“La desnutrición es clave en el empeoramiento de la crisis de salud”

El infectólogo Julio Castro teme que la interacción entre la desnutrición y las enfermedades infecciosas que circulan en Venezuela tengan como resultado un repunte de la mortalidad. Para el médico, la solución a la crisis de salud pasa por el cambio de las políticas del gobierno que han ignorado los problemas sin proporcionar respuestas oportunas, integrales y eficaces

“La desnutrición es clave en el empeoramiento de la crisis de salud”

La crisis de salud de Venezuela está “in crescendo” y no va a detenerse. Es la sentencia de Julio Castro, infectólogo del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela, que ha liderado los intentos por tener información objetiva sobre el estado de los centros de salud y la incidencia de enfermedades a través de la Encuesta Nacional de Hospitales y el monitoreo de epidemias a través de redes sociales.
Los indicadores que muestran la situación de la salud en Venezuela revelan un problema que, a simple vista, se escapó de las manos de los gobernantes, aunque intenten ocultar cualquier dato que lo demuestre. El país está azotado por las enfermedades infecciosas y no tiene los recursos para resistir. La malaria está desbordada, el sarampión y la difteria reaparecieron, y el dengue, el zika y el chikungunya se convirtieron en endemias; pero las farmacias no cuentan con los medicamentos suficientes para dar respuesta a los pacientes.

–Algunos de los indicadores muestran la reaparición de enfermedades que habían sido erradicadas, como difteria y sarampión, y la intensificación de otras, como la malaria. ¿A qué se debe el repunte de estas enfermedades?

–Cada una de estas enfermedades tiene un mecanismo de transmisión diferente, tiene una forma de producirse diferente y estrategias de control diferentes. No se puede comparar la difteria que es de transmisión aérea de persona a persona con malaria que se transmite a través de vectores. Lo único común a estas enfermedades diversas que afectan al territorio nacional es el gobierno que no hace lo que tiene que hacer. Si no vacunas, empiezas a tener enfermedades prevenibles por vacunas, como difteria o sarampión que están activas en este momento. Lo único que tenían que hacer era vacunar y no vacunaron. Los propios datos oficiales de cobertura, en especial de vacunación contra sarampión, que es un marcador oficial internacional, son muy mediocres. Venezuela pasó de tener 88% de cobertura de vacunación en los años 80 y ahorita estamos rondando 50 o 60%. Eso es muy malo.

–Ni siquiera estamos peleando contra los movimientos antivacunas…

–El principal movimiento antivacunas en Venezuela es el gobierno. El efecto es el mismo. Al aumentar el número de personas susceptibles, basta que entre el agente para que tengas un brote, que es lo que está pasando.

–¿Hay algo particular que haya empeorado la crisis de salud?

–El aumento progresivo de la crisis de salud ya no es lineal, se ha vuelto logarítmico, porque se une a la escasez de alimentos, al problema de acceso al transporte. La capacidad de atención de todas las enfermedades ha mermado y eso hace que más gente se muera y más gente se muera más temprano. La estructura del sistema de salud se está desmoronando. La interacción entre desnutrición y enfermedad infecciosa es peor que cada una por separado. Cuando se juntan es muy terrible y es posible que esa sea la explicación de por qué estás pasando de una fase de aumento lineal de la mortalidad, en particular la infantil y la materna, a una fase logarítmica. Algo peor pasó en los últimos dos años que ahora la curva se va intensificando. Y la desnutrición es un elemento central.

–¿Venezuela es más propensa a que las nuevas epidemias tengan mayor impacto que en otros países?

–La posibilidad de que un virus llegue a Venezuela es la misma que en cualquier otro país, es la misma que en Colombia. Pero una vez que está adentro, la expansión de la epidemia, en términos numéricos, obedece a la densidad vectorial y la nuestra está entre 30% y 60% según el lugar del país en que se mida, cuando en Costa Rica es de 5%, por ejemplo. En el caso de enfermedades respiratorias, como AH1N1 o cualquier variante de influenza, lo que modifica el curso de la enfermedad es la capacidad operativa como gobierno: ¿cuánto informas a la gente, cuánta medicina tienes para darles, cómo están preparados los médicos y cómo están preparados los hospitales?

–El aumento de la mortalidad materno-infantil revelado por el propio Ministerio de Salud pasó por debajo de la mesa. ¿Un empeoramiento como ese no debería activar medidas especiales?

–Cuando la mortalidad materna aumenta 65% en un año ya estás en el ojo de la tormenta. En cualquier país de América Latina, el aumento de tres puntos porcentuales de la mortalidad materna es una alarma que pone a los ministerios a correr, a hacer estrategias, evaluación de caso por caso, anatomía patológica, autopsia de esas mujeres, para tratar de averiguar qué es lo que está pasando. Estos números no los teníamos ni siquiera hace cuarenta años, es la peor crisis de salud de la historia republicana. Estamos mal, pero entendiendo cómo el gobierno está viendo el problema, vamos para peor.

–El ministro de Salud, Luis López, optó por arreglar la infraestructura de los hospitales. ¿Esa era la prioridad del sector?

–Tengo mis dudas de que sea una reestructuración importante. La información que tenemos, sobre todo en el interior del país, es que la calidad de las refacciones es muy mala, hasta ahora no se han entregado. Pero supongamos que sean buenas, aún tienes un problema de recursos humanos, de programas, de medicamentos y de auditoría del sector. Si no se resuelven todos esos problemas, la salud no va a mejorar. Puedes poner los mejores hospitales del mundo, pero si no tienes medicamentos, no tienes distribución, no tienes logística y no tienes financiamiento, no estás haciendo nada.

–¿La nueva exigencia del carnet de la patria para poder acceder a los medicamentos a través del 0800-SaludYA puede ayudar a resolver la crisis?

–Definitivamente no. Eso es un atentado a un derecho humano básico. Eso es un apartheid. Yo no tengo carnet de la patria, mis hijos tampoco. ¿Entonces no me puedo vacunar? Eso está expresamente prohibido por la ley internacional. No solo no va a mejorar, sino que ahora se le da una connotación terriblemente discriminatoria que lo hace peor.

–La opacidad en la información ha llegado a niveles inimaginables. ¿Cómo trabaja un infectólogo, por ejemplo, en esas condiciones?

–Te queda asumir que lo que ves en tu entorno es lo que pasa en el país. Monitoreamos redes sociales, hacemos análisis de big data, tenemos redes nacionales de médicos que nos están informando qué es lo que está pasando y así tratamos de levantar una perspectiva de lo que pasa en Venezuela. El déficit de medicamentos pasó de ser intermitente a ser definitivo. Podemos tener una sensación de la densidad de déficit por regiones del país, y nos encontramos que las ciudades grandes tienen menos déficit que las ciudades pequeñas. También monitorizamos en redes sociales las palabras dengue, chikungunya y zika. Ahorita las tres están quietas, pero ya empiezas a notar que difteria y sarampión empiezan a darte ruido nacional.

–¿La petición de ayuda humanitaria fue olvidada? ¿Debería enfocarse de forma diferente para que el gobierno la acepte?

–Cuando se estaba discutiendo la Ley de Crisis Humanitaria en la Asamblea Nacional, la petición del gobierno para aprobarla fue que se quitara que era “crisis humanitaria”. Y se le quitó el término para tratar de que se beneficiaran los pacientes. En último momento, por razones que no tenemos muy claras, la bancada oficialista decidió votar que no. La presión de los organismos internacionales, como Cáritas o Médicos sin fronteras, no ha funcionado tampoco. A estas alturas no soy nada optimista con ese tema. Algunas organizaciones de pacientes están con una idea -que puede ser interesante- de tratar de sacar la ayuda humanitaria de la agenda política, pero creo que al final todo tiene que tener la venia del gobierno.

–¿La crisis de salud se puede agravar más?

–La situación está mal pero puede ir mucho peor. Que la gente no tenga dónde atenderse, que no haya ni siquiera médicos en los hospitales. La pregunta es si eso es cónsono con un país que tiene un PIB de 8.000 dólares por persona. Eso es inequidad. Tendríamos que tener un sistema de salud comparable al de Colombia.

–¿Qué se puede esperar para 2018?

–Empeoramiento seguro. Las enfermedades no saben cuándo es el 31 de diciembre. No se van a parar para empezar el año que viene con borrón y cuenta nueva. Me preocupa mucho malaria, sarampión y difteria porque son enfermedades de muy difícil control. Lo que más me preocupa es que no veo la intención del Ejecutivo de modificar su ruta de decisiones en el sector salud. Es palpable. Ahora vuelven con la propuesta del 0800-SaludYA, es pura declaratoria. El monitoreo de desnutrición que hace Cáritas es muy claro y va aumentando, no hay ningún elemento para pensar que la crisis se estabilice o que vaya a mejorar. El acceso a los medicamentos será cada vez más difícil.

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