«Las sanciones unilaterales no van a resolver por si mismas el problema de la crisis en Venezuela y, en muchas otras partes del mundo, han probado ser contraproducentes porque alientan el discurso radical y anti-imperialista, distrayendo la atención de los verdaderos problemas», señaló en unas declaraciones a Efe.
El presidente estadounidense, Barack Obama, anunció el lunes sanciones ampliadas para siete funcionarios venezolanos a los que considera responsables de violaciones de derechos humanos y declaró la «emergencia nacional» por los riesgos que, según dijo, representa para la EE.UU. la situación en Venezuela.
El Gobierno de Venezuela respondió llamando a consultas a su encargado de negocios en Washington y lanzando una ofensiva diplomática para denunciar «la agresión imperialista».
Para Ciurlizza, que está a cargo de la oficina regional de la organización especializada en prevenir y resolver crisis, aunque es «muy desafortunada» se «veía venir» una acción así de parte de EE.UU. ante el escaso o nulo resultado de las gestiones por parte de la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).
«Unasur tuvo un año para mediar, facilitar el diálogo, animar al gobierno de Venezuela (e incluso presionarlo) para que no siguiera tomando medidas arbitrarias. El gobierno no cedió un milímetro e incluso cometió la torpeza política de arrestar al alcalde metropolitano de Caracas (Antonio Ledezma)», dijo.
Sobre la visita realizada el pasado viernes a Caracas por el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, y los cancilleres de Colombia, Ecuador y Brasil, dijo que «la torpeza más grande fue excluir a la MUD (plataforma opositora) del diálogo y pensar que las relaciones personales podían sustituir al diálogo político-institucional».
«Vimos a una Unasur desdibujada, sin rumbo claro y, al menos por fuera, concediendo al gobierno mucho más que el beneficio de la duda», subrayó Ciurlizza, quien instó al organismo regional a «salir de su letargo» y a Brasil a «asumir su responsabilidad de poder regional».
Ciurlizza opinó que el caso de Venezuela es una «tormenta perfecta», con «una grave crisis económica, escasez terrible de bienes esenciales, falta de libertades, crispación de la oposición y radicalización de algunos sectores del gobierno».
«Se vuelve cada vez más difícil por lo menos presentar una propuesta de moderación» y la posibilidad de una crisis humanitaria está cada vez más cercana, agregó.
En ese panorama «la única ventana a futuro son las elecciones» legislativas que deben celebrarse este año, para las que aun no hay convocatoria oficial.
Las elecciones «pueden ayudar a descomprimir las fuerzas y probar el balance real entre gobierno y oposición», pero hay «muchos temores», dice el analista peruano.
A su juicio, el gobierno no estará dispuesto a perder el poder súbitamente y cogobernar con un parlamento opositor y tiene que satisfacer a sus aliados para evitar eso, mientras que la oposición teme una campaña desigual y que se repita la frustración de las elecciones pasadas.
«El gobierno tiene por ahora el control férreo de las fuerzas armadas, ahora más sólido por el efecto de las sanciones, pero si es que la violencia es social, si la escasez se torna en caos, entonces difícilmente las lealtades se mantendrán», opinó.
Sobre el papel que Unasur y otros organismos regionales deben desempeñar, Ciurlizza sostuvo que no se trata de «extender certificados de buena conducta», sino de «mediar para evitar que los efectos de la crisis destruyan la ilusión latinoamericana de que, aunque aquí pasan muchas cosas malas, al menos nuestras democracias son más o menos estables».
Preguntado por las situaciones difíciles que viven otros países de América Latina, como Argentina, Brasil o México, señaló que «las tensiones sociales siempre han existido», pero quizás ahora se notan más porque «hay una sociedad civil y una prensa latinoamericana, y, en algunos casos, también unos jueces, más fuertes y demandantes, que ya no se conforman con explicaciones políticas superficiales».
Las tensiones, según Ciurlizza, también vienen de la desaceleración del crecimiento económico y las consiguientes políticas de ajuste. EFE