Opinión

¿Y si Maduro amanece gobernando el 11E?

En su análisis, Andrés Cañizález se pasea por el día después. Dado el foco puesto sobre el 10 de enero, sobre lo que vaya a ocurrir o no ese día, a su juicio la sociedad debería mirar más allá, y tratar de proyectar qué seguirá en Venezuela si Nicolás Maduro se juramenta y el 11 de enero sigue gobernando el país

Publicidad

El 23 de enero de 1958 es sin duda una fecha icónica en la historia democrática y civilista de Venezuela. Ese día huyó el entonces dictador Marcos Pérez Jiménez. Sin embargo, los acontecimientos políticos sólo pueden tomar como una fecha de referencia una vez que suceden, una transición democrática no puede preverse con una fecha en específico.

La capacidad predictiva del análisis político es bastante limitada y como hemos insistido en otros textos, la ciencia política es fundamentalmente una actividad similar a una autopsia. Sólo puede decir lo que pasó, una vez que pasó.

Si nos colocáramos en las navidades de 1957, en Venezuela, es muy probable que nadie estaba diciendo es que la dictadura va a caer el 23 de enero, ni siquiera se podía predecir que el 1 de enero habría un intento de alzamiento militar que terminó por precipitar el derrumbe del régimen. Los fenómenos sociopolíticos tienen -además- sus características intrínsecas, entonces saber mucho de transiciones a la democracia en otras naciones, no permite predecir qué es lo que va ocurrir en otro país para reencausarse en la senda democrática.

No se trata de ser pesimista u optimista en torno a una dinámica política tan específica como la que estamos viviendo en Venezuela. El liderazgo político prodemocracia, al cual se le debe respeto especialmente por su persistencia ante la ola represiva, tiene su agenda y estrategia y su mensaje. Obviamente en un régimen autoritario es fundamental que la sociedad no pierda la esperanza de que puede llegar el cambio.

chavismo
El presidente Nicolás Maduro fue declarado ganador de las elecciones presidenciales de Venezuela, pero la oposición y los principales vecinos regionales rechazaron de inmediato los resultados oficiales. (Foto de Federico PARRA / AFP)

El poder de las dictaduras está, no sólo en su capacidad de infundir miedo, sino especialmente en hacerle sentir a la mayoría que se le opone que las cosas seguirán como están y que no hay manera de que cambien. Sembrar la desesperanza es una herramienta fundamental para quien quiere conservar el poder autocrático.

Colocados ante la fecha del 10 de enero de 2025, no es posible predecir -con la información que es pública- que ese día Edmundo González Urrutia se va a juramentar como presidente, más allá de que él lo diga de forma insistente. Lo que sí es cierto, y en ello ha insistido María Corina Machado, es que comenzará una nueva etapa en el país.

Con lo que se sabe, en este momento, el escenario más probable es que Nicolás Maduro se juramente el 10 de enero en una Asamblea Nacional que controla ampliamente el chavismo.

No hay señales de que un sector parlamentario del oficialismo vaya a saltar en masa la talanquera, ni tampoco que el poder militar (otro factor clave en el sostenimiento de Maduro en el poder) vaya a hacer algo distinto que seguir resteado con el actual gobernante.

Ni el gobierno saliente de Estados Unidos encabezado por Joe Biden, ni el que comenzará el 20 de enero con Donald Trump, han dado señales de que harán algo distinto con Venezuela de lo que ya se hizo en estos últimos ocho años. Esto obviamente no está escrito en piedra, pero en todo caso no se deben esperar decisiones de envergadura desde Washington en relación con el gobierno de Maduro en los primeros tres meses de la nueva gestión en la Casa Blanca.

Los gobiernos que eran aliados de Maduro y que son de izquierda, como los casos de Gustavo Petro (Colombia) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) se preparan para no reconocer a Maduro como presidente legítimo, dado que ni mostró las actas electorales ni ofreció los resultados electorales detallados, cosas que había prometido según el asesor presidencial brasileño, Celso Amorim.

Decir que no reconocen la legitimidad democrática de Maduro, ya que no puede demostrar que ganó las elecciones del 28J, no significará que Bogotá o Brasilia vayan a cerrar sus embajadas en Caracas. Como lo sintetizó el actual canciller de Brasil, las relaciones diplomáticas ocurren entre Estados, con lo cual se relativiza la condición (democrática o no) que tenga el gobierno del otro país como requisito para los lazos diplomáticos y consulares.

Así las cosas, es difícil prever algo distinto a lo que ya fue señalado previamente. El día 11 de enero el escenario más probable es que Maduro amanezca gobernando desde Miraflores como lo ha hecho ya por 12 años.

Que siga en el poder no significa que no haya ocurrido un cambio político. El 28J marca un antes y un después en la historia democrática y sus efectos en la correlación de poder aún están por verse. Sólo que tal transformación no puede preverse, como tampoco los venezolanos en las navidades de 1957 podían prever que en cuestión de semanas vivirían el amanecer del 23 de enero.

Publicidad
Publicidad