John Melville, el último protagonista de la conspiración por el Esequibo

Esta la historia de un esequibano que intentó la secesión del territorio en reclamación alentado y financiado desde Venezuela, país que luego lo dejó en la estocada, lo silenció y décadas después lo reivindicó. John Melville acaba de morir

John Melville, el último protagonista de la conspiración por el Esequibo

Aquel hombre de 24 años caminaba a paso rápido por la intrincada selva esequibana. De vez en cuando miraba al cielo, esperando la salvación, ya sea por intercesión divina o por la aparición de alguna aeronave venezolana. Pero era una esperanza falsa, ya sabía que no vendrían.

Atrás dejaba su hogar en llamas y a familiares y amigos muertos en el Rupununi. Llevaba en sus hombros las armas que la Fuerza Armada de Venezuela le había entregado y que dejó abandonadas en territorio brasileño. Mientras caminaba, le asaltaban dudas sobre su futuro.

John Melville era miembro de una familia de empresarios del campo en el sur del Esequibo, territorio que controlaba la recién creada República Cooperativa de Guyana. Era descendiente de Harvey Prideaux Colin Melville un jamaiquino-escocés que llegó a la zona en 1890 interesado principalmente en el oro, por lo que se trasladó al Rupununi, un área de 74.000 kilómetros cuadrados en el sur del Esequibo, que hace frontera con el estado Bolívar y Brasil. Al llegar casi muere de paludismo y fue sanado y adoptado por una familia indígena de la zona, luego se casaría con dos de sus integrantes.

En 1893 Harvey compró 300 cabezas de ganado en Brasil y comenzó un próspero negocio en el Rupununi.

Cuando John –su nieto- nació el 24 de noviembre de 1944, ya el negocio era exitoso. Pero los avatares de la política lo llevaron por senderos impensables.

Política y etnia

En 1966 se concreta la independencia de Guyana del Reino Unido. Fue un año particularmente movido en el terreno político. La política de ese país siempre ha tenido un sesgo racial, divididos entre la población de origen hindú y la de origen africano. Ambos grupos constituían una élite étnica que excluía abiertamente de sus derechos económicos, políticos y sociales a los indígenas que eran más del 90% de la población.

El 7 de diciembre de 1964 se convocan elecciones en Guyana y a pesar de que el gobernante partido PPP de Cheddi Jagan -de orientación comunista- obtuvo la mayoría de los votos, fue el PNC -de izquierda moderada- el partido que a través de una alianza se quedó con el poder y Forbes Burnham fue nombrado primer ministro.

Una presión social amenazaba con desbordarse. Aunque el Reino Unido había establecido como condición previa a la independencia que deberían ser reconocidos los derechos legales de los amerindios sobre sus tierras, esto no fue lo que ocurrió (MacDonald, 2014). El uso de la tierra estaba condicionado, pues las autoridades no otorgaban título de propiedad sino un derecho a uso revocable, para lo que debían pagar un canon de arrendamiento, señala el historiador Guillermo Guzmán Mirabal en un trabajo académico.

Pero además, el primer ministro Burnham tenía una factura que cobrarle a los habitantes y ganaderos mestizos y amerindios del Rupununi: su partido tuvo escaso apoyo en la zona en las elecciones pasadas. La situación era crítica para ellos: temían ser sacados de un momento a otro de sus tierras.

La vía de hecho

En la Casa Amarilla de Caracas, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, estaban convencidos de que luego del Acuerdo de Ginebra de 1966 que reavivó la controversia territorial con Guyana por el Esequibo, se necesitaban vías de hecho para recuperar el territorio.

Tras la firma del Acuerdo de Ginebra una Comisión Mixta binacional estudiaba posibles aproximaciones para la búsqueda de una salida negociada entre Guyana y Venezuela.

En febrero 1968 un memorándum de la Sub Comisión de Expertos venezolanos reveló cuáles eran las verdaderas intenciones de aquel acuerdo: “Nunca pensó la Cancillería que por medios puramente diplomáticos pudiera solucionarse satisfactoriamente el conflicto. La historia enseña que ninguna recuperación territorial se ha logrado por la simple vía diplomática”.

Y explica que entre las intenciones del acuerdo estaban “dar a Venezuela, en caso de incumplimiento o intransigencia de parte de Guyana, elementos justificativos para el eventual recurso de las vías de hecho”.

Añade el memorándum que en vista de la situación de estancamiento de las negociaciones “no puede ya postergarse el momento en el que Estado venezolano adopte la grave decisión de llevar la reclamación a sus últimas consecuencias o dejarla morir”. Y explica que las medidas que deberían tomarse, ya no son solo responsabilidad de la Cancillería, sino que “caen dentro del campo de responsabilidad principal de las Fueras Armadas Venezolanas”.

En 1967 Venezuela elaboró un plan de penetración política que contemplaba cosas como estimular y financiar la creación del Partido Amerindio, para captar voluntades a favor de Venezuela. Se había encomendado esta tarea a Leopoldo Taylhardat, quien formaba parte de la misión diplomática venezolana en Georgetown. En febrero de 1968, la Cancillería, en otro memorándum, informó que ya se empezaba a hablar de una “eventual insurrección” de sus pobladores.

Una comisión de los ganaderos del Rupununi viajó a Caracas y se reunió entre el 31 de octubre y el primero de noviembre de 1968 con funcionarios de la Cancillería venezolana. Manifestaron su disposición a rebelarse ante la autoridad guyanesa, declarar la secesión e incorporar la zona al territorio venezolano, pero señalaron que “aunque tienen la convicción de que es posible lograr una secesión efectiva no podrán mantenerse en forma independiente por largo tiempo ante la irrupción de las Fuerzas Armadas Guyanesas”.

El asunto llegó a Miraflores en noviembre de 1968 y se alertó al presidente Raúl Leoni de la situación. Pocas semanas después estaban previstas las elecciones presidenciales, por lo que Leoni aceptó la recomendación de la Cancillería de que cualquier decisión debería ser aprobada por el mandatario electo.

Mientras tanto, se comenzó a trabajar en un plan de levantamiento de la población de la Guyana Esequiba, que establecía la creación de dos territorios independientes bajo el amparo de Venezuela: la del norte se llamaría Amerindia con capital en Camarang y la del sur, de nombre Rupununi y su capital sería Lethem, refiere Guzmán Mirabal.

Caldera cambió la historia

El 1 de diciembre de 1968 Rafael Caldera, de Copei, obtuvo el triunfo por apenas 20.000 votos sobre Gonzalo Barrios, de Acción Democrática. Era un momento de tensión y en el que estaban a prueba las instituciones, pues significaba la primera vez que el partido blanco entregaba la presidencia a otra tolda política, en medio de conspiraciones de la guerrilla comunista.

El presidente electo fue informado sobre la rebelión que se tramaba en el Esequibo, que era alentada y financiada desde Venezuela.

El canciller Ignacio Iribarren brinda el siguiente testimonio en un memorando: “A fines de diciembre Caldera me informó telefónicamente que se iría a descansar a una playa cercana, pero que antes de dejar Caracas quería comunicarme su preocupación al oír los hechos que había llevado a su conocimiento, así como las circunstancias que los acompañaban. Me pidió lo mantuviera informado del curso de los acontecimientos”.

Sobre la posición de Caldera, en 1970 el entonces canciller señaló: “El Gobierno de Leoni no podía ordenar ninguna acción sin la expresa aceptación de Caldera y este no se manifestó a favor de la acción venezolana”.

A todas estas, ya en Washington conocían las posibilidades de rebelión en el Esequibo y advirtieron a Venezuela que si el caso llegaba a la ONU no le quedaría otra alternativa que apoyar a Guyana.

Rajihv Morillo, internacionalista y estudioso del tema, considera que la posición de Guyana se entiende por la lógica de la guerra fría, pues desestabilizar el Gobierno del moderado Burnham en Guyana podía significar darle una vía expresa al regreso del comunista Jagan.

Comienzan los disparos

John Melville era sargento de las Fuerzas de Defensa de Guyana y esperaba su ascenso al grado de teniente. Trabajaba en Georgetown. Fue a visitar a su familia en Lethem en diciembre de 1968 y allí su padre, Edward, le informó de la conspiración que estaba en marcha y lo insta a actuar en función de los intereses familiares.
Melville era la única persona con preparación militar en el escaso grupo de hombres que se alzarían.

Un grupo de esequibanos, aproximadamente 15 –según el coronel retirado Pompeyo Torrealba, amplio conocedor del tema- habían recibido instrucción militar en Tumeremo, estado Bolívar. Un número insuficiente para la delicada misión. Para los contactos con los rebeldes se designó al capitán del Ejército venezolano Jacobo Yépez Daza.

El 2 de enero de 1969 estalló la rebelión en Lethem (un pequeño pueblo del Rupununi).

Dos días antes los alzados se habían enterado en Tumeremo de la decisión oficial de Venezuela de no participar. Pese al retiro de ese apoyo, no tenían más opción que seguir adelante: el gobierno de Burnham ya les había anunciado que la concesión de las tierras -que trabajaron por décadas y donde tenían miles de cabezas de ganado- había llegado a su fin el 31 de diciembre.

El pequeño grupo de hombres ocupó las dependencias e instalaciones de la zona, incluyendo el aeropuerto. La insurrección que duró tres días: fue sometida de forma brutal.

Algunas fuentes refieren que los soldados guyaneses que llegaron a sofocar el alzamiento contaban entre 60 y 200 hombres y que dejaron a su paso una cantidad de muertos, las viviendas de los rebeldes incendiadas, mataron al ganado y torturaron a los alzados.

Melville escapó y se internó en la selva. Las fuerzas militares venezolanas acudieron a la frontera solo a buscar a unas 200 personas que huían del conflicto y que dividieron en tres grupos. A uno los enviaron a San Ignacio de Yuruani (Gran Sabana), otro grupo fue enviado a San Martín de Turumbán (actual municipio Sifontes del estado Bolívar) y al tercero le asignaron unas viviendas del Banco Obrero en Ciudad Bolívar, relata el coronel Torrealba.

Allí vivió John Melville durante varios años.

Melville era buscado en Guyana, y en Venezuela lo mantuvieron en silencio por décadas. Le advirtieron que si hablaba de la rebelión del Rupununi sería expulsado del país, pues las autoridades venezolanas desmintieron cualquier conexión con el hecho.

En el año 2010 se le entregó cédula como venezolano y su pasaporte, donde se lee lugar de nacimiento: “Essequibo (Venezuela)”. En 2017 en la plaza Bolívar de Tumeremo, estado Bolívar, se efectuó un acto en el que ascendió al grado de primer teniente de la Milicia Nacional Bolivariana.

Hoy en Guyana está en el poder Irfaan Ali, un militante del PPP, organización política que ha dejado de ser radical y ahora es más moderada. Por su parte, la disputa fronteriza sobre la validez del Laudo Arbitral de 1899 –que decidió los actuales límites y que Venezuela considera nulo- escaló de forma tal que actualmente se encuentra siendo sopesada ante la Corte Internacional de Justicia, aunque con el rechazo de Venezuela que no acepta su jurisdicción.

Pero John Melville ya no podrá ver el final de la película sobre el Esequibo. Este 6 de junio falleció de un infarto en Bonfim (Brasil), cerca de Lethem (Esequibo) a la edad de 77 años.

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Del lado opositor son numerosos los aspirantes que dejan ver su interés en este cargo, pero aún no han definido si efectivamente concurrirán a las elecciones del 21-N, tampoco si elegirán por consenso o en primarias a sus candidatos. En el PSUV, la pelea es feroz entre los dos principales bandos que han mostrado sus diferencias: el del actual gobernador Rafael Lacava y el de José Vielma Mora, exgobernador de Táchira