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Hambre en Venezuela

Las consecuencias del hambre en Venezuela

Los del hambre no son juegos. Un adulto que pasa meses viviendo de mangos o pasta en general va a sobrevivir, pero no será un ciudadano sano y productivo. En los menores, las consecuencias son irreversibles, pues afectan su capacidad para competir en el aula y tomar decisiones superiores. “Un niño retaco es apenas la expresión externa de un profundo deterioro que abarca el desarrollo cerebral”, advierten los especialistas Un papá que cena con un vaso de agua para que sus hijos no vayan con el estómago vacío al colegio no solo expresa amor en colores primarios, sino un acto instintivo de supervivencia de la especie humana. “Yo agarraría todo lo que se está gastando el gobierno en los CLAP y lo metería ya en maternidades y hospitales públicos. Lo poco que se tiene hay que focalizarlo en cuatro sectores críticos: 1) Niños en sus primeros 1.000 días, lo que incluye los 9 meses de gestación y los 2 primeros años; 2) Mujeres embarazadas; 3) Pacientes; y 4 Tercera edad y todas las personas que no pueden procurarse comida por sí mismas. Usando las palabras de Nicolás Maduro, se necesita una acupuntura de recursos. No es lo que se está haciendo con los CLAP: se te acaban las bolsas patriotas y no tienes idea de cuánta de la población crítica quedó por fuera del reparto”.

Las caras ocultas del hambre en la Guajira venezolana

El gobierno los niega y, cuando los reconoce, afirma que son casos puntuales. Pero el hambre entre niños, adultos y ancianos wayúu está pegando con la misma rapidez que corren los vientos de la Guajira. Dos reporteros de El Estímulo constataron cómo la falta de alimentos está minando a la olvidada franja del extremo norte de Venezuela.

Estos son los sentimientos que afloran con el hambre

El hambre está mostrando una sombra que no conocíamos en la sociedad venezolana. La angustia, la depresión y el estrés están afectando a las familias, en especial, a muchos padres que no saben qué hacer cuando acuestan a sus hijos con el estómago vacío.

Niños que sueñan vestir la Vinotinto se desmayan en la cancha por hambre

Brayan, Miguel, Kelvin y Wilfraklin quieren jugar en la Vinotinto, como Juan Arango o Tomás Rincón, y le dan forma a sus sueños en los campos de fútbol de Petare, junto a más de 3.000 jóvenes. Sin embargo, los cuatro solo comen una o, con suerte, dos veces al día. Como consecuencia se han desmayado en las prácticas. La precaria situación económica del país ha alcanzado sus hogares y, poco a poco, atenta contra sus posibilidades de defender el tricolor nacional.