Ajá, ¿y qué fue de la transición que me dijiste?
Hace tanto que nos vienen hablando de "transición" y no hay nada a la vista. ¿La vivimos y no nos damos cuenta o se trata solo de optimismo militante?
Hace tanto que nos vienen hablando de "transición" y no hay nada a la vista. ¿La vivimos y no nos damos cuenta o se trata solo de optimismo militante?

Seguramente lo recordarás sin mayor esfuerzo: antes de las elecciones –mucho antes- se utilizaba el término “transición” para describir el momento por el que pasaba el país. Parecía una cosa de moda, como cuando alguna vez se impuso el “Chávez está técnicamente caído”. Pero se lo tomaban en serio y levantaban un andamio de argumentos muy bien estructurados para apoyar su convencimiento de que estábamos ya en un proceso de cambio.
Incluso llegaron a decir que si no lo percibías era porque así ocurren las transiciones: te das cuenta después. Maginatetú…
Yo nunca lo vi. Pero supongo que estos asuntos también son así, quizás uno se distrae en lo cotidiano, en el esfuerzo inútil de salirle al paso a la inflación, en el “la vaina está jodida, ¿no?” y se te escapan los signos de lo trascendente.
Mira, ahí está, ahí está: estamos en transición y hay que pensar ya en el país que queremos, hagamos un plan, una comisión.
Todavía no lo veo. Y sospecho que tras lo ocurrido desde el 28 de julio, los teóricos de la transición en curso deben estar reorganizando sus datos y tratando de frisar las paredes de sus convicciones.
A menos de que esta coñaza que la estructura de poder político le ha propinado a la democracia y a la vía electoral, formen parte del paso a paso establecido en los modelos de transiciones.
O del modelo nuestro, porque siempre funciona el argumento de “es que el caso Venezuela tiene sus características muy propias que lo hacen diferente”. Que equivale a decir “es que Venezuela tiene sus vainas”, para referirnos sin nombrarlos a la hasta ahora imbatible capacidad de maniobra de aquellos a quienes caracterizamos como los malos y que en esta película siempre ganan aunque pierdan.
Por supuesto que no se pretende aquí restar méritos a quienes han investigado con seriedad sobre este asunto y tras sumergirse en el fondo de esas aguas regresan a la superficie a tratar de hacernos entender cosas. Pero sí hay que cuestionar la ilusión pendeja que se intentó posicionar -y no es la primera vez, en 2015 y 2016 pasó- de que estábamos en pleno proceso de transición y los cambios eran cosa de unos días nomás.
Y no me refiero a las expectativas por las elecciones: ganar una elección sí abre las puertas para el cambio. O debería, pero bueno, ya sabemos que este país tiene sus vainas…
Me refiero a cosas como que, por ejemplo, en 2019 la Asamblea Nacional “en la nube” presidida por Juan Guaidó, invirtió tiempo -y espero que no muchos recursos- en redactar y sancionar un estatuto con 39 artículos que habrían de regir en aquella transición que estaba ahí mismito, ya lista para consolidar el cambio y para la cual nada más debían cumplirse tres pasos: “liberación del régimen autocrático que oprime a Venezuela, conformación de un Gobierno provisional de unidad nacional y celebración de elecciones libres”.
Y pensar que aquello lo aplaudimos como una muestra de que existía plena conciencia del momento histórico, de lo que ya era inminente y de la responsabilidad de estar listos para asumir los retos con el apoyo de un plan normativo.
Porque hay que confesarse: en algún momento todos creímos -más o menos- que sí parecía posible que estuviéramos en una transición. Unos lo adoptaron con tanta fe que se dedicaron a difundir “la palabra”, quizás con la esperanza de que de tanto decirla se hiciera realidad.
Pero no ocurrió. Ni las definiciones más bien políticas de ese documento de la Asamblea, ni las académicas de los investigadores se cumplieron o activaron el proceso.
Incluso los opinadores y analistas que siempre se sienten en la obligación de dar mensajes positivos y esperanzadores a la oposición dejaron de invocar al espíritu de la transición y hoy toda su capacidad de “manifestar” está puesta en el 10 de enero, en el milagroso advenimiento de Edmundo, aferrados a aquello de que la noche es más oscura cuando ya se acerca el amanecer.
¿Se perdió la fe en la transición o seguimos estando en una?
Si desde 2015 -alentados por el triunfo en la Asamblea Nacional- nos están hablando de la transición, habría que entender de una buena vez que hay algo en la ecuación que no estamos ponderando bien. Y no es que no se haya “manifestado” lo suficiente, ni es por Mercurio retrógrado. Es porque, como ya sabes, Venezuela tiene sus vainas… Y entre esas “vainas” no existe el más mínimo interés en transiciones ni cosa que se le parezca.