El 7 de octubre, el Seniat y la Sudeban firmaron un acuerdo para interconectar sus sistemas y cotejar lo que declaran los contribuyentes con lo que se mueve por sus cuentas. Para una empresa grande cambia poco, porque ya factura y declara. Para la mayoría de los venezolanos que generan ingresos propios, cambia mucho.
Son personas que cobran por pago móvil una manicura, una torta o un cambio de frenos hecho en la puerta de la casa, o que reciben dólares de clientes en el exterior. ¿Qué cambios se vienen para ellos?
Un país que trabaja por su cuenta
Según la Encovi 2025 de la UCAB, presentada en mayo de 2026, 41,9% de los ocupados trabaja por cuenta propia, con un ingreso promedio de 171 dólares al mes. Es el grupo más grande del mercado laboral, aunque viene bajando (era 52% en 2021).
El ingreso, además, rara vez se llama salario. La misma Encovi reporta que 76,7% de los hogares recibió al menos un bono del Estado en el último año. El salario mínimo sigue en 130 bolívares desde 2022, y lo que se ajusta es el ingreso mínimo integral de 240 dólares, pagado casi todo como bono. A eso se suman remesas y pagos del exterior que nunca pasaron por una declaración.
Un umbral que casi todos superan
La Ley de ISLR obliga a declarar a toda persona natural con un enriquecimiento neto anual superior a 1.000 unidades tributarias (UT) o ingresos brutos superiores a 1.500 UT. La UT vale 43 bolívares desde junio de 2025. A la tasa BCV del 13 de octubre, eso equivale a unos 74 dólares de ingresos en todo el año. Un solo mes de ingreso mínimo integral triplica el umbral.
Hay un segundo efecto y es que la tarifa del ISLR, que va de 6% a 34%, aplica la tasa máxima desde unos 294 dólares anuales de renta neta. Para dimensionarlo, la Canasta Alimentaria Familiar del Cendas-FVM costó 755 dólares en agosto. Es decir, el tramo más alto del impuesto empieza con un ingreso anual que no alcanza ni para la comida de un mes.
El contraste es más claro con el ingreso mínimo integral. Esos 240 dólares mensuales cubren apenas un tercio de la canasta alimentaria. Aun así, si ese trabajador declarara al pie de la letra, un cálculo propio con el desgravamen único y la rebaja personal arroja un impuesto teórico de unos 920 dólares al año, más de lo que cuesta un mes completo de comida para una familia.
Una tabla pensada para gravar ingresos altos hoy alcanza a quien no cubre lo básico, y eso choca con el principio de capacidad contributiva del artículo 316 de la Constitución. Es una de las razones por las que tanta gente no declara
Otro punto es que no todo lo que entra a una cuenta es renta. Los bonos sociales del Sistema Patria y las remesas familiares no provienen de una actividad económica. Los bonos que paga un empleador por trabajar, en cambio, sí son contraprestación. Y quien trabaja para clientes en el exterior tributa igual, porque la ley grava a los residentes por su renta mundial.
En la práctica, el riesgo depende de cómo recibe cada quien su dinero. No deja el mismo rastro la manicurista que cobra por pago móvil que el mecánico que cobra en efectivo. Tampoco la profesional que factura con RIF, el diseñador que cobra en USDT desde el exterior o el hogar que vive de bonos y remesas.
El Interés
Cuatro bolsillos frente al Seniat
El Seniat y la Sudeban cruzarán datos con la banca. Así se ve esa conexión según cómo recibe cada quien su dinero.
41,9%de los ocupados trabaja por cuenta propia (Encovi 2025)
US$ 74de ingresos al año bastan para estar obligado a declarar ISLR
76,7%de los hogares recibió al menos un bono del Estado en el último año
Ver no es lo mismo que cobrar
La facultad del Seniat con los bancos no es nueva. El Código Orgánico Tributario ya obliga a los bancos a entregar al fisco la información que pida, sin que valga el secreto bancario. Lo que cambia con el acuerdo es la escala, porque se pasa de pedidos puntuales a cruces automatizados. Pero el anuncio no detalla qué datos se compartirán ni qué patrones activarán una revisión. El presidente del Seniat, Román Maniglia, dijo ante Fedecámaras que quiere una recaudación que crezca "a base de crecimiento económico" y no de multas.
Ver, sin embargo, no resuelve que el pequeño contribuyente pueda cumplir. El primer paso no es ni siquiera la reforma, sino la revisión de la unidad tributaria. Cuando el Seniat la fijó en 43 bolívares, en junio de 2025, el dólar estaba en torno a 98 bolívares, según PwC Venezuela, y el umbral para declarar rondaba los 660 dólares al año. Hoy es de 74. La UT perdió casi 90% de su valor, y el Seniat puede reajustarla por providencia, sin pasar por la Asamblea Nacional.
El segundo paso podría ser un régimen simple. El asesor José Javier García, de PwC Venezuela, planteó en El Interés un monotributo para atraer a la formalidad a quienes operan por fuera, siempre que tenga incentivos claros, y la aplicación de facturación electrónica para pymes que anunció el Seniat podría ser su soporte técnico.
La reforma tributaria que Delcy Rodríguez prometió antes de fin de año es la oportunidad para unir esas piezas. Sin una UT actualizada, una tabla ajustada a los ingresos reales y un régimen para el pequeño, el rastro bancario podría traer más miedo y más transacciones en efectivo, no más formalidad.