

-¿En cuánto tiempo se completó esta obra?

-Fue un proceso corto. La producción, la mezcla de sonido y todo eso terminó a finales de septiembre . Hubo un par de cambios que le hice a comienzos de este año, pero no de imagen, sino más que nada de sonido. Pero en realidad el 99 por ciento de la película se hizo entre agosto y septiembre.

-¿Le sorprendió que le hayan seleccionado para competir en Berlín?

-Quedé absolutamente sorprendido. Pero es un honor, porque se trata de uno de los festivales más destacados del mundo, además de que participo con otros cineastas cuyas películas estoy entusiasmado para verlas también. Fue una gran sorpresa, que ya procesé y ahora lo que estoy es dedicado a atender lo relativo al festival.

Poster de la competencia oficial de cortos en la Berlinale 2021.

-Usted habla también de su cine, como una palanca para una nueva narrativa, un nuevo lenguaje…

-Para mí el cine tiene muchas maneras de manifestarse, de expresar una visión del mundo, a mí me gusta también hablar de una relación con el mundo. Como siempre he sido cinéfilo, he buscado directores o películas que tienen cierto punto de vista original, una manera de hacerlo y de pensarlo distinta, Y no solamente desde la originalidad de la historia o de los temas, sino también de cómo filmarlos. Eso es parte de lo que yo admiro y quiero conseguir con mi cine: nuevas maneras de leer y de relacionarse con el mundo, porque para mí también eso inspira a lo mismo en la vida de uno, viendo las cosas desde un punto de vista o desde un ángulo distinto, con una manera diferente de relacionarse con el tiempo.

-También has descrito Ventana como “un suave viaje en el tiempo”…

Estaba pensando más que nada en las películas de ciencia ficción. El viaje en el tiempo es como un subgénero dentro de ese género. Es obvio que la mía no es una película de ciencia ficción, pero pensar en ese concepto, no a la manera de términos narrativos, sino de cómo puedo yo habitar en el pasado. En este cortometraje fue un modo de permitir al niño del pasado, a ese niño de 8 años que pasó mucho tiempo en esa ventana, mirar el futuro, la circunstancia donde iba estar cuando tuviera los 32 años pasados cuando hice la película.

Edgar Jorge Baralt, cineasta venezolano con apellido de historia en el cine nacional.

-Cuando la filmé estaba a dos semanas de casarme con mi esposa. La película es la relación de un niño que ve a los padres juntos y se imagina cómo será su vida cuando sea grande y ahora puedo mostrarle a ese niño ese apartamento en donde vivo en Los Ángeles, la relación donde estoy, un paso más allá de pensar que el futuro puede ser distinto a toda esa incertidumbre que teníamos el año pasado con la pandemia.

-¿No te has planteado filmar un largometraje?

-Por ahora nada más he hecho cortos, aunque quisiera hacer un largometraje pronto. De hecho, tengo una idea en la que estoy trabajando, que es como un proceso parecido al que tuve con Ventana, pero que introduce elementos más de ficción. Quiero procesar esa idea, desarrollarla y tal vez hacer un largo, aunque todavía no lo sé, porque tengo que empezar la producción. He filmado un par de cosas, pero todavía debo desarrollarlo más y espero poder terminarlo en 2022. Pienso titularlo Hace mil años y espero que sea un largometraje, pero a veces las películas terminan determinando por ellas mismas lo que serán.

-¿Cómo llegas al cine, fue una vocación de siempre o algo que se dio a tu llegada a Estados Unidos?

-Mis  padres (los periodistas venezolanos Elizabeth Baralt y Edgar Jorge Larrazábal) son gente de cine y en Venezuela, del cine nacional en su momento, en los años 80. Pero cuando yo nací no había mucho cine nacional y ellos trabajaron más que nada en publicidad cuando vivíamos en Caracas. Yo crecí en ese ambiente de los sets de filmación, los conocí de muy pequeño, pero nunca lo consideré como una vocación, sino hasta después que nos mudamos a Estados Unidos.

-Tenía 15 años cuando nos vinimos y fue como un proceso de adaptabilidad cultural, de shock cultural, que es común cuando la gente entra a una cultura nueva. Para mí, el cine fue como un refugio y un hogar en ese momento de adolescencia ante ese cambio tan grande. Me enamoré del cine, no tanto como vocación, sino casi como una obsesión de ver películas. Ahí empezó mi cinefilia, por decirlo de alguna manera. Eso me animó a aplicar en escuelas de cine. Primero fui a una en Orlando, en la University of Central Florida, donde estudié producción de cine y después hice una maestría de cine y video aquí en Los Ángeles, en el California Institute of the Arts (Cal-Arts). Desde que tenía 15 años, el cine ha sido mi trayectoria y mi guía.

-¿Cineastas que te hayan servido de inspiración?

-Es una pregunta difícil de responder, porque son muchos. Del cine europeo, me gustan las películas de Michelangelo Antonioni y Jean-Luc Godard. Y de Estados Unidos las de un cineasta que se llama Charles Burnett. Del cine clásico me gustan las películas de Nicholas Ray. Del cine experimental, que también me fascina, hay cineastas con los que yo estudié que también me introdujeron mucho a ese mundo, como Christopher Harris, uno de mis profesores, y James Bennings, además de Lucrecia Martel y Deborah Stratman.

-¿Te visualizas definitivamente como cineasta de cara al futuro?

-Sí, eso ya es parte de mi identidad personal.

-¿De qué manera están tus cortos anteriores inmersos en esa búsqueda personal de una nueva narrativa?

-Cada corto ha sido un intento distinto de encontrar ese nuevo lenguaje, esa nueva manera de ver. Son respuestas distintas a esa pregunta. No es que una sea más válida que la otra, sino que reflejan momentos y circunstancias de la vida a través de una manera inesperada de entender el cine.

-¿Qué puedes decirnos del recorrido internacional que han tenido?

-Hubo un programa que se organizó en Los Ángeles en 2017, que fue como la primera retrospectiva del cine experimental de toda Latinoamérica, desde los años 50 para acá. Yo formé parte de ese programa, que hizo un tour mundial por España, México, Colombia… Otros de los documentales que he hecho han pasado también por distintos festivales, pero el de Berlín es el primer festival de gran reconocimiento donde voy a participar.     

Sustanciosa oferta de cortometrajes

De los 20 filmes, procedentes de 16 países, que este año optarán al Oso de Oro en la sección de cortos de esta atípica 71 edición del Festival de Cine de Berlín, condicionada por la pandemia del coronavirus, además de Ventana, del venezolano Edgar Jorge Baralt y seleccionado en Estados Unidos, participarán uno mexicano y uno panameño. El del país azteca se llama Al motociclista no le cabe la felicidad en el traje, de Gabriel Herrera, y el de la cinta franco-panameña, A Love Song in Spanish, cuestiona a la sociedad al procesar sus instituciones.

La brasileña Bárbara Wagner y su colega Benjamin de Burca -Premio Audi de Cortometraje en la Berlinale de 2019 con Rise-, regresan al festival con la coproducción franco-alemana One Hundred Steps, al igual que el portugués Diogo Costa Amarante -Oso de Oro en 2017 con Cidade Pequena– con Luz de Presena (A present light).

Los veinte cortometrajes reflejan diferentes lenguajes expresivos y van desde formatos de ficción hasta formas híbridas y documentales, pasando por la experimentación y la animación.

Estos filmes compiten también por el Oso de Plata Premio del Jurado, por la nominación al mejor film europeo y por el Premio Audi de Cortometraje, y los ganadores se darán a conocer durante la cita virtual para el sector, que se celebrará entre el 1 y el 5 de marzo.

Está previsto que la gala de entrega de premios se celebre en junio, durante la cita abierta al público.

La edición del año pasado, entre el 20 febrero y el 1 de marzo, fue el último gran festival europeo que aún pudo celebrarse sin las restricciones que ha obligado a imponer la pandemia.