Opinión

El sectarismo: enfermedad política contagiosa con daño social

El sectarismo es una forma de antipolítica que, usado en política, es normalmente difícil de admitir en los propios y, más bien, arma arrojadiza como acusación a los contrarios. Ha sido utilizado con el mismo sentido eclesiástico e incluso con mayor rigor, en los socialismos reales, para castigar la disidencia

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Sectarismo es fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología, así lo define el Diccionario de la Academia. Sinónimos de sectarismo son fanatismo, intransigencia, intolerancia y radicalismo.

El término tiene origen religioso, el sectario pertenece a una secta que es un grupo religioso que se aparta de la doctrina que se considera ortodoxa o una comunidad cerrada de carácter espiritual, guiada por un líder que ejerce un poder carismático sobre sus adeptos, pero no se quedó allí.

Borja, que ha estudiado la cuestión, lo refiere en su Enciclopedia de la Política: “Por razones históricas la palabra secta tiene connotaciones de fanatismo e intemperancia…” para cerrar su texto así: “Por extensión y analogía, se llama sectarismo en la vida política a la actitud intransigente y fanática de quienes se creen poseedores de la ‘verdad revelada’ y sectarios a los secuaces intolerantes de una idea o partido”.

El sectarismo es una forma de antipolítica que, usado en política, es normalmente difícil de admitir en los propios y, más bien, arma arrojadiza como acusación a los contrarios. Ha sido utilizado con el mismo sentido eclesiástico e incluso con mayor rigor, en los socialismos reales, para castigar la disidencia.

En su ensayo El izquierdismo, Enfermedad Infantil del Comunismo, lo usa Lenin y Fidel Castro denunciará el sectarismo de “la microfracción”, lo cual refleja uno de los males intrínsecos de esa visión, pues su ejercicio del poder es tan sectario que no conforme con monopolizar la vida pública, pretende monopolizar la totalidad de la vida social.

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Fidel Castro y el dictador peruano Juan Velazco Alvarado. Foto archivo

El fascismo italiano, violento y oportunista como su líder, dice bien Hernández García en su prólogo al libro de Rodríguez Iturbe, es tan sectario que confunde en una sola entidad partido y Estado, excluyendo de toda legitimidad a cualquier expresión diversa.

En el seno del nazismo había sectas ocultistas en sentido religioso y aparecen “sectas” nazis de tanto en tanto en más de un lugar, pero su noción del poder y por derivación, su comportamiento al ejercerlo, es el colmo del sectarismo en su acepción idiomática de fanatismo intransigente. Su convicción de “verdad absoluta” le hizo traspasar todo límite en el desprecio a la vida y la dignidad humana.

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Adolf Hitler. Foto archivo

Los totalitarismos son esencialmente antipolíticos, por eso en ellos el catálogo sectario es tan prolífico. Y así, cuando el sectarismo se manifiesta en la política, máxime en la democrática, es una contradictio in terminis, un contaminante capaz de corromper al tal punto al ecosistema todo que lo hace inhabitable.

¿Hemos visto sectarismo por estos lados?

Desde luego. ¿De qué si no de un sectarismo extremo fue secuela la sangrienta y dolorosa violencia entre Conservadores y Liberales en la vecina y hermana Colombia? Terminó en el régimen del general Rojas Pinilla, hasta 1957. El caso chileno lo cuenta con detalle el recién publicado libro póstumo de un estadista reconocidamente equilibrado como Patricio Aylwin acerca del período 1970-1973 del gobierno de la Unidad Popular que desembocó en la larga y cruenta dictadura pinochetista. Por citar sólo dos casos.

¿Y aquí, en Venezuela? Ramón J. Velásquez habla de los sectarismos y la “infantil guerra a cuchillo” del trienio 1945-48. No fue el primer caso, tampoco el último. Si destaca es por tratarse de un proyecto democrático frustrado cuya “salida” fueron diez años de dictadura militarista.

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El sectarismo reprime cualquier forma de disidencia. Foto Archivo El Estímulo

Que en el último cuarto de siglo, el sectarismo haya sido componente fundamental de la receta de lo que quedará como un fracaso profundamente regresivo en todos los órdenes de la vida nacional, debería servirnos de enseñanza. Que sea contagioso y se alegue que a la acción sectaria responde una reacción sectaria no es justificación, sino motivo adicional de mayor preocupación. Dejar atrás el sectarismo no será un proceso sencillo, pero los costos de mantenerlo o sustituirlo por otro son socialmente mucho mayores.

Lo radicalmente contrario a sectario (fanático, intransigente, exaltado, intolerante) su antónimo, sería objetivo, transigente, sereno, tolerante. El talante que en medio de las diferencias que existen y existirán, hace posible la política y la democracia. 2024 puede ser la oportunidad de empezar.

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