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Maduro va camino de imponerse sin contrapeso opositor

Analistas e historiadores trazan un paralelismo entre la actual situación de Venezuela y los acontecimientos de noviembre de 1952, cuando el dictador Pérez Jiménez impuso un plebiscito para convocar a una Constituyente que designara al presidente de la República. Pero a diferencia de aquel momento, las fuerzas de oposición al madurismo no muestran signos que permitan contrarrestar la estrategia oficialista de sumirlas en la parálisis y en la división

La encrucijada en la que se encuentra Venezuela bajo el régimen chavista de Maduro es entre barbarie y civilización. La salida está dependiendo de una estrategia unificada, que contrarreste las políticas del gobierno de dividir y paralizar a la oposición.

En 1952, la dictadura militar perezjimenizta proscribió a AD, asesinó al líder Leonardo Ruiz Pineda y convocó a elecciones. AD llamó a la abstención y el voto blanco se volcó hacia URD para derrotar al régimen. Hoy la historia nos trae de vuelta esas lecciones.

El mecanismo mediante el cual el gobierno de Nicolás Maduro está usurpando las tarjetas de los partidos políticos democráticos y sus sedes, a través de decisiones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para asignárselos a disidentes de esos partidos, ex militantes o expulsados por diversas razones, son el punto clave de su estrategia para promover la abstención masiva del electorado opositor en las próximas elecciones parlamentarias, que serán programadas desde el Ejecutivo Nacional.

Este aspecto es el más determinante, ya que se alinea con la designación del nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte del TSJ. Este último organismo ha usurpado, por cuarta vez, la función de la Asamblea Nacional (AN), al designar a los rectores del organismo electoral.

El hecho de que quienes han recibido las siglas ad hoc de estos partidos, principalmente de Acción Democrática y Primero Justicia, utilicen para esa usurpación al TSJ, considerado un ente írrito por el legítimo Parlamento, hace que todo aquel votante que pudiera estar de acuerdo con la participación de la oposición en las elecciones, como una instancia de lucha y a pesar de no existir condiciones “ideales”, desista de votar por esas tarjetas o, en último caso, opte por alinearse con la abstención.

Divide y reinarás

De manera que el gobierno de Maduro, con esta última medida, cumple su estrategia de promover al máximo la abstención. Lo hace por ser consciente de que el apoyo al gobierno escasamente podría llegar a 15%.

Una vez cumplida esa tarea, su fórmula siguiente es que la “oposición” participante quede reducida a grupos con poco apoyo popular. Además, estarían divididos en las diversas tarjetas que llevarían: la Mesa Nacional de Diálogo con las organizaciones que allí participan; los disidentes del sector de Luis Parra; y los nuevos AD, PJ, UNT, que tendrían un minúsculo apoyo. Entretanto, Voluntad Popular estaría inhabilitada, al igual que los partidos que apoyan a Juan Guaidó y tienen presencia en la legítima AN.

Las declaraciones de los líderes de los partidos de la opción democrática que se han expresado en la última semana, coinciden en desconocer la nueva elección y caracterizan de “atraco” la usurpación de los partidos políticos, señalando que es una decisión que “no van a acatar”.

Alacranes y ríos

Esa última medida llevó a una posición definitiva de no participar en nuevas elecciones. Así lo ratificó el secretario general de AD, Henry Ramos Allup, con el apoyo de 24 de 25 diputados y casi la totalidad de las seccionales, frente a la convocatoria oficialista:

“No vamos a participar en el fraude electoral que tiene preparado el régimen de Nicolás Maduro, para tratar de simular, ante la opinión internacional, que aquí hay democracia y hay procesos electorales”.

Ni reconocer ni convalidar

Similar postura fue suscrita por Guaidó y la mayoría opositora de Venezuela. Así, el domingo 14 de junio anunciaron que «no convalidaremos ni reconoceremos ninguna farsa electoral montada por la dictadura para su propia conveniencia, ni mucho menos los resultados dados por unos supuestos rectores elegidos a dedo por el dictador, a través de su legión de juristas de horror», señala un comunicado difundido por el Centro de Comunicaciones del líder opositor, en referencia al gobierno de Maduro.

Guaidó

(Photo by Federico PARRA / AFP)

Pero en estos anuncios no se le aclara a la población qué van a hacer los partidos y qué opciones ofrecerán a esta avanzada del chavismo con Maduro. Este ha incrementado la persecución política, las inhabilitaciones, el acorralamiento del sector militar disidente. Adicionalmente, aumentó la gasolina a precios nunca imaginados, en plena pandemia y sin que haya indicios de reactivación del aparato productivo nacional.

Venezolanos bajo dictaduras

No es la primera vez que los venezolanos se ven sometidos a situaciones extremas por la opresión. En este caso, el régimen encabezado por Maduro se caracteriza como autocrático-militarista. Lo encabeza un pretendido partido de izquierda (PSUV), en el que el sector militar forma parte del aparato del Estado y del propio partido.

Leer más: Como si nada la dictadura chavista de Maduro se consolida en Venezuela.

Sesenta años después de haber enfrentado una dictadura, AD vuelve a ser protagonista de una decisión determinante, que puede cambiar la historia futura del país. Esto, dentro de un escenario en el que el gobierno de Maduro se encuentra debilitado, internacionalmente aislado y sancionado, con reducido apoyo interno y pocos aliados internacionales.

Acción Democrática

Hasta el momento, además de “rechazar”, no hay propuestas políticas que neutralicen la estrategia del gobierno de Maduro, que movilicen democráticamente a la población y se traduzcan en acciones que la saquen de la incertidumbre y la parálisis, a la espera de una acción internacional que les devuelva la democracia.

El histórico partido socialdemócrata, AD, al igual que hoy los del 4G, ya no tiene la influencia que tuvo en 1952, ni los líderes y organización que, a pesar de tener que actuar en la clandestinidad, manejaban un aparato organizativo, con sus aliados Copei, URD y hasta el PCV, con quienes, a pesar de las rivalidades y diferencias, lograron ejecuciones exitosas y adoptaron decisiones vitales; algunas veces desacertadas, pero que los llevaron finalmente al desenlace de 1958. Sin embargo, los actuales organizaciones (AD, PJ, UNT y VP) y los grupos aliados son los que poseen la mayor influencia en el voto opositor y el respaldo político, por lo que su rol en esta coyuntura es fundamental.

Las lecciones del 52

Algunos analistas e historiadores trazan un paralelismo, guardando las distancias, entre la situación actual de Venezuela bajo el puño de Maduro y el chavismo y los eventos ocurridos en noviembre de 1952. En aquel momento, el dictador Marcos Pérez Jiménez llamó la elección de una Asamblea Nacional Constituyente que designaría al presidente de la República.

Los comicios se convocaron en medio de una crisis política y económica. Hubo levantamientos militares, dirigentes opositores en el exilio, persecución, torturas y un hecho que conmocionó a los venezolanos, como fue el asesinato del máximo líder de la resistencia y dirigente de AD, Leonardo Ruiz Pineda, el 22 de octubre de 1952, a poco más de un mes del 30 de noviembre, fecha establecida para el proceso electoral.

Los partidos opositores Copei y URD, todavía legales, deciden ir a los comicios, promover las ideas democráticas y denunciar a la junta militar que gobernaba. AD y el PCV estaban proscritos y llamaron a la abstención. A última hora, por debajo de cuerda, el PCV, desde la clandestinidad, mandó a su militancia a votar por URD. AD ordenó oficialmente la abstención a su militancia.

Estrategia del voto

En ese momento escribía Rómulo Betancourt: “El régimen de la usurpación, ansioso de hallarle solución artificial a la grave crisis política que le ha creado a la Nación la cuartelada de noviembre, ha concebido una maniobra encaminada a propiciar su transformación de gobierno de facto en aparente gobierno de origen soberano”. (…) “Nuestra abstención frente al proceso electoral y la inhibición de nuestra militancia a votar por candidato alguno, en el acto de comicios, no deforma la substancial táctica de nuestro partido en el frente de lucha por las libertades públicas”.

Cabe destacar que AD y el PCV operaban en la clandestinidad; y que AD, especialmente, promovía vínculos con factores de las Fuerzas Armadas.

Pese a la gran influencia de AD en la población, la votación del 30 de noviembre fue más participativa de lo esperado. En los días previos a las elecciones se comentaba con fuerza en las calles que AD habría ordenado a su militancia votar por URD, dada la exitosa campaña llevada adelante por Jóvito Villalba.

Un testigo de aquel mitin

Una carta escrita por una persona llamada Roberto Luis, dirigida a otra de apellido Barr, recogida en la Antología de Rómulo Betancourt, describe lo que sentía la gran masa popular en aquellos días de elecciones:

Caracas 27 de noviembre de 1952

Apreciado Barr:

“En el último mitin de la campaña de Unión Republicana Democrática, (URD) (…) Algunos calculan que asistieron unas 30 mil personas. Los oradores fueron Mario Briceño Iragorry y Jóvito Villalba, quienes atacaron fuertemente al gobierno. El momento más impresionante del mitin fue cuando el escritor Mario Briceño Iragorry mencionó el nombre de Leonardo Ruiz Pineda; todo ese público, como una sola persona, se puso de pie y con sentimiento e indignación agitó por varios minutos su pañuelo blanco. En aquel momento quedé completamente convencido que el pueblo caraqueño sabe lo que tiene entre sus manos, conoce lo que es el agua y lo que es la tierra, aunque no sepa leerlas y escribirlas. Creo que el gobierno tiene sus días contados” (…).

Firma: Roberto Luis

Rómulo reflexiona

Los discursos de los destacados líderes políticos generaron un gran entusiasmo en la población y llenaron de optimismo a la ciudadanía. Sobre esos acontecimientos reflexionó Betancourt más tarde en uno de sus escritos:

“Y llegó el 30 de noviembre, día en que celebramos las elecciones. El clima político venezolano para ese momento podría sintetizarse así: decisión de la ciudadanía de convertir ese acto en un plebiscito contra Pérez Jiménez y su gobierno; el frío de la derrota calando hasta los huesos a los escasos partidarios sinceros de las fórmulas totalitarias de Gobierno y a la camarilla de negociantes inescrupulosos arrimadas al poder, y una fisura inocultable entre los dos coroneles situados en los dos puestos tope de la administración” (Venezuela Política y Petróleo).

Rómulo Betancourt. Archivo

Rómulo Betancourt. Archivo

Al final de ese día, dos miembros del Consejo Supremo Electoral filtraron a la prensa los números que favorecían a URD. Esos resultados “no oficiales” dieron a URD la victoria con 1.198.000 votos, frente a 403.000 para Pérez Jiménez, representados en el partido Frente Electoral Independiente (FEI); en tercer lugar se ubicó Copei, con 306.000 sufragios. Pero el resultado fue desconocido.

Se consuma el golpe

Los dos miembros del Consejo Supremo Electoral que filtraron las cifras se asilaron en la embajada de Brasil, al igual que Mario Briceño Iragorry. Jóvito Villalba y la Dirección del movimiento fueron invitados por Laureano Vallenilla Lanz a dialogar al Ministerio del Interior, ante la negativa convalidar y asistir a la instalación de la Constituyente; pero a la salida de la reunión fueron detenidos y enviados a Panamá en un avión. Mientras, Pérez Jiménez aseguraba el golpe de Estado.

Un comunicado de prensa publicado por la Junta Militar indicaba que: “El doctor Jóvito Villalba ha sido invitado a ausentarse temporalmente del país”.

Lucha contra la adversidad

Lo que destacamos de esa jornada es que la campaña que llevaron adelante Copei, liderado por Rafael Caldera, y URD, con Jóvito Villalba al frente, en condiciones totalmente adversas, movilizó a la ciudadanía en función de la búsqueda de la democracia y las libertades.

El partido más arraigado en la población era, sin duda, AD, por las luchas adelantadas desde la década anterior y las jornadas de 1945. A pesar de haber llamado a la abstención, para no convalidar la farsa electoral, y de estar en la clandestinidad, el pueblo adeco se volcó a votar por URD. Los resultados fueron desconocidos y alterados; pero ello fue un punto importante de movilización para los sucesos posteriores, desencadenantes de las luchas sociales que concluyeron con los acontecimientos de enero de 1958.

En diciembre de 1952, Betancourt envió una declaración sobre la jornada del 30 de noviembre:

“La autoelección del coronel Marcos Pérez Jiménez para la Presidencia Provisional de Venezuela es un cuartelazo para burlar el resultado de la elección del 30 de noviembre. La oposición alcanzó abrumadora mayoría. Después de 48 horas de rígido control sobre las comunicaciones, se amañaron y falsificaron los resultados de los comicios, y Pérez Jiménez asumió la dictadura. En su discurso, pronunciado para anunciar su auto designación, la mayor parte del tiempo la dedicó a atacar a Acción Democrática. Este nuevo ataque nos honra. Revela que el partido mayoritario de Venezuela sigue mereciendo el odio del dictador”.

 Votar o no votar

Sin una concurrencia masiva del electorado, Pérez Jiménez no habría tenido necesidad de desconocer los resultados y asumir el golpe de Estado. Antes de pronunciar su discurso tuvo que sustituir a dos ministros descontentos. También debió cambiar a integrantes del Consejo Supremo Electoral y verificar si tenía el apoyo mayoritario de las guarniciones.

Con los resultados alterados, Pérez Jiménez intentó negociar con URD y Copei para que aceptasen una minoritaria representación en la Constituyente. Ambas toldas políticas rechazaro la oferta.

Villalba fue enviado al exilio y la contrainformación manejada por los aparatos de propaganda de la dictadura dejaron correr la idea de que había vendido las elecciones. En esos tiempos, no había redes sociales para difundir campañas sucias con el fin de desprestigiar a dirigentes opositores. Pero el concepto ya existía, y era muy utilizado por las autocracias. Villalba también fue objeto de una campaña según la cual tenía un acuerdo secreto con la camarilla militar.

 

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