El bukelismo, crónica de un autoritarismo anunciado

El bukelismo develó por completo su rostro autoritario, aunque desde que el mandatario ocupó la silla presidencial de El Salvador han sido muchos los hechos que han encendido las alarmas a la democracia en e país. Y recién, el 1 de junio próximo es que cumplirá el segundo año en la presidencia

El bukelismo, crónica de un autoritarismo anunciado

En los últimos dos años, por razones diversas, he seguido de cerca lo que ocurre en El Salvador. Debo decir que no me sorprendieron los hechos más recientes, que incluyen la destitución abrupta de los magistrados de la Sala Constitucional y del Fiscal General, por una Asamblea Legislativa en la cual el presidente Nayib Bukele tiene la mayoría holgada.

Me resultó llamativa la velocidad. El día que tomaron tal decisión, este 1 de mayo, los diputados se estrenaban en sus funciones en el órgano legislativo.

Lo de Bukele ha sido, en realidad, la crónica de un autoritarismo anunciado. El 9 de febrero del año pasado, antes de que se decretara la pandemia por la covid-19 en los países de América Latina, un Bukele rodeado de militares se presentó en la sede del parlamento, para pasearse por sus instalaciones y enviar tweets desde allí. Era un domingo, no había nadie en el edificio pero simbólicamente el presidente mostró que tomaba al legislativo.

“El delirante espectáculo del presidente Nayib Bukele, que este domingo (9 de febrero) usurpó la curul del presidente de la Asamblea y amenazó con disolverla, rodeado de militares fuertemente armados y policías antimotines con las escopetas al frente (…) es el momento más bajo que la democracia salvadoreña ha vivido en tres décadas”, editorializó El Faro, el medio digital de ese país más galardonado internacionalmente.

Aquello, a mi modo de ver, debió ser una señal de alerta. Al menos así lo registré en su momento. En febrero de 2020, tenía lugar una confrontación verbal entre Bukele y el Parlamento, que tenía como centro la aprobación de un préstamo para inversiones en seguridad.

Momentos antes de hacer un ultimátum, el presidente entonces le dio plazo de una semana al parlamento, Bukele ingresó al estrado que normalmente ocupa la directiva del Congreso en el salón de sesiones y en un hecho insólito se dispuso a orar: “La decisión que vamos a tomar ahora la vamos a poner en manos de Dios. Vamos hacer una oración”.

La organización Amnistía Internacional, desde su oficina regional en México, entendió entonces la gravedad de estos hechos y emitió un alerta: “el ostentoso despliegue policial y militar en la Asamblea Legislativa nos recuerda las épocas más sombrías de la historia de El Salvador y emite una alerta internacional sobre el futuro de los derechos humanos”.

Despotismo a la vista

En junio de 2020, cuando se cumplía el primer año de Bukele en el poder, con altísimos niveles de popularidad, Human Rights Watch (HRW) y la Fundación para el Debido Proceso (DPLF) coincidieron en advertir los riesgos de una deriva autoritaria en El Salvador, bajo la presidencia de Nayib Bukele.

“El Salvador está siendo gobernado por un presidente que ejerce su poder de manera despótica. Bukele ha atacado y desafiado a todas las instituciones democráticas que funcionan como contrapeso a su poder, particularmente a la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema”, sostuvo en aquel momento el director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco.

“Aprovechando su alta popularidad, Bukele ha tratado de deslegitimar durante su primer año de gobierno cualquier disenso, atacando encarnizadamente a aquellos que lo critican. Tiene una relación muy tensa con la prensa, especialmente con el periodismo de investigación independiente, pero también ha criticado públicamente a organizaciones de la sociedad civil”, sostuvo por su parte Katya Salazar, directora de DPLF, con sede en Washington.

Aquellos pronunciamientos, que leí a mediados del año pasado, fueron otras señales de lo que venía para El Salvador no era nada saludable, en términos democráticos, por más popularidad que tenga el joven presidente, quien gobierna literalmente a través de Twitter.

Manejo autoritario de la pandemia

El manejo de la pandemia por la covid-19 dejó en evidencia otros rasgos autoritarios de Bukele. Por ejemplo, desobedeció públicamente varias sentencias de la Corte, entre ellas las que le prohibían confinar personas en centros de contención solo por violar la cuarentena. Además, usurpó las competencias de la Asamblea Legislativa, declarando el estado de emergencia vía decreto ejecutivo, cuando era potestad del legislativo, en donde no tenía mayoría en ese momento.

Otro signo preocupante se registró en septiembre de 2020. Tras un reportaje de prestigioso medio digital “El Faro”, la fiscalía anunciaba una investigación sobre la supuesta negociación entre Bukele y líderes de una peligrosa pandilla que habría tenido como objetivo reducir los homicidios en el país y obtener apoyos electorales a cambio de beneficios carcelarios.

Citando documentos oficiales del sistema penitenciario, “El Faro” publicó que altos funcionarios en septiembre pasado llevaban más de un año conversando con cabecillas de la Mara Salvatrucha, uno de los grupos de delincuentes responsables de la ola de violencia en Centroamérica en los últimos años. Bukele justamente había hecho énfasis en condenar que gobiernos anteriores del había establecido tratos similares con las pandillas criminales.

Con tal historial, la población salvadoreña le dio sin embargo un espaldarazo a Bukele en las elecciones legislativas del 28 de febrero de 2021. Su partido “Nuevas Ideas”, que ni siquiera se había podido registrar para las presidenciales de 2018, terminó teniendo mayoría absoluta, poniendo fin además al bipartidismo que se había consolidado tras los acuerdos de paz de 1992.

En febrero de este año, El Salvador vivió un terremoto político. Por primera vez en su corta historia democrática un presidente pasaba a tener el control total del parlamento. Lo demás ya es conocido. El bukelismo develó por completo su rostro autoritario. Y recién, el 1 de junio próximo es que cumplirá el segundo año en la presidencia.