Las elecciones del 25 de mayo se encaminan, tal vez, a ser de las más deslucidas en la historia electoral del siglo XXI en Venezuela, período que ha coincidido con el ejercicio del poder por parte del chavismo. El domingo 11 de mayo, en coincidencia con el día de la madre, se hizo un simulacro según la vocería oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE) del cual sólo se supo justamente porque hubo un anuncio oficial diciendo que había sido un éxito.
Sin expectativas de que se voltee la tortilla en la correlación de poder, con una presencia opositora que posiblemente termine siendo parte de una comparsa y con una población francamente apática ante la convocatoria a participar en las elecciones regionales y parlamentarias, el 25 de mayo tal vez se termine hablando al final del día sobre la irrelevancia de esos comicios.
A pesar de la represión postelectoral de 2024, que dejó más de 1,600 presos políticos y una sociedad civil debilitada, la oposición liderada por María Corina Machado y con la candidatura presidencial de Edmundo González Urrutia se conectó el 28J con el deseo de cambio. Esta esperanza de que habrá una reconstrucción democrática de Venezuela sigue palpitando entre los venezolanos, y es de tal magnitud, que hasta la difusión de encuestas que reflejen este estado de ánimo colectivo pasaron a estar censuradas.
Algo más del 83% de actas electorales del 28J, recopiladas de forma ardua por los actores de oposición y verificadas por observadores internacionales independientes, demostraron que la mayoría de los venezolanos rechazan la permanencia del chavismo en el poder.
Eso no ha cambiado y esa valoración que tiene la población no encontrará cómo manifestarse en las urnas el 25 de mayo. El 28J el poder que busca perpetuarse en Venezuela no sólo desconoció la voluntad de cambio de una amplia mayoría, sino que también humilló el sueño de que a través del voto podría encausarse al país por una senda democrática. Este quiebre en el alma colectiva del venezolano no ha pasado la página.
A esto que podríamos denominar como la herida social del 28J, se suman además una sarta de irregularidades en el proceso de este 2025, las cuales no han sido denunciadas por los factores de oposición que sí participarán el 25M.
Si en 2024, el poder que ejerce Nicolás Maduro demostró un control férreo sobre las instituciones, incluyendo el CNE, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y las fuerzas armadas. En este 2025, la opacidad en el proceso electoral es más que evidente: el CNE no ha publicado un cronograma detallado en la Gaceta Oficial, la página web del organismo permanece inactiva tras un supuesto «hackeo», y las circunscripciones electorales, especialmente la de la Guayana Esequiba, no están claramente definidas. Estas irregularidades, denunciadas por expertos como Griselda Colina, exrectora suplente del CNE, reflejan una falta de garantías democráticas.
A esto se suman estrategias ya usadas por el chavismo en el pasado tales como cambiar las fechas de las elecciones a su conveniencia o la implantación de decisiones que generen fisuras o francamente fracturas en el campo opositor.
Las elecciones de 2025, convocadas anticipadamente (antes del vencimiento de los mandatos parlamentarios y regionales), parecen diseñadas para aprovechar la desmovilización opositora y la división interna, como lo evidencia la crisis que envolvió de manera significativa a Primero Justicia, cuya directiva llamó a no participar siguiendo la línea de MCM, mientras que factores de peso en el partido como Henrique Capriles o Tomás Guanipa son candidatos a diputados.
Esta fragmentación, incentivada por estrategias de cooptación chavista, debilita la capacidad de la oposición para desafiar a quienes de facto ejercen el poder y el control institucional en Venezuela.
Finalmente, la baja participación que se proyecta para el 25M, resulta más simbólica si se le compara con la gran movilización y entusiasmo que estuvo en torno al 28J. Para muchos venezolanos, las elecciones de este 2025 son una suerte de “coreografía electoral”, un espectáculo diseñado para legitimar al chavismo sin alterar el statu quo. Bajo todas estas condiciones no son precisamente relevantes estas elecciones.