"Postales de La Guaira": aprender a mirar la esperanza más allá de la pérdida
11 jóvenes de La Guaira exploraron la fotografía desde su identidad para crear "Postales de La Guaira". Cada foto de este proyecto, promovido por Cecodap, fue una forma de contar su historia, la de su entorno, y el canal para reafirmar que el arraigo no se pierde
En La Guaira, hay personas que tienen cosas que decir y mostrar. Entre las miradas más silenciosas, y más curiosas, están las de las juventudes guaireñas. Son miles y miles de niños, niñas y adolescentes que perdieron en menos de tres minutos puntos de referencia, el hábito de años, amistades y familia, pero que han decidido no contarse desde allí, sino desde otro lugar: el de la esperanza. Al menos, ese es el resultado que dejó el taller Postales de La Guaira que organizó Cecodap para 11 jóvenes de este estado y que este 18 de septiembre presentaron.
Son fotos que unidas muestran una historia colectiva, pero cada registro es la experiencia individual de nacer, crecer y desarrollarse con el mar al frente, la montaña detrás y el pensamiento constante de que ese pedacito de tierra no se abandona. Es una afirmación que en cada una de las fotos de esta exposición, palabras más o menos, es visible: «El guaireño siempre se queda».
Grupo que participó en el taller «Postales de La Guaira». Foto: Cecodap.
Postales de La Guaira es resultado de cuatro semanas de trabajo intenso del Programa Expresann. De poner a chamos a pensar en algo distinto luego del 24 de junio. De mostrarles y hablarles con nuevos términos: composición, ángulo, contrastes, colores, velocidad, diafragma. Y de forma inevitable, hacerles regresar al pasado usando cámaras analógicas, de esas que obligan la espera e incentivan la confianza en el momento y el instinto fotográfico.
Hablar de arraigo
—Yo siempre tomo fotos de los paisajes, a los atardeceres. Hubo un atardecer, cuando el cielo se puso naranja después del terremoto, al que yo le tomé una foto. Haciendo esto también sentí nostalgia porque yo tenía una amiga que falleció en el terremoto y a ella le gustaba la fotografía. Pensaba: «Si ella estuviera aquí, le gustaría»—dice Sarah Romero, de 15 años.
Sarah se enteró del taller porque estaba en el programa Escuela Abierta de Fe y Alegría y una persona de la U.E. Simón Bolívar de Caraballeda le habló sobre el curso. Le dijo que era gratis y que estaban buscando más participantes. Le pareció interesante y el flyer lo subió a estados de WhatsApp. De inmediato, dos amigas se sumaron: Antonella Díaz e Isabel Díaz.
Sarah Romero, participante del taller. Foto: María José Dugarte.
Cada foto de la exposición va acompañada de una carta a La Guaira y los guaireños. La de Sarah es la orilla del mar, con los toldos vacíos y la marea calmada. Hay un mensaje escrito a mano: «Aquí pase lo que pase, volveremos a brillar. Los guaireños siempre resolvemos sin importar qué«.
Otra de las fotos muestra el crecimiento de una planta en los cimientos de una tubería que sale de una pared. El registro le pertenece a Kevin Navas de 14 años.
—Se supone que esa planta no debería crecer allí porque no es un jardín, pero igual crece. Yo la hice porque cuando vi, pensé que así somos las personas de La Guaira. Prosperamos a pesar de todo—dice Kevin.
Kevin Navas dice que su cosa favorita de La Guaira es la naturaleza. Foto: María José Dugarte.
Esto también es un proceso familiar
—Yo me siento feliz por mi hija. Orgullosa. Siento que esto es un aire para ella después de haberlo perdido todo—comenta Jhenny Mata, madre de Susej Ibáñez, una participante de 14 años.
Jhenny, quien también es docente, se convirtió en una de las madres acompañantes del grupo. Acompañar a Susej durante el taller le hizo encontrar un nuevo propósito después del colapso colectivo. Como ella, hay otras madres que se involucraron a plenitud en este proceso de formación.
Susej es jugadora de kickingball y la fotografía fue una actividad diferente a sus rutinas. Su foto es la fachada del colegio en el que estudió desde primer grado hasta sexto grado. Ahora le toca volver al mismo lugar porque su liceo se cayó durante el terremoto.
«Yo sentía nervios. No sabía cómo iba a quedar la foto porque era mi primera vez usando una cámara de rollo. Quería saber cómo iban a quedar. Yo quiero seguir participando. Quiero seguir haciendo fotos en La Guaira, que aunque ahorita está derrumbada, sigue teniendo esos recuerdos bonitos: las playas, los ríos y las montañas».
Jhenny Mata, profesora y madre de Susej, dice que a ella también le gustaba hacer fotos cuando tenía la edad de su hija. En el terremoto, perdió una colección de cámaras de rollo que guardaba en su hogar. Le alegra que Susej tenga la oportunidad de experimentar con este tipo de cámaras. Foto: María José Dugarte.
Casi todas concuerdan en algo: «Esto fue una oportunidad para ellos de ver diferente y hacer amigos».
—Mi hija es de poco hablar, de poco integrarse y aquí hizo contacto con otros amigos. Hoy me integré yo y veo que se saludan. Me parece que esto es bonito y llegó en el momento exacto porque una fotografía refleja mucho. Los niños reflejaron y dicen lo que sienten—expresa Pierina Orasma, madre Isabel Díaz.
Josemith Gallegos tiene 13 años. Participó junto con su hermano en el taller. Foto: María José Dugarte.
El trabajo colectivo de querer enseñar
Cecodap tiene varios años integrando jóvenes al Proyecto Expresann, que ha sido reconocido internacionalmente y cuenta con el apoyo de la Unión Europea. Postales de La Guaira fue una forma de promover el sentido de pertenencia y ofrecer la oportunidad, desde un espacio seguro, de que la adolescencia pueda imaginar el futuro posible.
Para lograrlo, contaron con el apoyo del fotógrafo Ernesto Costante, quien es parte de Roberto Mata Taller Fotografía y fue el encargado de guiarlos de forma técnica y les donó cámaras analógicas para el proyecto final. En el proceso, se sumaron otros colaboradores que decidieron documentar su formación y también profesores de la institución.
Vanessa Moreno, coordinadora de comunicaciones de Cecodap, comentó que impulsar la idea pasó por un proceso de reconocimiento del espacio: «Nos dimos de que había gente, y donde hay gente, hay materia para trabajar. Hay ideas, hay opiniones de reconstrucción».
Ernesto Costante durante las clases. Foto: Maickerson CamposCámaras analógicas que sirvieron para hacer el proyecto final. Fotos: Maickerson Campos para Cecodap.
«La exploración pasó por revisar qué significa pertenecer y forjar la identidad personal y colectiva, después pasó por trabajar con las cámaras analógicas. No pudieron ver cómo quedaban las fotos hasta su revelado», dice Indira Rojas, coordinadora de la Agencia PANA de Cecodap.
Cecodap planea continuar con el proyecto Postales de La Guaira en el futuro cercano. También quieren llevar el taller a El Junquito, otra de las zonas afectadas por el doble terremoto, unir las imágenes y crear una exposición más grande y por más tiempo. Esta muestra fue solo de un día. Para lograrlo, están buscando y sumando apoyos, los que ya estaban y cualquiera que venga con la intención de colaborar en hacer visible la memoria de las adolescencias.
Para Antonella Díaz, amiga de Sarah, la vista hacia el hotel es parte de su cotidianidad y algo que no se destruyó con el terremoto. La foto la hizo durante una jornada en el que trabajaba como animadora de un plan vacacional. Foto: María José Dugarte.
Ayudandito es una iniciativa que ha estado gestionando apoyo para las personas afectadas por el terremoto desde los primeros días. Y aunque el volumen de recursos ha disminuido, siguen en La Guaira demostrando el valor de la constancia
En respuesta al impacto económico tras el doblete sísmico que afectó a La Guaira y otras regiones del país, Bancamiga reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible de las comunidades venezolanas, a través de acciones concretas que generan valor social y económico | Contenido de marca
37 niños y niñas que fueron reportados como desaparecidos los primeros días del terremoto fueron hallados con vida, confirmó Cecodap. La ONG indicó que se encuentran con sus padres y familia extendida