
A Mariam se le va el día al frente del supermercado. Conversa para matar el tiempo, mientras observa cómo al lado de ella, decenas de hombres y mujeres consumen sus horas entre empujones, rasguños y hasta golpes. Todos parecen estar pegados por la mezcla de sudores y olores que generan cuando se arrejuntan huyendo del sol.