Energía y Petróleo

Petróleo venezolano, la baraja que Washington reparte sin China

En solo una semana el tablero petrolero venezolano cambió. Llegaron nuevos socios, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, fijó posición y Washington dejó claro quién controla el juego. El que queda en jaque parece ser China

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El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, que implica la explotación de 17 yacimientos, el control de 65.000 millones de barriles y más de 100.000 millones de dólares en inversión prometida, sigue sin transparentar sus condiciones exactas. Aún no hay certeza pública sobre cuánto recibe realmente el país por cada barril producido bajo el nuevo esquema y las dudas continúan.

Pero en apenas una semana pasaron muchas cosas alrededor de ese acuerdo. Llegaron nuevos socios al negocio petrolero venezolano, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, fijó posición sobre quién cobra y quién no, y la Casa Blanca reforzó el control sobre el flujo de los fondos. El resumen de la semana apunta a que el tablero petrolero lo controla Washington, y quien queda en jaque parece ser China.

¿Quiénes se están sumando al negocio?

El acuerdo original con Chevron, Eni, Shell, BP y Repsol ya no es el único vehículo de entrada. Según un reporte del Financial Times, empresas vinculadas a la administración Trump negocian acuerdos petroleros adicionales en Venezuela, con nombres como Brittany Kelm (vicepresidenta de Sable Offshore y exasesora de Trump) y Fred Ehrsam (cofundador de Coinbase y donante de la investidura presidencial) apareciendo del lado corporativo, y Alejandro Betancourt como propietario de NABEP del lado venezolano.

Chevron, por su parte, anunció un salto de escala. Su presidente ejecutivo, Mike Wirth, proyecta producir 600.000 barriles diarios en Venezuela en cinco años a un costo unitario inferior a 20 dólares, con 7.000 millones de dólares de inversión adicional. Es la apuesta de la compañía que nunca se fue del todo del país tras la ola de nacionalizaciones de mediados de la década de 2000, y ahora capitaliza esa permanencia.

El otro movimiento relevante no tiene acento estadounidense. El Grupo Gilinski, de Colombia, junto con su petrolera GeoPark, firmó un acuerdo por 25 años con Pdvsa para desarrollar el campo Bare en la Faja Petrolífera del Orinoco. Jaime Gilinski lo definió como «una declaración de confianza compartida en el futuro de Venezuela», y el comunicado conjunto insiste en que el pacto es independiente del convenio Caracas–Washington.

¿Quién controla el dinero?

Ahora la pregunta no se queda solo en cuánto recibe Venezuela (lo cual aún no está claro), sino que se suma la incógnita de quien decide cómo se gasta ese dinero. Ante esto, la Casa Blanca aseguró que cualquier monto que NABEP asigne a Pdvsa «pasará por una cuenta administrada y auditada por Estados Unidos», en un esquema que opera «prácticamente idéntico a la forma como opera Chevron en Venezuela».

En paralelo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) amplió el terreno con tres licencias generales para el sector minero, a través de Carbozulia y Minerven, permitiendo exportación, financiamiento y negociación de acuerdos de intención. Pero el mensaje de fondo con estas licencias es el mismo que rige el petróleo. Los pagos deben depositarse en fondos supervisados, los litigios se resuelven en tribunales de Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Singapur, y quedan expresamente prohibidas las transacciones con Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y China.

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¿Y cómo queda China?

Preguntando directamente sobre el papel de Beijing en el nuevo esquema petrolero, Wright fue tajante al decir que «China no tendrá derecho de cobro sobre los ingresos provenientes de esta nueva producción». Esto no es más que la continuidad de una política de Estados Unidos que con cada licencia de la OFAC y cada declaración de funcionarios está construyendo un cerco que deja a China y a Rusia fuera de la arquitectura financiera del nuevo petróleo venezolano.

La pregunta realmente es qué va a ocurrir con las obligaciones ya contraídas con China. Aún no se sabe si se renegocian, si se diluyen dentro del nuevo esquema de exportaciones a Estados Unidos, o si simplemente quedan en un limbo mientras el petróleo se redirige hacia el norte. Y es que las cifras ya muestran ese redireccionamiento. Las exportaciones petroleras de Venezuela a Estados Unidos acumulan 103,2 millones de barriles hasta la semana del 28 de agosto, frente a apenas 51 millones en todo 2025. Venezuela lleva diecinueve semanas consecutivas como segundo mayor proveedor de crudo de Estados Unidos, su nivel más alto desde 2017.

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