El mensaje sigue allí, colgado como uno de los tantos que sube a diario sin que le importe la verificación del contenido. Podría tratarse hasta de una anécdota, una muy divertida, sino fuera porque quien la protagoniza es un presidente de la república. El pasado 28 de enero, Gustavo Petro usó un video del reality show de la famosa «doctora Polo» para hablar de un supuesto problema de «identidad» de los colombianos.
«Tenemos um problema de identidad. Algunos no se sienten orgullosos de nacer en el país de Garcia Márquez, en el corazón del mundo, en el país de la belleza», escribió Petro sobre un video en el que la presentadora de televisión Ana María Polo González le recrimina a una joven, supuestamente nacida en Colombia, que se comunicara inglés en lugar del español. La escena es hilarante:
Para quienes no lo saben, en «Caso cerrado» las personas actúan. El programa, grabado en Miami para el público latino, trata temas universales, como infidelidades, disputas de herencias y otros problemas domésticos que con el paso del tiempo se han exagerado para atraer más audiencia. La propia conductora lo ha confesado: «‘Caso Cerrado’ es un programa de televisión para entretener. Esos programas eran recreados».
Para comprender la gravedad del asunto, imaginemos a un presidente hablar del consumo de drogas entre la población joven y que se apoye en un sketch De «La Rosa de Guadalupe» para comprobarlo. No se sabe si mensaje de Petro nació con la intención de desviar la atención después de la crisis que generó por atacar en X, a las tres de la madrugada, las políticas migratorias de Donald Trump, lo que llevó a un conflicto sin precedentes en las relaciones entre ambos países que se zanjó, según diferentes fuentes, gracias a la intervención de la némesis de la izquierda que representa Petro: Alvaro Uribe Vélez.
Como fuere, tanto el comentario de Petro sobre el programa «Caso Cerrado» como la ligereza con la que maneja las redes sociales para abordar temas complejos sirven de contexto para explicar el show en el que se convirtió el primer consejo de ministros, transmitido en vivo, y del que horas después ya había consecuencias: la renuncia del director del Departamento Administrativo de Presidencia (Dapre), Jorge Rojas, quien apenas llevaba siete días en el cargo. Le siguió después el ministro de cultura, Juan David Correa. Y seguramente, mientras usted lee estas líneas, otros nombres continuarán la racha.
Transmitir el consejo en directo, encadenando la televisión pública y privada, y añadiendo las redes sociales, se hizo, según Petro, copiando el modelo cubano para que «el país tuviera respuestas» sobre las razones por las que la mayoría de promesas que llevaron a la izquierda a gobernar en Colombia no se han cumplido. Desde este punto de partida, era obvio que el resultado no sería muy halagador si pensamos en el hambre, los cortes de luz y las detenciones a opositores que se han agravado en la isla
Precisamente, como si estuviera contagiado por el espíritu de «Caso Cerrado», el consejo de ministros se convirtió en un concurso de popularidad en el que Armando Benedetti, flamante nuevo jefe de despacho de la Presidencia y sentado a la izquierda de Petro, recibía andanadas de críticas de los demás «concursantes» por «no representar» al gobierno «progresista». Algo parecido sucedió con Laura Sarabia, nueva canciller. Era la «Casa de los famosos», pero con petristas.
Se sabía que el regreso de Benedetti -acusado de violencia familiar- y Sarabia -inmersa en varias investigaciones y situaciones polémicas- a lo más cercano del poder generaría rechazo. “Le digo a usted de frente las cosas que no me parecen y las cosas que comparto en este Gobierno.Y no me parecen las actitudes de Laura Sarabia con nosotros y conmigo porque he tenido que pedirle respeto.Yo soy la vicepresidenta y no me parece ni comparto la decisión de tener acá a Armando Benedetti”, afirmó nada más ni menos que la vicepresidenta y ministra de la Igualdad, Francia Márquez.
Le siguió la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, que se ufana de llevar 20 años apoyando a Petro: «Presidente, como feminista y como mujer, yo no me puedo sentar en esta mesa con Armando Benedetti. Y yo no soy la que va a renunciar. Es algo que debo decirlo y expresarlo”, Y remató el director del Departamento de Prosperidad Social (DPS), Gustavo Bolívar, al afirmar que se “solidarizaba” con sus “compañeras” Muhamad y Márquez. Cuando Petro le preguntó a qué se refería, respondió: “Solidarizarme con mis compañeras en el sentido de que tanto Laura como Benedetti,a pesar de que han sido importantes en este proyecto, deberían ocupar otros cargos menos importantes”.
«Presidente, como feminista y como mujer, yo no me puedo sentar en esta mesa con Armando Benedetti»
El presidente de Colombia intentó de todas las formas defender a Benedetti, que guardó silencio durante el encuentro, algo que no debió ser fácil debido a su ego, y también a Sarabia. Petro habló de la «fidelidad» al proyecto, de «segundas oportunidades» y en última instancia, como lo ha hecho este miércoles, de su derecho a nombrar a quienes considere aptos para los cargos que los dos personajes cuestionados encabezan. Al final, selló la cosa diciendo que no se iba a dejar «acorralar», una vieja estrategia de victimismo.
Para cualquiera que haya estudiado comunicación social, que sepa de manejos de asuntos políticos y por simple prevención natural, sorprende que el mandatario no discutiera previamente con su equipo de ministros las decisiones tomadas, de manera de tranquilizar las aguas antes de que se prendieran las cámaras. Los trapos sucios, se sabe, siempre se restriegan en casa.
Era evidente que Petro quería que la conversación girase en torno a por qué no se le ha podido responder al país en materias básicas como salud (nunca antes los ciudadanos colombianos se habían visto tan afectados en este sentido) e inseguridad, con lo ocurrido en Catatumbo como mayor preocupación, lo que ha llevado al Gobierno a repensar su cacareada política de Paz Total. Sin embargo, lo que consiguió el líder de izquierda fue mostrar en vivo y directo las fisuras y contradicciones que obviamente, por antonomasia, se traducen en ineficiencia.
Desde que inició su periodo hasta ahora, con apenas un año y medio por delante, es muy poco lo que Petro puede presentar en materia de resultados que den pie a la esperanza y por ende, a un segundo mandato de izquierda. Su mayor preocupación sigue siendo su imagen, por eso responde a cada encuesta que publican los medios privados, calificándola de manipulada. De hecho en plena pelea con Trump publicó un mensaje en el que equiparaba la popularidad de ambos mandatarios.
Este miércoles, haciendo revisión de daños tras la pelea de egos (o de ministros), Petro volvió a X para justificar la catastrófica transmisión:
Hay que leer entre líneas para comprender cómo piensa el líder izquierdista y adivinar lo que viene en lo que resta de su gobierno. Se refirió a «los que quieran hacer campaña salen» (presidencial, imaginamos) y acusó, sin querer queriendo, a varios de los presentes de «dobles agendas». Nada nuevo. Así van pasando los días, los meses y los años, con un presidente que fue elegido para construir un camino que empoderara a los marginados y potenciara lo que funcionaba. No ha podido ser. De hecho, con estas últimas acciones, repite el axioma de la vieja política que prometía combatir, ese que dice que si no estás conmigo estás contra mí.