Opinión

Elecciones en Colombia: la histeria en redes sociales que no se siente en la calle

"Ni por el putas voto por Petro" me dice una mujer que celebra el segundo gol del Atlético Nacional. En otra mesa, una trabajadora informal me muestra una cadena de oración por el exguerrillero. En una misma mesa conviven opiniones diferentes, sin que eso signifique un ataque personal

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Colombia
EFE

Escribo estas líneas a un día de las elecciones, elecciones que se han vendido en las redes sociales y en algunos medios de comunicación con el principio del fin, como la llegada del Apocalipsis, como el despertar en el hospital de Rick Grimes en «The Walking Dead». Pero mientras la histeria impera en Internet, afuera, en la calle, la vida es otra.

El pasado miércoles se definió la primera semifinal del torneo de fútbol colombiano. Atlético Nacional, uno de los equipos de mayor hinchada en el país por sus logros internacionales, necesitaba empatar para llegar a la final. Comenzó perdiendo ante Junior, equipo ubicado en una zona en la que Gustavo Petro se ha fortalecido: la costa.

No había tienda que aguantara una mesa más. El concepto de «tienda» en Colombia es fascinante. Un sitio en el que igual una señora en crocks y bata de dormir puede pedir un litro de leche y un queso, una pareja puede comprar «mediecita» de guaro (aguardiente) para ver el juego o dos extraños abrazarse al ritmo de un vallenato entre gaveras de cerveza. Estos lugares son un refugio para los estratos más bajos que no pueden ir a una discoteca donde los precios del licor se inflan hasta tres veces.

Es miércoles y en la tienda de «Caliche» está «La Mona», una mujer de unos 30 años que maneja una volqueta (vehículo de carga). Vestida con su momo verde, en apoyo al «verde de la Montaña», grita el empate de Nacional y después salta entre las mesas cuando su equipo anota el segundo. «Ni por el putas voto por Petro», dice. Más allá está está María, que trabaja vendiendo ropa en un lugar llamado «El hueco», conocido por sus bajos precios e imitaciones de marcas internacionales. En su estado de Whatsapp muestra una oración por Petro. «Para que nada me le pase antes de que sea presidente», me cuenta.

Nacional vence 2-1 a Junior y todos celebran. Chorros de aguardiente saltan de una mesa a la otra. Nadie parece afectado por lo que pueda pasar el domingo. De hecho, si no es porque pregunto, el tema no sale a colación. En una misma mesa hay corrientes diferentes de opinión. No se reprochan. Se gastan bromas, pero hasta allí. ¿Será siendo igual después de los resultados?

Dos días después del juego llegan las famosas 24 horas sin IVA. Aparecen ofertas en todos los comercios. Parece que el Covid hubiera desaparecido Los centros comerciales de Medellín parecen invadidos por zombis que buscan, sobre todo, un televisor a mitad de precio. Televisores por los que verán a su próximo presidente. El tráfico desde el centro de Medellín hasta cualquier esquina se hace insoportable. Una carrera de 10 minutos se convierte en una de 30. Una amiga periodista que vino a cubrir el proceso electoral me dice, en tiempo real, que lo mismo está pasando en Bogotá.

«Y dicen que el país está en crisis», lanza Juan Andrés, mientras estamos «estacionados» en plena avenida Regional. En efecto, el discurso de Petro y de la izquierda, con el apoyo de la élite intelectual de Colombia, apunta a esa idea: que el gobierno de Iván Duque llevó al país a la quiebra. Que la inflación es incontrolable y que será muy dura la reestructuración económica. Los números dicen otra cosa. Colombia, con Panamá y República Dominicana son los tres países con las mejores perspectivas de aumento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2022, según el Banco Mundial.

Pero así ha sido toda la campaña. No solo nos han vendido la idea de una crisis que no existe, sino que la solución a esa crisis presenta dos modelos antagónicos y dos tipos de votantes que estarían dispuestos a caerse a machetazos, como en los tiempos de Rojas Pinilla. Basta salir a la calle, sentarse en una tienda y hablar con las personas para encontrarte con otro paisaje. No importa si votan por Petro o el Ingeniero Rodolfo. Claro, para eso hay que guardar el celular y olvidarse de las redes sociales, al menos por un minuto.

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