Migración

Huyen de Venezuela y del Catatumbo: el drama de los venezolanos desplazados por la violencia

Entre los desplazados por la violencia en el Catatumbo se encuentra un número aún no preciso de inmigrantes venezolanos. El Estímulo logró conversar en el estadio General Santander (Cúcuta) con algunos ellos, quienes ahora sienten que lo pierden todo una vez más

Rosalinda Hernández
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Con miedo, incertidumbre y a la espera de auxilio y protección, miles de hombres, mujeres y niños forman largas filas alrededor del estadio General Santander, en Cúcuta, donde han encontrado cobijo los desplazados por un conflicto armado que deja más de 100 muertos. 

El enfrentamiento entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la subregión del Catatumbo escaló rápidamente hasta desplazar a más de 48.000 personas en los últimos 15 días. Ante esto, el Gobierno de Gustavo Petro declaró el Estado de Conmoción Interior en el Norte de Santander.

No todos han salido. Cerca de 25 mil personas aún se encuentran confinadas en la zona. Así lo registran los últimos datos divulgados por el Puesto de Mando Unificado (PMU) de Catatumbo el pasado 26 de enero.

Catatumbo

La angustia, el temor y la desesperanza se marca en el rostro de quienes escaparon de la violencia y de la muerte. La mayoría teme hablar de lo que sucede. Los hombres son los más reservados en contar lo que vivieron, sin embargo, las mujeres por el contrario narran con detalle la historia que hoy las tiene lejos de casa.

Trabajando en cultivos de coca

Con la cabeza agachada y la mirada perdida en el pavimento,Carmen Soteldo confiesa tener miedo. Hace seis años salió del estado Guárico en Venezuela y, junto a 20 integrantes de su familia, llegó al corregimiento San Martín de Loba, municipio Sardinata, donde vivían hasta que huyó el pasado 23 de enero. Carmen se desempeñaba en esa localidad como cocinera en una finca, mientras sus familiares trabajaban en las labores del campo para “resolverse la vida” y obtener un buen pago. El buen pago provenía de la siembra y cosecha de hojas de coca.

La historia de Carmen se repite. Muchos migrantes venezolanos que cruzan la frontera con Colombia y se adentran a las zonas rurales de Norte de Santander son captados por los grupos armados y tentados a trabajar en la recolección de coca, por los onerosos pagos que ofrecen.

Catatumbo

Más de 100 mil pesos colombianos, ($25 dólares aprox) pueden llegar a cobrar en un día quienes se dedican a este oficio. El monto es mayor que los 47.450 pesos colombianos ($18.98 dólares) que representa el salario mínimo diario en este país.

En un trabajo de investigación publicado por El Espectador, detallan quemás de 15.000 inmigrantes venezolanos sobreviven trabajando como recolectores de hoja de coca, en el municipio de Tibú (zona del conflicto armado) en Norte de Santander.

Aunque confiesa que se siente mal, Carmen asegura que no regresará a su país. “Yo prefiero regresar a la zona del conflicto que a Venezuela. Volveré a mi país el día que saquen a Maduro, ese día todos los venezolanos que estamos afuera regresaremos”, dijo mientras esperaba para ser censada.

«En el Catatumbo nos habíamos levantado»

Hace 10 años Adriana Cuadrados, agarró a sus dos niñas y junto a su papá, migró desde el estado Zulia hasta Colombia. Llegó a la región del Catatumbo en donde se radicaron y con trabajo y esfuerzo asegura que construyó una mejor vida que la que habían dejado en Venezuela.

“Nos vinimos de Venezuela por la situación tan difícil, vendimos lo poco que teníamos allá. Ahora nos tocó abandonar todo y esto se siente terrible. Acabamos de inaugurar un pool, y ya lo perdimos”, relata mientras espera en la fila para ser censada y recibir auxilio humanitario.

Catatumbo Cúcuta

Adriana llegó a Cúcuta, junto a su familia, luego de abordar con otras personas un camión de carga y ser evacuados de la zona de violencia.

“Hemos perdido todo. Se metieron al negocio que había quedado bien surtido y también a la casa. Nos tocó abandonar lo que habíamos logrado con tanto esfuerzo. Los animales que teníamos también los perdimos y ahora siento un doble duelo, el de haber dejado a Venezuela y ahora abandonar el Catatumbo, donde nos habíamos levantado”.

Adriana confesó sentir “mucho terror” de regresar al Catatumbo por la violencia que aún se vive, pero también descartó volver a Venezuela.

“La noche que salimos el miedo fue grande, cerca de la vereda 5 era mucho el estruendo y los disparos, era como si caían bombas, pero a pesar de esto no pienso regresar a Venezuela por el momento, volver para atrás es difícil. Tengo documentos que amparan mi permanencia en Colombia (PPT)”.

Como gran parte de los desplazados, Adriana Cuadros, tiene confianza en que el gobierno de Colombia la apoyará para empezar de nuevo. Piensa en el sufrimiento de sus hijas que para ella “son quienes más sufren”.

“No podíamos sacar nada de ropa porque el carro venía lleno de gente. Salimos con lo que cabía en nuestras manos, esto no se lo deseo a nadie”.

En Cúcuta, al menos 48 hoteles han sido habilitados como refugios para albergar a los miles de desplazados que aún continúan llegando. Decenas de instituciones y organizaciones de ayuda humanitaria locales, nacionales e internacionales han levantado sus carpas y puestos de atención en las inmediaciones del estadio General Santander para atender a quienes huyen de la violencia generada por el conflicto armado.

Sin un mejor futuro

Betty Contreras narró que la salida de La Gabarra, desde la vereda La Guadalupe, no fue nada fácil. “Primero nos refugiamos en una pequeña escuela. De ahí, salimos con un grupo de personas hacia la escuelita de Barrancas, donde permanecimos tres días. Luego, en medio del conflicto, nos reunimos con la familia indígena Barí y estuvimos con ellos un día. Finalmente, salimos en autobús hacia Cúcuta, y aquí estamos buscando ayuda”.

Sin ningún documento migratorio que avale su estadía en Colombia, Betty junto a su esposo, (que se negó a ser entrevistado o fotografiado por temor a represalias de los grupos armados), aguardaban sentados en la gradería del estadio de Cúcuta para ser caracterizados (censados) por las instituciones del gobierno nacional, departamental y local.

“Hasta el momento no hemos recibido ninguna ayuda. Nosotros llegamos a la casa de la madrina de mi niña, pero necesitamos que nos colaboren urgente con un lugar para vivir y alimentos. A Venezuela por ahora no se puede regresar, allá teníamos un terreno y lo vendimos para comprar aquí y ahora lo perdimos todo”.

Betty no esconde su angustia al ver truncada cada uno de los intentos por una vida mejor: “Es terrible porque uno busca un mejor futuro y no lo encuentra”.

El dilema entre quedarse en Cúcuta o regresar a la Gabarra cuando “la situación se calme”, ronda en la cabeza de esta migrante venezolana, mientras recuerda circunstancias de la salida del territorio de violencia: “El miedo a morir nos hizo salir huyendo. Los comentarios de la gente y las noticias aumentaron nuestro temor. Mi familia en Venezuela nos decía todos los días que saliéramos de ahí. Cuando oscurece en La Gabarra uno no sabe qué va a pasar; se oyen detonaciones y no sabemos qué hacer. Tenemos miedo de que lleguen de un momento a otro, nos saquen de la casa o les hagan daño a los niños”.

La venezolana ha experimentado numerosas movilizaciones en su búsqueda de una vida. El 15 de septiembre de 2017, Betty, salió del estado Mérida rumbo a Colombia buscando “un mejor futuro”. Llegó a la población de El Socorro en Norte de Santander en donde ella y su pareja se dedicaron a las labores del campo en fincas de la zona, pero el pago no compensaba sus gastos y de allí, nuevamente migraron al departamento de Antioquia donde llegaron a trabajar como recolectores de café.

Con hijos que mantener, el pago tampoco era suficiente para la manutención del hogar por lo que, nuevamente, decidieron regresar al Norte de Santander, esta vez se radicaron en La Gabarra, en donde ella consiguió trabajo como cocinera en un restaurante y su marido en labores del campo, entre otras, guadañar en los cultivos de la zona. Allí consiguieron mayor estabilidad económica y vivieron tranquilos hasta el pasado 16 de enero.

Atención primaria

La primera línea de ayuda que reciben los desplazados una vez se llega a Cúcuta, es el alojamiento, alimentación, vestuarios, servicios de salud y medicamentos. Los niños tienen una atención especial y acompañamiento que va desde atención psicosocial hasta entretenimiento por parte de organizaciones y cuerpos de seguridad.

En el caso de Yomaira Pernía, por segunda vez en su vida está siendo obligada por una crisis a salir de su casa. La primera vez fue hace seis años, cuando salió de Valera, estado Trujillo, movida por la necesidad económica. El segundo desplazamiento forzado lo está viviendo ahora mismo, “estoy siendo desplazada del municipio de Tibú, de la vereda Miramontes”.

Como todos los venezolanos entrevistados para este reportaje, a Yomaira la invade la angustia, la tristeza y el miedo. “Dejé animales y prácticamente todo, porque solo pudimos traer lo que llevábamos puesto. Nos ofrecieron ayuda en albergues y nos han atendido con implementos de aseo, alimentación y cosas para las niñas. Hasta ahora, seguimos aquí”.

Salió junto a sus dos hijas en una moto conducida por su esposo. Confiesa que a veces piensa regresar a Venezuela, aunque solo lo haría “si la situación se compone y todo se soluciona”. En la comunidad que habitaba Yomaira, la mayoría de habitantes son de nacionalidad venezolana. “Hay muchos venezolanos trabajando en esa zona rural, unos han salido, pero lamentablemente otros se han quedado confinados en la montaña”.

Sin estatus de protección

Yaneth Vargas es de Barinas y hace 5 años llegó a Colombia por la misma razón que el resto de venezolanos: “la situación era muy difícil”.

“Soy madre soltera y con niños. Llegué sin un trabajo estable, así que me tocó trabajar como recicladora y hacer lo que podía. Conocí a una muchacha que me invitó a trabajar en La Gabarra (Catatumbo) como cocinera y así fue que logré un poco de estabilidad”.

Tras la cruenta violencia que se vive en estas zonas de Colombia, Yaneth fue obligada a dejar no solo el trabajo, sino también su casa y los enseres que había logrado adquirir con sacrificio durante años.

“El señor que nos emplea nos dijo que no se hacía responsable y que buscáramos la manera de salir de La Gabarra. Después de muchas vueltas, llegamos ayer en la tarde a Cúcuta. Nos trajeron en un carrito desde Palma Coco hasta aquí. Ahora estoy de brazos cruzados, esperando ayuda porque me quedé sin nada. Me estoy quedando en la casa de la mamá de una amiga, compañera de trabajo.”

Yaneth no posee un estatus migratorio definido en Colombia, nunca se hizo a un Permiso de Protección Temporal (PPT), por lo que hoy enfrenta una doble vulneración.

“Vengo a ver en qué me pueden ayudar. Regresar a Venezuela no es una buena opción ahora, con la situación actual. Me traté de comunicar con mi familia y me dijeron que no, que buscara la manera de quedarme aquí porque la situación allá está peor”.

La madre venezolana, tenía un trabajo y una vida estable en el Catatumbo. Ahora tiene que empezar de nuevo, prácticamente desde cero. “Estoy esperando ayuda y me pregunto qué posibilidades tengo como venezolana. Imagínese, ya estaba desplazada y ahora estoy desplazada de nuevo. Esto me hace sentir insegura. No sé qué pueda pasar. No he escuchado nada sobre ayuda para personas en mi situación”.

Un llamado para canales humanitarios

El defensor de derechos humanos en Cúcuta, Miguel Quintero, hizo un llamado al gobierno de Venezuela para que establezca canales humanitarios “rápidos” que contribuyan a mitigar las necesidades de sus connacionales en medio del desplazamiento por la violencia armada.

“La situación sigue siendo caótica. Continúan llegando personas desplazadas de la región del Catatumbo a la ciudad de Cúcuta y a otras ciudades como Pamplona, Ocaña y Tibú. También seguimos recibiendo migrantes de nuestro país hermano, Venezuela. Estas personas llegaron a trabajar en fincas en el Catatumbo, pero nunca obtuvieron los permisos correspondientes, como el PPT, lo que ha generado dificultades para acceder a algunos servicios, como el de salud”.

El activista explicó que se está tratando de buscar una solución a esta situación en conversaciones con funcionarios de Migración Colombia. Lo ideal es que los migrantes venezolanos que están siendo víctimas del desplazamiento en Norte de Santander reciban la atención adecuada y puedan acceder a los beneficios en salud y otros servicios que ofrece el país. Si desean retornar a su país, queremos facilitarles la posibilidad de llegar a sus ciudades en Venezuela.

Una situación similar se presenta con los colombianos que han tenido que huir de la violencia hacia Venezuela por otras zonas del Catatumbo. “Estamos pidiéndole al gobierno nacional que los connacionales que están en la frontera con el Catatumbo reciban apoyo. Hay 1800 colombianos en el lado venezolano, pero hay colombianos allá que no tienen documentación y tampoco están recibiendo ayudas”.

Quintero espera lograr un puente humanitario que permita el acompañamiento de algún funcionario del gobierno venezolano para priorizar la brecha existente.

Al cierre de este reportaje se conoció por parte del alcalde de Cúcuta, Jorge Acevedo, que ha venido en descenso la llegada de población desplazada desde el Catatumbo, lo que ha disminuido la atención en las instalaciones del estadio General Santander.

«El arribo fuerte de personas desplazadas ya pasó, superando las 22 mil personas en los últimos días. De ellos, 2.800 personas lograron ser alojadas en diferentes hoteles de la ciudad, a quienes se les continuará brindando asistencia humanitaria», dijo el alcalde de Cúcuta.

La caracterización de esta población (censo) se continua realizando en el Centro Tecnológico de Cúcuta, en el barrio Comuneros, en horarios comprendidos entre las 8:30 a.m. hasta las 5:00 p.m.

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