El Tribunal Supremo confirmó este viernes la condena a 16 años y un mes del excapitán del crucero Costa Concordia, Francesco Schettino, por el naufragio en el que murieron 32 personas en 2012.
El llamado «capitán cobarde», de 56 años, no asistió a la audiencia y se presentó inmediatamente a la cárcel romana de Rebibbia para cumplir su condena.
«Creo en la justicia y las sentencias se respetan», dijo Schettino según su abogado, Saverio Senese, poco antes de entregarse.
El capitán, que ha estado en libertad durante todo el proceso de apelación, cumplió solo una detención domiciliaria de seis meses en 2013, lo que indignó a los familiares de las víctimas.
Uno de los abogados de Schettino, Saverio Senese, anunció a la prensa que estudia la posibilidad de presentar recurso ante la corte europea contra una condena que considera injusta.
«Estamos muy amargados. Es el único que paga por esa tragedia. Es un chivo expiatorio», aseguró.
En 2015, al término del proceso , Schettino confesó entre lágrimas: «Ese 13 de enero de 2012 yo también morí».
El excapitán del crucero de lujo sostiene también que le han «achacado todas las culpas» y que se ha ignorado la responsabilidad de la tripulación y de la compañía de navegación propietaria del crucero. Schettino acusa al poderoso grupo estadounidense Carnival, dueño del Concordia, de haber decidido tan sólo tres días después del naufragio «ofrecer mi cabeza, con la idea de salvaguardar sus intereses económicos».
La compañía fue condenada en abril del 2013 a pagar una multa de un millón de euros al cabo de una negociación durante la cual reconoció su responsabilidad administrativa, con lo que evitó un juicio penal.
El controvertido excomandante, al mando de una embarcación con 4.229 personas a bordo, reconoció que con la arriesgada maniobra quería rendir homenaje, siguiendo una vieja tradición en Italia, a un comandante jubilado que pasaba las vacaciones en la isla y al jefe de los camareros del crucero, que nació allí.
El accidente ocurrió el 13 de enero de 2012, cuando el capitán del crucero de 114.500 toneladas decidió acercarse a la isla italiana de Giglio, en la Toscana, una maniobra arriesgada que provocó el choque del barco contra los arrecifes. «Espero que con el veredicto de hoy se concluya todo esto y que Schettino cumpla su condena», había pedido Alessandra Guarini, abogada de la parte civil.
El barco, que quedó semisumergido, fue enderezado en 2014 en una operación inédita que costó más de 600 millones de euros tras lo cual fue remolcado al puerto de Génova, donde fue desguazado.
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