Violencia, clima, cambios económicos y deportaciones: los retos del migrante
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) anunció un nuevo informe acerca de los elementos que definirán el futuro inmediato del migrante en la región
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) anunció un nuevo informe acerca de los elementos que definirán el futuro inmediato del migrante en la región

La violencia vinculada al crimen organizado, los cambios económicos, las políticas migratorias en constante transformación, el aumento de los retornos y deportaciones, así como el creciente impacto de los riesgos climáticos, redefinirán la migración en América Latina y el Caribe, según un nuevo informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El informe «Prospectiva Estratégica Multipaís para América Latina y el Caribe» analiza cómo están evolucionando las dinámicas migratorias e identifica tendencias emergentes que influirán en los movimientos de población en los próximos años.
“No se trata de predecir el futuro, sino de prepararnos para distintos escenarios posibles”, señaló Ana Durán Salvatierra, Directora Regional Adjunta de la OIM para América Latina y el Caribe. “En un entorno que cambia rápidamente, la anticipación es esencial para una gobernanza migratoria eficaz. La migración seguirá evolucionando. La pregunta clave es si reaccionamos demasiado tarde o si nos preparamos con antelación”.
«La OIM ha situado la prospectiva en el centro de su visión estratégica», se lee en el informe: «Su Plan Estratégico 2024–2028 refleja este compromiso, integrando datos, innovación y prospectiva para comprender mejor la evolución de la movilidad humana. A través de este enfoque, la OIM busca garantizar una migración segura, ordenada y humana en beneficio de toda la sociedad».
La migración en toda la región se está volviendo cada vez más compleja y dinámica. Los movimientos ya no responden a patrones tradicionales, ahora son más diversos, multidireccionales y cambiantes, con nuevas rutas emergentes y una presión creciente sobre las zonas fronterizas y los centros urbanos.
El análisis se basa en ejercicios prospectivos realizados en siete países de la región y examina señales emergentes que podrían transformar la migración entre 2025 y 2028. Estos ejercicios identifican patrones comunes que permiten comprender mejor cómo podría evolucionar la movilidad en distintos contextos.
La metodología combina análisis de datos, revisión de tendencias globales y talleres participativos con expertos y actores nacionales. En lugar de proyectar resultados exactos, plantea escenarios plausibles y destaca implicaciones prácticas para la planificación, la coordinación y la asignación de recursos.

Según el informe, aproximadamente 78,7 millones de migrantes internacionales residen actualmente en la región. Solo en 2024 se registraron 14,5 millones de desplazamientos internos, principalmente debido a desastres, mientras que los desplazamientos vinculados a conflictos y violencia alcanzaron casi 1,5 millones.
Lo que se anticipa en el documento es crítico: «Se espera que el endurecimiento de los controles fronterizos y la evolución de las políticas migratorias en las Américas impulsen un aumento de la migración irregular y de alto riesgo. A medida que las vías tradicionales se vuelven cada vez más restrictivas, es probable que más personas recurran a rutas peligrosas —particularmente entre Colombia y México— donde las personas migrantes enfrentan mayores riesgos de extorsión, violencia sexual, secuestro y abusos, incluso por parte de actores estatales».
La migración intrarregional sigue siendo una característica clave, incluidos los continuos movimientos desde la República Bolivariana de Venezuela, con alrededor de 6,9 millones de personas venezolanas viviendo en América Latina y el Caribe, principalmente en Colombia (2,8 millones), Perú (1,6 millones), Brasil, (680.100), Chile (669.400) y Ecuador (440.500).
Estas tendencias no ocurren de forma aislada. Interactúan y se refuerzan entre sí, generando un entorno migratorio más volátil y complejo, donde múltiples factores impulsan simultáneamente los movimientos de población. Uno de ellos, como se dijo, es la violencia. Esto es parte de lo que explica el informe: «Colombia registra una expansión del control territorial de grupos armados, especialmente en zonas rurales y fronterizas. Los niveles de violencia armada se cuadruplicaron en el primer semestre de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024, con alta concentración en la frontera nororiental con Venezuela (OCHA, 2025). La convergencia de la violencia política y la inestabilidad institucional sugiere la posibilidad de una expansión regional de la violencia y el desplazamiento».
Más allá de identificar riesgos, el informe busca fortalecer la capacidad de anticipación. En un contexto marcado por la incertidumbre, un enfoque prospectivo permite superar respuestas reactivas y favorece una preparación más eficaz.
«La reducción del financiamiento humanitario amenaza con agravar las crisis en toda América Latina, dejando a millones de personas sin apoyo esencial. La presión económica continuará debilitando la resiliencia de los hogares», proyecta la OIM: «Ante la falta de alternativas económicas viables, las personas podrían verse forzadas a adoptar estrategias de afrontamiento perjudiciales —como el sexo por supervivencia o el matrimonio infantil, lo que incrementa el riesgo de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA—, o verse obligadas a buscar seguridad u oportunidades en otros lugares mediante el desplazamiento interno o la migración transfronteriza».
La OIM integra cada vez más la prospectiva en sus esfuerzos de planificación, reducción del riesgo de desastres y desarrollo de políticas públicas, con el objetivo de apoyar respuestas más oportunas, coordinadas y basadas en evidencia.
A través de este análisis regional, la OIM busca apoyar a gobiernos y comunidades en la toma de decisiones mejor informadas, incorporando la anticipación en los procesos de planificación y preparación.