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Una pulsera apuesta por mantener las puertas abiertas en el Museo de los Niños

En una sociedad como la venezolana, sumida en una crisis social, política y económica, muchos están apostando por acciones que puedan marcar la diferencia. En esa dirección se enfoca Damia Frangie, una venezolana emprendedora que, a través de una pulsera, busca aportar un granito de arena para mantener la ilusión de los más pequeños que se aventuran a visitar el Museo de los Niños en Caracas.

Una pulsera apuesta por mantener las puertas abiertas en el Museo de los Niños

«Los grandes cambios empiezan con pequeñas cosas», señala Damia Frangie con una pasión que inunda su voz. Damia es la fundadora y directora de Ayounik, una marca de accesorios venezolana con posicionamiento internacional que, además de estar presente en Venezuela y Estados Unidos, realiza una labor social a través de la confección de una pulsera.

En esta oportunidad, apoyar a la fundación del Museo de los Niños es uno de los propósitos de la empresa de accesorios de Damia. ¿Cómo? A través de la confección y venta de una pulsera especial, con los colores del museo, cuyas ganancias se dirigen al mantenimiento de este icónico lugar visitado por miles de niños venezolanos.

La valiosa tarea de mantener un icono social

El Museo de los Niños es un símbolo venezolano desde que abrió sus puertas al público en 1983. Contrario a lo que muchos piensan, este museo dedicado a los más pequeños no pertenece al Estado venezolano ni es subsidiado por él. Con la figura de fundación, el Museo de los Niños es financiado por donaciones y el cobro de entradas que se aproxima a un valor de apenas $2 por persona.

Al visitar Caracas por la temporada decembrina, Damia decidió llevar a sus sobrinos al museo que ella visitó en su infancia de mano de sus padres. Para su sorpresa, el museo se encontraba en mejores condiciones de las que se imaginaba y estaba dirigido por la hija del ex presidente Rafael Caldera, Mireya Caldera.

Sin embargo, con un cobro de entrada tan bajo, la supervivencia del museo podría estar en juego. Fue en este momento en el que Damia tomó la decisión de realizar algo al respecto.

A través de su empresa y con permiso de la directiva del Museo de los Niños, se empezó a confeccionar y ofertar una pulsera para apoyar al museo. La respuesta de las personas fue inmediata y en apenas unas horas ya se habían vendido más de 40 pulseras, recuerda Damia.

Los más pequeños participan

La participación de la empresa Ayounik no se queda solo en la venta de pulseras destinadas a aportar dinero al museo, sino que también incluye una actividad pedagógica con los más pequeños de la casa.

«Cada niña que va al museo puede realizar su propia pulsera Ayounik y llevarla a casa como recuerdo», señala Damia.

«Sabemos que muchas personas hacen el esfuerzo para apenas pagar la entrada, por lo que esto es un souvenir gratis que se le obsequia a cada niño», asegura.

Esta iniciativa ya ha tenido gran apoyo en las redes sociales. Los comentarios positivos no paran y los primeros pedidos ya van a ser despachados. La diáspora venezolana se ha convertido en un aliado estratégico. De todas partes del mundo escriben para realizar pedidos y aportar un granito de arena al mantenimiento del museo.

Las personas pueden pedir su pulsera directamente por la página de Ayounik y los fondos de cada venta se trasladan de forma automática para el mantenimiento del Museo.

La educación y la cultura en una pulsera

No es la primera vez que Ayounik trabaja con un propósito de responsabilidad social. La diseñadora Damia Frangie ha apoyado a otras fundaciones con su empresa.

Una de sus pulseras más icónicas es la que cuenta con los colores del piso del aeropuerto de Maiquetía. En esa ocasión, las ganancias estaban destinadas a la fundación Beca a un Pana, la cual se dedica a ayudar a pagar los estudios a alumnos de universidades privadas en Venezuela.

La diseñadora de Ayounik piensa que, más allá del dinero, una de las cosas más importantes es trabajar con propósito. Además, asegura que a pesar de la situación nacional, las ganas de trabajar y apostar por mejorar como sociedad es vital.

«Yo pienso que el que quiera hacerlo bien lo hará bien y el que quiere obrar mal también lo hará, sin importar cómo esté el país».