Hablar del día del periodista en Venezuela, este 27 de junio de 2025, es en verdad un homenaje a esta práctica profesional en tiempos de adversidad. Esta efeméride, instaurada en 1965, celebra la publicación de la primera edición del Correo del Orinoco en 1818, fundado por Simón Bolívar como un instrumento de lucha por la independencia. Eran otros tiempos sin duda.
La elección del 27 de junio como fecha conmemorativa, propuesta por el periodista Guillermo García Ponce en 1964, marcó un cambio simbólico: de celebrar el 24 de octubre, en honor a la Gaceta de Caracas (un periódico al servicio de la corona española), a reivindicar un periodismo comprometido con la libertad y la soberanía. Esta decisión, formalizada en la Ley de Ejercicio del Periodismo de 1972 y ratificada en 1994, refleja el anhelo de un periodismo ético y comprometido con la causa nacional.
El periodismo venezolano históricamente ha sido un baluarte de la democracia, desde las luchas gremiales de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) hasta la creación del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) en 1976. Estas instituciones han defendido la libertad de expresión y el derecho a la información, consagrados en los artículos 57 y 58 de la Constitución de 1999. Sin embargo, este legado se encuentra hoy bajo seria amenaza, en un entorno donde el periodismo enfrenta restricciones crecientes y la sociedad está cada vez más limitada (e incluso temerosa) de informarse.
El ejercicio del periodismo en Venezuela es sencillamente una labor marcada por la adversidad. Desde finales del siglo XX, pero con mayor intensidad en el primer cuarto de siglo del siglo XXI, los periodistas venezolanos han enfrentado un entorno de censura, persecución y criminalización.
Según datos de organizaciones como Reporteros Sin Fronteras o el Índice Chapultepec, Venezuela ocupa uno de los últimos lugares en los índices globales de libertad de prensa, superado solo por naciones como Cuba y Nicaragua, en años más recientes, en la región.
De esta forma, el Día del Periodista, en la Venezuela actual, lejos de ser una celebración, se ha convertido en una jornada de reflexión y resistencia.
Ha comenzado a visibilizarse con más énfasis el impacto de la diáspora venezolana en el periodismo. Unos nueve millones de venezolanos han emigrado desde 2015, y entre ellos se encuentran numerosos periodistas que continúan informando sobre su país desde el exilio. Profesionales como Jefferson Díaz, en Ecuador y ahora en Estados Unidos, o los fundadores de Armando.Info, como Joseph Poliszuk, han creado proyectos periodísticos independientes que desafían las narrativas oficiales y mantienen viva la cobertura de temas sensibles, como la corrupción gubernamental.
Este “periodismo en el exilio” es una muestra de la resiliencia de la profesión, pero también un recordatorio de las condiciones adversas que han forzado a muchos a abandonar el país.
En medio de un contexto adverso qué hacer. Es una pregunta frecuente en conversaciones o foros con estudiantes y jóvenes profesionales. El periodismo venezolano debe aferrarse a su compromiso ético, especialmente en un contexto donde la desinformación y las “fake news” proliferan. Es tiempo de ejercer con responsabilidad y ello demanda integridad y rigor.
En Venezuela, donde los medios independientes enfrentan cierres y restricciones políticas y también económicas, los periodistas han tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías y plataformas digitales para seguir informando. Sin embargo, esta transición no está exenta de riesgos: las redes sociales, aunque democratizan la comunicación, también son un terreno fértil para la manipulación y las noticias falsas.
En el día del periodista nos toca conmemorar más que celebrar. Conmemorar la lucha de quienes han defendido la libertad de expresión a lo largo de la historia de Venezuela.